Appetite For Destruction: Locked N' Loaded

Appetite For Destruction: Locked N' Loaded

2018. Universal

Cuando Guns N' Roses labraba su historia en la escena de Los Angeles a punta de canciones que buscaban exacerbar la vieja ética del rock & roll, el quinteto supo capitalizar su inspiración profunda. Producto de ello dio con uno de los debuts discográficos más elogiados de la historia del rock: “Appetite for Destruction”, disco con el que la banda se abrió paso en la alicaída movida dominada por el hair metal y mediante el cual capturó las miradas de la crítica. El grupo, por esos años pendenciero por naturaleza, quedaba así como el mejor parado para enfrentarse mano a mano con la naciente ola de Seattle.

Con material sin ver la luz y seguidores ansiosos por que la reunión entre Axl, Slash y Duff McKagan arroje un nuevo disco, era el momento de refrescar el catálogo. Así aparece “Appetite For Destruction: Locked N' Loaded”, recopilación de material que ofrece versiones previas a las canciones de la primera época de la banda, más algunas rarezas de los años 86-87, anzuelo infalible para los fans.

El disco incluye el original remasterizado, junto a las canciones que comprenden el "G N' R Lies" (menos ‘One in a Million’ -descartado por su contenido racista y homofóbico). Pero lo sabroso está en las grabaciones inéditas de la llamada Sound City Session de1986 y algunos registros en vivo. Con Axl escupiendo fuego y Slash reviviendo los viejos licks bluseros, pero ahora llenos de esteroides, la banda enseña cómo fueron evolucionando los cortes del "Appetite...", donde, por ejemplo, ‘Welcome to the Jungle’ contaba con un tempo más pausado y menos acalorado. Asimismo, ‘Nightrain’ desembocaba en un intermedio sin definir del todo y en un final frío, lejano al término que todos conocemos, con ese interminable solo de guitarra que se pierde en un fade out. O ‘Paradise City’ que no contaba con los acordes limpios al inicio, pero que era pura destrucción desde su génesis. Cuesta pensar en los motivos que llevaron a dejar ‘Shadow of Your Love’ (con tres versiones acá) fuera del debut: es una canción totalmente terminada y corajuda que debió haber sido parte de algún disco.

El gusto por los covers de Gun N' Roses se decantó temprano. ‘Whole Lotta Rosie’ de AC/DC -que hoy sigue siendo parte del repertorio en la extensa gira Not in This Lifetime- ya estaba ardiendo en 1987, lo mismo que ‘Knockin' on Heaven's Door’ de Bob Dylan, la que por esos años se encontraba muy cerca de cómo apareció en “Use Your Illusion II”. La admiración por los Rolling Stones también se registra con dos versiones de ‘Jumpin’ Jack Flash’, una eléctrica y otra acústica.

La segunda mitad de los ochenta fueron sus años dorados. Tanto así que el material registrado por ese entonces dejó composiciones que luego acabaron en discos posteriores, como ‘Back Off Bitch’ y ‘November Rain’. Esta última cuenta con dos versiones, una en piano y otra en guitarra acústica, ambas alejadas de las majestuosidades finales. Más allá de tener otra letra y unos coros desafiando el tono, cinco años antes de su publicación el track estaba cerca de su edición final. Pero Axl la dejó reposando el tiempo suficiente para que se transformara en una obra magnánima.

‘Is Not Goin 'Down’ es un instrumental con fórmula de rock & roll en clave AC/DC que quedó a la espera de una melodía; ‘The Plague’ es un corte oreja que no alcanza el minuto de duración con Rose otra vez despuntando y ‘New York Tune’ es otro instrumental, ahora en formato acústico, que termina con los músicos diciendo: "Deberíamos trabajar en eso". Un pequeño regalo de intimidad. Los registros expuestos muestran cómo los clásicos de “la banda más peligrosa del mundo” fueron evolucionando hasta lo que son hoy. No solo un regalo para los fans: un material histórico del género. Imperdible.

Juan Pablo Andrews

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