Everybody

Everybody
2007. Thrill Jockey
 
Que este nuevo disco de la súper banda estadounidense, fuera el sucesor de dos extraordinarios trabajos como son “Oui” de 2000 y “One Bedroom” de 2003, mantenía muy alta la vara para el cuarteto de la órbita post-rock surgido de la fértil escena de Chicago. Compuesto por el cantante y guitarrista Sam Prekop, el bajista Eric Claridge, el guitarrista Archer Prewitt y el reconocido percusionista, productor y multi-instrumentista de Tortoise, John McEntire, la banda está de regreso con el séptimo álbum de su trayectoria discográfica que comenzó en 1994. Y para ser honesto, aunque creo que este trabajo no supera los dos anteriores mencionados,  en ningún caso destiñe, sino que más bien, se suma a una obra que mientras pasa el tiempo, se hace cada vez más respetada, valorada y ojalá, conocida.
 
Como todos los seis álbumes anteriores de la agrupación, “Everybody” está compuesto por diez canciones de formato pop, donde resalta la voz siempre intimista y a la vez enigmática de Prekop, lo elegantes arreglos instrumentales de Claridge y Prewitt y los aportes sónicos y la percusión en todo momento precisa de  McEntire. Es que la verdad sea dicha, la obra de The Sea And Cake, aunque no permuta mayormente de un disco a otro, tampoco en ningún momento, baja su nivel. Un pop rock indie –lounge pop se le ha denominado- con algunos elementos experimentales e inflexiones jazzeras, con mucho sentido melódico y que siempre, salvo raras excepciones, respeta la potencia del formato de canción, sin perderse en pasajes ni lucimientos instrumentales sin sentido.
 
Más bien, las bases y arreglos de sus miembros, siempre están al servicio de la canción entendida como un ente cerrado y sólo definible por sí mismo. Las melodías soñadoras heredadas del bossa nova y el pop más clásico siguen presentes con potencia y el disco transcurre rápido al escucharlo. Con esto se demuestra que el poder creativo y las ganas de seguir desarrollando un formato musical, siguen intactas en las mentes de los cuatro integrantes.
 
De este modo, el disco se exhibe como una lógica continuación de la obra de la banda, con temas de mucho groove, creatividad y calidad pareja. De hecho, “Up On Crutches”, tema que inaugura el elepé, es una muestra fehaciente de que el cuarteto se mantiene en un gran nivel.  Le sigue toda la cadencia musical y vocal presente en la directa “Too Strong”, para luego, con un bajo levemente distorsionado, continuar sin sobresaltos con “Crossing Line”.
 
Son interesantes las finísimas contribuciones de cada uno de sus miembros, con Prewitt siempre diligente en la guitarra, Claridge cumpliendo su rol de manera perfecta en el bajo, McEntire imponiendo sus ritmos complejos en canciones que resaltan por su simpleza y Prekop, entregando toda el alma en su voz, que aunque no es de una perfección técnica para resaltar, funciona de maravilla en la propuesta integral de la agrupación. Los temas se suceden como agua entre los dedos por su fluidez, calidez y sentimiento melancólico, pero nunca triste, en temas como “Middlenight”, “Coconut”, “Exact To Me”, “Lightning” e “Introducing”. Un punto de inflexión llega con la más exploratoria “Left On”, donde existe un interesante trabajo con texturas electrónicas, para volver a la normalidad y cerrar el disco de buena forma, con la cadencia de “Transparent”.
 
Como todos los discos de The Sea And Cake, esta nueva entrega es muy agradable de escuchar y nos demuestra que el pop-rock bien elaborado y de jerarquía instrumental y armónica, siempre tendrá un lugar de honor en el contexto de la música popular. Es cosa de escuchar a The Beatles, The Beach Boys, Nick Drake o incluso Blackfield, para percatarse de esto último. Así de simple. Después de cuatro años de ausencia discográfica, este nuevo trabajo, viene a reafirmar a The Sea And Cake, como uno de los proyectos post-rock más interesantes y digeribles, en relación a los por general, densos e intrincados grupos que conforman la escena de Chicago. Un gran regreso con un álbum meticuloso en la producción de Brian Paulson, de una pulcritud musical difícil de encontrar y que, incuestionablemente, representa un fenómeno único en la historia de la música rock del gigante norteamericano.
 
Héctor Aravena A.

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