Shimmer Into Nature

Shimmer Into Nature Ed Wynne

2019. KScope

Después de más de 35 años como una fuerza constante del space rock británico, el líder de la banda instrumental Ozric Tentacles, el guitarrista, tecladista, programador y compositor Ed Wynne, finalmente se decidió incursionar con su primer disco como solista. Pese a que es el único integrante de los Ozrics que ha estado en todas sus formaciones y que hace tiempo es, básicamente, su vehículo creativo, Wynne, de actuales 57 años, quiso con este disco entregar una mirada absolutamente personal a su música, que, como siempre, es el reflejo de su espiritual filosofía de vida, conectada con la naturaleza y el universo.

Como él mismo explicó sobre el álbum, “la idea es transportar al oyente a lugares donde las preocupaciones de la vida cotidiana se disipen, dejando a la mente libre para que viajen por paisajes musicales creados por guitarras y sintetizadores, y que puedan sentirse, llenos de esperanza, recargados, con una sonrisa y el espíritu tranquilo”. Wynne no solo quiso imprimir este sentido terapéutico a su nuevo trabajo, sino que también, ser una especie de banda sonora de sus viajes por distintas partes del mundo, donde la naturaleza se le aparece imponente al ser humano. 

Al igual que en las obras de su banda madre, la imaginería lisérgica y mística sigue presente en “Shimmer Into Nature”, partiendo por el diseño de la carátula en la que se ve al guitarrista en una fantasía floral llena de colores, hasta llegar a la música, expresión del misterio del cosmos. El célebre antropólogo Carlos Castaneda decía que el universo se hace consciente de sí mismo a través de la percepción de los seres vivos. En la música de Ed Wynne hay mucho de esta concepción mística y no racionalista europea que domina al mundo (Eurocentrismo). 

Así se puede apreciar desde el principio del disco, con ‘Glass Staircase’, pieza que es la quintaesencia de su música, que mixtura sonidos electrónicos con bases de alta potencia rockera, en los que siempre está presente el trance y la repetición como una forma de capturar al oyente. Todo aquello sumado, por supuesto, al sonido y a los solos idiosincráticos del titular en guitarra, una marca registrada de la mejor neopsicodelia contemporánea.

Escrito, grabado, programado y mezclado por Wynne, el disco, poco a poco, va exponiendo las distintas pasiones musicales del guitarrista. Por ejemplo, en ‘Travel Dust’, su amor por la electrónica ambient, su patente sensibilidad rockera como intérprete de las seis cuerdas, su innegable cercanía con los ritmos reggae y dub, su contacto con el rock sinfónico, todo reinterpretado bajo su particular prisma musical. En ‘Oddplonk’ aparece el reconocido talento del músico para crear atmósferas abiertas con sintetizador, siempre con una sólida base de bajo y batería que lo sostiene todo y sus inconfundibles solos de guitarra influenciados tanto por el rock como por la música oriental.  

En ‘Shim’, la herencia espacial de Gong y Steve Hillage se hace presente con fuerza, pero con un sentido más contemporáneo, heredado de las jam bands y de grupos electrónicos de su misma generación como The Orb. Finalmente, ‘Wherble’ evoluciona por distintos estadios, desde las percusiones que recuerdan a músicos como Pierre Moerlen, pasando por momentos más reflexivos dados por los sintetizadores, hasta llegar a arranques más rockeros. 

Con un pie en el new age, otro en el mundo del rock y otro en la electrónica contemporánea, Wynne ha creado una obra rica y original, que no es comparable con ninguna de la de sus pares de generación. Cuenta una anécdota que la familia de Wynne era amiga de George Harrison y que fue el propio beatle, quien animó a un niño de siete años a que tomara la guitarra. Sin duda, una historia con un final feliz, no solo para el músico, sino que para la historia de la psicodelia británica. Un disco adictivo, para disfrutar de principio a fin.

Héctor Aravena A. 

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