Helloween

Helloween
1985. Noise Records

La segunda edición de “Walls Of Jericho” incluyendo en el primer EP de Helloween, fue un poco de dulce a agraz para aquel debut discográfico. Favorable, porque así todo el mundo tuvo la oportunidad de conocer sin mayores problemas los primeros oscuros temas grabados por Kai Hansen, Michael Weikath, Markus Grosskopf e Ingo Schwichtenberg a principios del ’85 en el Musiclab Studio de Berlín, Alemania Occidental, pero desfavorable también, ya que nunca más se vería a este mini álbum homónimo como un trabajo con personalidad propia, sino casi como un anexo, quitándole su aura de culto. Sin embargo, es por este “combo 2x1” que hoy en día se puede hablar de “Helloween” sin buscar en el baúl los objetos perdidos. Y el regalo es fantástico.

Tanto “Helloween” como “Walls Of Jericho” reunieron en parte las mejores notas e ideas de los años cuando el grupo se llamaba Second Hell y después Iron Fist, pero hay algo en el primero que lo hace especial, la intensidad, la poca vergüenza o la crudeza quizás, pero sobretodo, la sorprendente categoría de cada una de sus brillantes pistas, que hoy en día incluso le vale a varios para comentar que acá se encuentran algunas de las mejores piezas de la legendaria banda.

El sonido a banda insolente pero ambiciosa es penetrante, con Kai Hansen gritando sin respeto pero en temas de una técnica y resistencia pocas veces vista en un conjunto tan joven, mezclando algo que parecía en este entonces ser una contradicción: la melodía con la velocidad constante. Cierto, se decía que el Helloween de esta época tendía al Speed Metal y en más de alguna ocasión se le compararía rápida y extrañamente con Metallica. ‘Qué estaba pasando aquí’ se preguntaron muchos y las calificaciones se tornaron complejas, por no decir equívocas, pero muy del mismo comienzo con ‘Starlight’, el cuarteto germano mostraba sus ganas de traer algo original, partiendo con esa pizca de humor de la intro (‘Happy Happy Halloween’ sonando en la radio). Está bien, el riff principal de esta canción tiene una clara reminiscencia a Judas Priest o Accept, pero Markus Grosskopf estrena acá muy temprano su estilo inconfundible para tocar el bajo, elemento fundamental dentro del sonido del Helloween de casi todas las eras, con sus marcadas notas guiando las guitarras, las bases y las líneas.

No obstante, ‘Murderer’ es el instante definitorio para Helloween en lo que se refiere a la música, una ruda versión prototipo de todo lo que haría trascendente al grupo alemán y a Kai Hansen en el futuro inmediato: velocidad, melodía, gancho, explosión imparable, presentando objetivo original de la banda a través de una de sus creaciones más tempranas, la idea de hacer transformar un metal melódico en un deporte de fuerza y resistencia. Evidente, le falta la magia que más tarde traerían los temas veloces y de coros mayores de los “Keeper Of The Seven Keys”, pero el doble bombo de Ingo y las paralelas de Hansen y Weikath ya se definían dentro de los surcos de esta pista.

La fórmula era cosa de otro mundo y el mismo ingeniero, Harris Johns, se declaró incompetente para crear el sonido que quería con los equipos que en ese tiempo disponía la banda de Hamburgo, si por algo se ganó el apodo de “I Don’t Know” en los créditos... demasiado nuevo el estilo tal vez y demasiado precario aún el intento. Y ahí está la gracia de “Helloween”, su crudeza inevitable, su melodía transgresora y su fuerza llena de ansiedad juvenil. A pesar de todo, la producción es bastante más clara que la de “Walls Of Jericho” y quizás también sea por una razón muy simple, porque este EP, a diferencia de su sucesor, no tiene que lidiar con la inclusión de teclados, emuladores ni efectos varios, los que sólo después se harían presentes y dominantes en este estilo en rampantes vías de desarrollo.

En ‘Warrior’, Hansen regresa a un Heavy Metal mucho más tradicional y con menores revisiones, una galopa marcial para los leads y los versos con Iron Maiden circa “The Number Of The Beast”/”Piece Of Mind” como principal influencia inmediata, en especial de los temas más o “menos conocidos” de ese último disco, agarrando vuelo y ritmo tras su sencillo pero memorable coro... una composición muy conservadora y enraizada en sus referencias, pero ingenuamente genial.  

En cuanto a la cuarta pista de “Helloween”, ‘Victim Of Fate’ continúa siendo hasta ahora una de las más espectaculares en la historia de la calabaza, clásico de clásicos del Power Metal, absolutamente merecedora de toda la adoración de la que es culto, oscura, épica, extensa, atmosférica a ratos, demoníaca y desenfrenada en otros, apretada en su batería y guitarras armonizadas en octavas, simple pero impresionante, de una potencia monumental y e incólume al paso del tiempo. Todavía no me puedo creer que el 2003 en la Batuta haya tenido la oportunidad de ver Gamma Ray interpretándola con un poderío tan fresco e impactante. Quienes se lo perdieron, quizás la versión en vivo de “Skeletons In The Closet” pueda entregar alguna noción de cómo fue ese momento único. ¿Quién tuvo la horrorosa idea de regrabar ‘Victim Of Fate’ con Michael Kiske en las voces?

Por último ‘Cry For Freedom’ con la histórica y determinante dupla Hansen/Weikath en la composición, trae consigo otra definición de principios para Helloween, esa en que la melodía sería una de las principales herramientas para alcanzar niveles épicos, sin por ello desacelerar en la velocidad. La búsqueda incluso desde esos días era dar con un nuevo enfoque para la majestuosidad, lo que se logró de una manera tal que así se fundó un nuevo subgénero metalero.

Canciones como ‘Future World’, ‘Dr. Stein’ y ‘I Want Out’ aún se veían lejanas en 1985 en plena concepción de “Helloween”, pero este EP guarda la fuerza más cruda de la calabaza y su hambre más voraz, además de contener cinco tracks de notable antología, los justos para enseñar que una nueva amenaza tendría que considerarse a futuro. Así no sólo se presentaba la vanguardia de la tercera generación del metal alemán, también se daba forma lo que a la postre sería el último gran fenómeno de la escena europea continental de los ochenta, pilar fundamental del Power Metal en la década siguiente. Hansen y Weikath haciendo historia, pero también enormes canciones desde el mismo comienzo. 

Jorge Ciudad
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