En Vivo!

En Vivo!

2012. EMI

Ni siquiera en el más forzado ejercicio de distancia con la salida de un DVD de Iron Maiden grabado en Chile uno puede dejar de sentir algo de satisfacción y un extraño orgullo con “En Vivo!”.

Sería una tontera poner paños fríos a una historia cuya cocción fue a puro calor. Es el cariño de los fans chilenos lo que hizo que Maiden fuese gira tras gira vendiendo más tickets y pudiese ser llevado a espacios de gran escala. Primero el Club Hípico (con 60 mil tickets vendidos) y luego el esperado arribo al Estadio Nacional. Cuidado, que no se trata de tirar cifras para defender ninguna causa; simplemente fue ese mayor interés el que convenció al sexteto que sus paradas por Chile debían ser con infraestructura completa, y no esos humildes montajes en la Pista Atlética de las primeras venidas con Dickinson.

Varios quedaron con la sensación que el show para el Nacional debió haber sido aquel en el Club Hípico. Aquella vez el recinto de la avenida Grecia estaba en reparaciones, pero el contratiempo terminó jugando a favor de la banda y su parcialidad. Que Iron Maiden llegase al anhelado estadio defendiendo un disco nuevo (“The Final Frontier”) en vez de presentar sus grandes éxitos habla positivamente de, primero, la lealtad de Chile para con la banda y, segundo, del esplendoroso momento de los creadores de “The Number of the Beast”, con más de treinta años de carrera que no dan descanso a su creatividad ni ética de trabajo.

Lo que se ve en “En Vivo!” hace justicia a los recuerdos de una noche sólida, sin errores. En esta última gira Maiden se jugó por un show que se hiciera cargo mayoritariamente de la obra que acumulan desde el regreso de Dickinson en desmedro del set cargado de clásicos.

Las tomas desde el cielo del estadio lleno son emocionantes. Las imágenes capturadas desde el fondo del escenario también nos ayudan a comprender cuán imponente es el cuadro que estos seis personajes ven desde sus puestos. En algún momento se ve a Dickinson y Harris incrédulos ante la recepción. Son esos detalles no captados el mismo día los que representan postales para atesorar.

De las canciones, cuesta encontrar alguna que destaque más que otra. La entrada de ‘Satellite 15… The Final Frontier’ muestra los primeros minutos en los que suena la introducción y se muestra a los músicos en la espera previa a subir al entarimado y luego tomándose el escenario por asalto.

En ‘El Dorado’ Harris termina por levantar a quien aún no reaccionase con especial intensidad. La primera parte podría suponerse lenta con mucha canción nueva, pero nada de eso ocurre. ‘2 Minutes to Midnight’ y ‘The Trooper’ tienen la respuesta habitual, pero sorprende el caso de ‘Coming Home’, coreada de punta a punta. Una gran composición en la cual Iron Maiden le canta a la añoranza de sus respectivos hogares mientras es coreada por un estadio completo en el último rincón del mundo.

Ya está dicha la reacción a ‘The Trooper’. Pero es ‘The Wicker Man’, inmediatamente después, la que desata la locura. Se agradece que Steve Harris, un amigo de pegar voces de Dickinson donde el canto del público se hace confuso, haya dejado las cintas prácticamente intactas. En la canción que inauguró la nueva era de la Doncella Bruce cede el protagonismo más de una vez y siempre resulta. Una mejor que otras, pero de eso se trata esto.

Entre ‘The Wicker Man’ y ‘Blood Brothers’ se da quizás el momento de mayor comunión entre banda y público. Es quizás ahí donde esa noche pasó a ser la merecedora de ser la única protagonista del DVD, en perjuicio de Buenos Aires, que en los papeles compartiría honores con Santiago. Eso, además de la performance sin errores que podemos ver. Todo salió bien en este show.

No pasa desapercibido tampoco el que decenas de veces las cámaras tomen a alguno de los músicos con grandes sonrisas en sus rostros (en especial Dave Murray, nada raro en él). Sería una niñería decir que eso es por haber estado en Chile; es tan solo el feliz presente de una agrupación que está en el mejor momento de su carrera y que todo lo que hace lo hace por gusto. Siendo ese el argumento, la sonrisa se contagia a quien se enfrenta a la pantalla.

‘When the Wild Wind Blows’ es el corte más largo del DVD y permite ver resumidos en una sola canción todos los recursos usados en la grabación de “En Vivo!”. A ratos primeros planos amplios, acercamientos a los rostros de fans en todos los extremos del estadio y con una dirección suficientemente ágil como para que nada se haga ni muy repetitivo ni pesado.

De ahí en adelante se suceden los éxitos probados, con ‘Fear of the Dark’ y ‘Hallowed Be Thy Name’ como los permanentes referentes en cuanto a despliegue de energía de todos los involucrados. Aparecen los dos Eddie, claro, el guitarrista y esa figura gigante en el fondo del escenario. Todos los teléfonos activan sus cámaras mientras esto último ocurre en una imagen curiosa del film.

Este “En Vivo!” tiene además un segundo disco, el que contiene un documental de 88 minutos llamado “Behind the Beast”, el cual cuenta paso a paso cómo se fue armando la gira. A ratos demasiado técnico y educativo, es más un espacio para mostrar cómo funciona todo el entorno de Maiden que la banda misma. Aun así, hay interesantes tomas en los ensayos del día previo a subirse al avión, y alguna cuña sabrosa como Steve Harris admitiendo que el título “The Final Frontier” fue sugerido por Bruce Dickinson para hacerlos creer a todos de que este sería el último tour de la banda. También cuentan cómo escogieron el set, el armado del avión y en una selección de ciudades (muy al estilo “Flight 666”) el capítulo en Indonesia es imperdible.

Alegría, emotividad, una presentación inspirada y la comodidad de quien se siente en casa con los ingredientes que condimentan esta entrega que, más allá que sea registrada en Chile, está increíble.

En fin. No tengamos temor a exagerar. “En Vivo!” es el sueño cumplido de miles. Por veinte años hemos creído que el lazo que el público chileno tiene con Iron Maiden es único y más allá de lo que ellos mismos dijeron en su momento aquí está el testimonio definitivo de que este amor es recíproco.

Juan Ignacio Cornejo K.

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