Helplessness Blues

Helplessness Blues

2011. Sub Pop

El primer álbum de Fleet Foxes no sólo les trajo aplausos y aclamación alrededor de todo el planeta, premios y una carrera. También le hizo merecedores de un momento, por muy breve que este pueda ser, en la lista de los más brillantes números de su generación. Eso es bueno.

Su homónimo trabajo de 2008 se robó todas las miradas aquella temporada, sorprendiendo con una sonoridad que evocaba las más puras e íntimas emociones de quien captaba la riqueza sensorial de su música. Era algo que no se había oído al menos en cuatro décadas y por eso mismo, los de Seattle parecían sacados de un extraño sueño. Sin decirlo, se planteaba, también, el reto futuro de volver a validarse, una vez la capacidad de asombro de todos aquellos que vimos en su aparición una brisa de aire fresco se hubiese superado. Eso no es tan bueno.

¿Cómo podría Fleet Foxes seguir siendo sinónimo de “lo bueno” del actual esquema musical sin dejarse intimidar por las alturas a las que su propio trabajo les había llevado? Primero, aprendiendo a convivir con la expectativa propia del éxito; luego, con ambición de ir por más.

Independientemente de cualquier consideración en términos de arreglos y sonoridad, los Fleet Foxes que conocimos hace tres años se entregaban por completo a cada una de sus canciones, al punto de terminar en el más absoluto abandono. Su nueva obra, titulada "“Helplessness Blues"”, está dispuesta a subir la apuesta lo suficiente como para invertir los roles. Aquí son los músicos los que exigen hasta el último suspiro a las composiciones, rescatando cada nota y cada eco disponible, resultando esto en temas más complejos y menos cautivantes en el primer repaso.

La apertura de "“Helplessness Blues"” es engañosa. '‘Montezuma’' parte desde la fragilidad donde la banda había dejado en “Fleet Foxes”, y poco a poco va trepando, hasta liberar su segundo aire, marcando la tónica de lo que se encuentra en todo el disco. Lo interesante es cómo logra entrelazar ambos impulsos sobre el fin del corte. ‘'Bedouin Dress'’ es una canción en la cual conviven muchos detalles melódicos que surgen de forma natural, y que si fuésemos capaces de aislar uno del otro, jamás imaginaríamos lo bien que se llevan. Cuesta quizás seguir las repentinas subidas y bajas en la marea, y sin lugar para mareos. Es un hermoso viaje.

‘'Sim Sala Bim'’ presenta a la banda luchando por mantener en movimiento su canción como quien protege una vela encendida en medio de la más oscuras de las noches. Sin repetir una figura en particular, se juegan por un tema que no mira atrás. Es una rica aventura, incluso asumiendo riesgos no del todo inevitables.

El bello canto que Pecknold conduce en ‘'Battery Kinzie’' es empujado, de manera inusual, por el ritmo que las mismas guitarras dictan. Increíblemente simple, pero con un incuestionable resultado final. De lo más irresistible del cedé. ‘'The Plains/Bitter Dancer’cuenta' inicia ascendente, y culmina con la mayor exposición de colores disponible, y decanta en un tema más cansino, con un último quiebre sobre el final que llega en rescate y permite que, con justicia, el track vuelva a emprender el vuelo que la parte central le inhibe.

‘'Helplessness Blues'’ suena a una de esas canciones que nacieron clásicas. Nos rememora al primer álbum del conjunto por todos lados, y se deja empujar por la primitiva pero purificadora energía de sus guitarras acústica. El desembarco que se recrea al iniciarse la segunda parte del tema condiciona nuestro ánimo tanto como la caída de la noche. Un giro que nos descoloca, en uno de los más asombrosos momentos de la placa.

Todo un desafío resulta para Fleet Foxes el completar un tema instrumental y no recurrir bajo ninguna circunstancia a sus característicos arreglos corales. ‘'The Cascades'’ es una jugada, donde logran mantenerle en la misma atmósfera que sus composiciones que sí cuentan con voces, y eso es un inequívoco signo de lo importante que es en ellos su subvalorada instrumentación.

‘Lorelai’ es una canción que se mueve con tanta soltura y juega tan inocentemente con sus recursos que bien parece un tema infantil. Pecknold repite que ha envejecido, dejando atrás su inocencia en un track demasiado idealista como para considerarle “maduro”. Dicha ambivalencia hace de este uno de los cortes más especiales de “"Helplessness Blues”". En ‘'Someone You’d Admire'’ se apuesta por algo sencillo pero no fácil de asimilar, lo cual la hace aún más encantadora. No es la balada reflexiva y predecible que aparenta su arranque. Se arriesga, olvida la inmediatez melódica, y se esmera en crecer, pero “hacia adentro”.

‘'The Shrine/An Argument'’ es pretenciosa, y que se complica más de la cuenta tras una celestial entrada. La segunda mitad falla en algo esencial: tal vez represente muy bien lo que la banda pretende, pero queda en deuda al momento de congeniar no sólo con el auditor, sino con lo que ‘'The Shrine'’ había montado. Y dejando de lado la inmensidad emocional que se convirtió en el sello de la banda, aquellos temas que presentan la soledad de la garganta de Robin, aunque sea por un rato, tienen algo especial. En el caso de la exquisita ‘'Blue Spotted Tail’', hallamos el momento más íntimo del LP.

A diferencia de su CD de 2008, "“Helplessness Blues"” finaliza con una celebración. ‘'Grown Ocean'’ cuenta con una fantástica serie de versos tan ganosos que la canción para un solo gran estribillo, completando el más inesperado pero lúcido de todos los temas del LP.  Aquel disco debut que se sustentaba en un perfecto equilibrio entre grandes armonías y bellas melodías ha quedado atrás, como un inmejorable recuerdo de la irrupción de un conjunto condenado a trascender en el tiempo.

Todos aquellos que no pusieron real atención en un disco que invitó a, quizás, demasiados oyentes, dirán que Fleet Foxes sigue siendo la misma banda de 2008. Nada más alejado de eso. Renovaron su enfoque en vez de caer en la comodidad de una fórmula bien lograda y adorada por muchos. “"Helplessness Blues"” quizás no vaya a convertirse en el hito que fue “Fleet Foxes”, pero es un disco magnífico, con la certeza de tener ante nosotros a una banda para soñar en grande.

Juan Ignacio Cornejo K.

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