The Good, The Bad & The Queen

The Good, The Bad & The Queen
2007. EMI

Curioso personaje Damon Albarn. Comandó una de las agrupaciones más interesantes de los noventas, Blur, pero llegado el momento, comenzó a buscar otros caminos tan lejanos entre si mismos como impensados. Música africana, electro-pop, y ahora esta muestra de introspección sonora junto a The Good, the Bad & the Queen, una banda que cuenta con la nada de despreciable participación de Paul Simonon en bajo (ex The Clash), Simon Tong en guitarra (ex The Verve) y Tony Allen en batería. Mega banda.

Albarn es un tipo exitoso. En todas sus formas y/o fórmulas. Pero también es desconcertante. Porque siempre queda la duda de cual es su verdadera intención. Con todo lo admirable que me parece su carrera con Blur, en The Good, the Bad & the Queen percibo cierta intención de revalidarse como rockero serio, tras su paso por Gorillaz. De seguro que esta música es honesta, inteligente, y muy poco comercial, tres calificativos que estaban a kilómetros de distancia de las famosas caricaturas “gorillezcas”. Y ahí es donde se produce la confusión.

Para quienes siguieron las carreras de The Clash o de Blur, ambas bandas ponían sus ojos sobre la sociedad inglesa a la hora de buscar temáticas inspiradoras. Y, partiendo por el nombre, este supergrupo no es la excepción. Por eso, el LP cae tan bien en Inglaterra. Para nosotros, se siente un poco lejano quizás. Si bien es cierto, grandes obras maestras como “London Calling” o “Parklife” iban en la misma dirección, en los dos casos trascendió mundialmente en buena parte gracias al contexto histórico que rodeó aquellos lanzamientos. Ahora, no estoy tan seguro que sea “lo que se estaba necesitando”. En el caso personal de Albarn, sí era lo que el necesitaba.

En cuanto a lo musical, ahí podemos sentirnos mucho más involucrados que en lo lírico. ‘History Song’ es algo así como el Radiohead de “Hail to the Thief”. Es una oscura pieza, con una melodía tan simple como efectiva. El bajo de Simonon sobresale con su grosor, en un mar de guitarras acústicas y órganos que recurren a diversos sonidos sicodélicos. Una tónica de todo el álbum.

Así como los colores audibles se presentan en el primer track, el estado anímico se hace sentir en el segundo. ‘80’s Life’ habla del pesimismo sobre la situación actual, de cómo todo lo bueno que pareció asomar en Inglaterra a mediados de los noventas (lo cual asomaba en cada nota tocada en “Parklife”, se fue al carajo y se vuelve a los malos tiempos, con guerras e incertidumbre incluidas. Los sueños que no se cumplieron, las mentiras que les dijeron. De eso se trata “The Good…”.

‘Northern Whale’ recrea sonidos más ambientales, “marítimos”; ‘Kingdom of Doom’ suena como el Londres de mediados de los sesentas (frases como “I see everything in black and white” ayuda a ello), aunque más decadente, “tomando todo el día, porque el país está en guerra”; ‘Herculean’ tiene cosas más electrónicas, y si bien calza con los sonidos del resto del disco, es un desperdicio para los músicos con los que se cuenta; ‘Behind the Sun’ es demasiado melancólica, pero tiene un ritmo curioso que la hace entretenida.

A medida que avanzan los temas, digamos que se va perdiendo sorpresa, y roza en lo aburrido. La atmósfera en ‘The Bunting Song’ es bastante similar a la de ‘History Song’, y califica también como una gran canción. Cuando llego a ‘Nature Springs’, ya no me quedan dudas que a The Good… se le fue la mano, demasiado indie, pero muy poca sangre. No hay un intento por trascender mayormente. ‘A Soldier’s Tale’ y ‘Three Changes’ pasan con muy poca fortuna. Ya no cuentan las letras, ni los buenos trabajos de percusión, ni la inteligencia armónica de Tong. Porque esa sensación de que el disco es una sola gran canción de 40 minutos no funciona si hay tan pocos matices.

Musicalmente hay cosas súper interesantes, de seguro. ‘Green Fields’ y ‘The Good, the Bad & the Queen’ lo son. La primera, porque tienen cosas de The Beatles bien efectivas; la segunda, porque es la única que rockea al final y te hace sentir algo positivo: que sigues vivo.

Este pudo haber sido un EP histórico. Pero no lo fue. Son 12 tracks que en el fondo representan un libro de quejas musicalizado. Varias de esas composiciones están muy buenas. Pero todas juntas, como un solo gran álbum, se hacen demasiado difíciles de resistir. Parafraseando a Bono, que alguna vez describió su “Atomic Bomb” con las siguientes palabras, “este es un disco con grandes canciones pero que no es tan bueno como disco en sí”. O algo así. Londres querido, ha parido un rock tal vez demasiado lluvioso y “propio”, que nos ratifica que todo en exceso es malo. Hay que estar demasiado en la parada de los cuatro integrantes como para disfrutar el LP como debería ser. Mala cosa, acá no creo que estemos muy metidos en su cuento. Y no se imaginan como lo lamento.

Juan Ignacio Cornejo K.

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