Erase Me

Erase Me

Fearless. 2018

Nadie podría sentir la historia de Underoath como Aaron Gillespie (batería, voces) y este portentoso regreso al grupo que marcó su existencia no es casualidad. “Erase Me” encuentra el anhelado consenso estilístico tan resistido en “Lost In The Sound Od Separation” y un (encomiable) interés por evadir, a toda costa, cualquier sensación de ahogo y repetición. ‘Don’t understand it / Don’t need your grace / You were never listening / To the words I said.’, exclama rabioso y desafiante Spencer Chamberlain (cantante) en ‘It Has To Start Somewhere’, la simbólica puerta inaugural de este llamativo patio de los arrepentidos, agilizado con el rol protagónico adquirido por los sintetizadores.

Coincidiendo con la rotunda desmarcada del grupo hacia el circuito cristiano en este nuevo ciclo, hay muchos detalles para asimilar el desprejuicio y libertad desprendido en varias composiciones de “Erase Me”. Se nota el aprendizaje y confianza adquirida por Spencer en su anterior proyecto, Sleepwave y, claramente, no es casualidad la importancia que ha tomado la participación de Chris Dudley para potenciar las escalas industriales y atmósferas en la ganchera ‘Rapture’ y los poderosos ritmos entrecortados de ‘On My Teeth’.

‘Wake Me’ prosigue con el ímpetu oreja y pop, curiosamente ejecutado por Spencer y no Aaron, el primer interesado por añadir estas texturas al estilo de la banda; ‘Bloodlust’ amplía los horizontes y, otra vez, coloca los sintetizadores en un primer plano para quiebres y coros; en ‘Sink With You’, Dudley brinda un laberinto de recursos electrónicos en el que da gusto perderse y la batería es un letal complemento.

Los que buscan la violencia más absorbente de episodios anteriores pueden deleitarse con la partida de ‘Hold Your Breath’ y el libreto dispuesto en algunos momentos por Chris es, inevitablemente, emparentable con Nine Inch Nails. ¿Algo malo con eso? Para nada, confirma, en un buen sentido, el carácter de “Erase Me”. Underoath ofrece un disco no recomendable para seguidores continuistas y, sin deslumbrar, deja la puerta abierta a mayores experimentaciones. Cuentas alegres.

Francisco Reinoso

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