God Bless Ozzy Osbourne

God Bless Ozzy Osbourne
Cuando se observa que el productor y guionista de este documental sobre la vida del legendario “Madman” Ozzy Osbourne, no es otro que su propio hijo Jack, es obvio que surgen algunas suspicacias y fácilmente se podría pensar que esta película no es otra cosa que un “lavado de imagen” para un artista que siempre ha estado en el ojo de la polémica, sobre todo después de la serie de TV “The Osbournes” que tan mal parado dejó a Ozzy frente a sus fans metaleros. De ser un ídolo del metal, Osbourne pasó a ser un ídolo de masas, una estrella global de la televisión, y eso obviamente no gustó a quienes han seguido toda su impecable trayectoria musical.

Pero nada de eso sucede, ni siquiera lo que trata de inducir el título del documental (“Dios Bendiga a Ozzy Osbourne”), porque aquí el Padre del Heavy Metal no es presentado como una víctima de las circunstancias, sino tal como es, un ser humano terrenal, con virtudes y defectos y que él mismo no entiende cómo aún está vivo luego de una larga vida plagada de excesos y locuras. “Quizás le agrado a Dios y por eso aún no he sido llamado a dejar este mundo. Ni los médicos saben como logré sobrevivir todo este tiempo” declara un impresionado Ozzy haciendo una reflexión en un momento del film. Y esa honestidad pura, brutal y a veces hasta ingenua, es el hilo conductor de una película que no tiene desperdicio alguno, que incluso se hace corta cuando de verdad se quiere escudriñar en todos los recovecos de una vida azarosa y singular. Tratando de no intervenir ni alterar la pureza de los hechos que el propio Ozzy va narrando, Jack Osbourne toma una postura distante y silente, como un observador omnipresente y deja que sean los directores Mike Fleis y Mike Piscitelli los que van apretando las teclas correctas para tocar las fibras más íntimas de Ozzy en un viaje recorriendo el mundo que duró más de dos años y donde el vocalista va recordando cada etapa de su vida inigualable.

Desde que era un niño pobre en una zona industrial de clase obrera de Inglaterra, donde incluso llegó a robar para poder tener algunas cosas básicas, hasta conquistar el mundo con su música, primero con los seminales Black Sabbath y luego como solista, cada detalle importante en este viaje está presente aquí. Episodios francamente memorables, como cuando fue expulsado de los “Sabbs” por su adicción a las drogas y el alcohol; la firma de su primer contrato solista donde le arrancó la cabeza a una paloma; o aquella noche en que mordió un murciélago real que le tiró un fan en un show y luego debió ser inyectado contra la rabia; o la vez que orinó el monumento a los héroes de El Alamo; la trágica muerte del héroe de la guitarra Randy Rhoads medio de un tour; la mítica gira del ’84 con Mötley Crüe donde competían en quien hacía las locuras más bizarras y extremas, donde Ozzy lamió la orina de Nikki Sixx en la piscina de un hotel, esnifó completa una hilera de hormigas y luego pintó las paredes del hotel utilizando su propio excremento; su borrachera en la cual intentó asesinar a su esposa y manager Sharon; la creación del festival Ozzfest; en fin todo, pero absolutamente todo está aquí, donde entre medio se van intercalando las opiniones descarnadas y sin filtro de tipos como Henry Rollins, Tommy Lee, Rudy Sarzo, Lemmy y Rob Halford. 

Además, destaca la opinión de todos sus hijos de su primer y segundo matrimonio que aportan la visión del Ozzy íntimo, del Ozzy en familia o del Ozzy “no padre”, ya que los hijos manifiestan que nunca les faltó nada material en su niñez, pero que nunca tuvieron un padre presente, cercano y consejero, ya que la mayor parte del tiempo se la pasaba de gira y cuando estaba en la casa, siempre estaba borracho o drogado, algo que sin duda le carcome el alma a Ozzy ya que recién ahora que lleva cinco años completamente “limpio”, entiende todos los momentos amargos y tristes que le hizo pasar a su familia por culpa de sus adicciones.

Que la película termine con Ozzy practicando manejo en su camioneta para poder ir por primera vez en su vida a obtener legalmente su licencia de conducir y poder salir a pasear cuando se le antoje sin depender las 24 horas del día de un chofer, sólo es una metáfora semiológica más de la vida y la existencia de un hombre algo torpe, con dislexia y déficit atencional, pero que tiene ese carisma especial, ese fuego sagrado, esa varita mágica con la cual gracias a su música tocó el corazón de tres generaciones de fans en todo el mundo. Quizás por eso, Dios decidió bendecir a Ozzy Osbourne.

Cristián Pavez

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