Buitres

Diamante Eléctrico

Altafonte / Mercado Negro. 2018 

Diamante Eléctrico es una banda prolífica. En seis años de carrera ha grabado cuatro álbumes. “Buitres” es el más reciente, publicado en formato digital y en vinilo. Esta grabación es displicente con respectos a sus inicios guitarreros, apostando por una fusión de samplers con su base instrumental. Es una jugada arriesgada, y si hay un seguro, lo es la capacidad para elaborar melodías gancheras que posee este trío bogotano. 

El grupo vive la presión que el mismo se ha impuesto: una agitada actividad de conciertos con entradas al estudio cada tanto para no dejar volar la inspiración. Hará un año que se destapó su carta junto al histórico guitarrista de ZZ Top —Billy Gibbons— con el sencillo ‘Días raros’, para vaticinar un giro completo del timón. La nueva dirección es bailable y representa una versión sofisticada del Diamante. 

Atrás quedaron los días de pulidas grabaciones análogas, como fue el caso del disco anterior, “La gran oscilación” (2016), que contó con el apoyo de Joshua B. Smith (Ingeniero de Jack White). En esta oportunidad el grupo se metió en los estudios Nébula de la capital junto a Mauricio García (Monitor) en calidad de productor. La intención, sellar composiciones a punta de ritmo. Influencias funk, soul e incluso hip-hop condimentan este disco de aires nocturnos, sensuales cadencias pero también de sentimientos dolidos. 

‘Hacía la noche’ abre de forma correcta, con un brío distintivo, marcado por una solida línea de bajo de la que se cuelgan guitarras y coros femeninos que otorgan un tinte “cosmopolita” al tema. No es primera vez que el trío conformado por Juan Galeano, Daniel Álvarez y Andee Zeta emplea coros, sin embargo aquí hay mayor énfasis en los juegos de voces, amalgamas de estribillos y versos para poner a cantar a pulmón herido a sus seguidores. La guitarra tiene un cuidadoso aporte a la hora de delinear armonías, como en el caso de la melosa y contundente ‘Rotos’. 

A continuación encontramos ‘El naufragio (Salvavidas)’, un interesante ejercicio de beats y guitarras frenéticas filtradas por un coro góspel. El ímpetu que ofrece Galeano en su interpretación vocal también la convierte en una pieza atractiva. Por su parte ‘Casino’ es una delicada conjunción de pop y funk, en el que además se escucha el único solo de guitarra del álbum, impregnado por voces distorsionadas para un psicodélico final. 

Entre tanto ‘Nefertiti’ es toda una invitación al baile. Para los músicos era importante desmarcarse del rock como un género ajeno a la pistas, así apelan al funk setentero concretando algo divertido, con onda retro, pero congruente al resto del material. Más adelante llega ‘Oro’, una canción completamente pop, quizá la menos interesante del repertorio. Por su lado ‘Buitres’ amplía la combinación de coros femeninos con riffs juguetones. Más calmada es ‘Mérida’, llamada así por ser la ciudad donde se compuso, con una base rítmica algo oscura. 

La mayor sorpresa viene por cuenta de ‘No me lo pidas’. Es una canción provista de una introducción propia de una película de Tarantino, a la que se le suma la flamante colaboración del mariachi chicano Flor de Toloache. El cierre amparado en guitarrones, violines y trompetas es grandilocuente. 

“Buitres” es uno de los discos más ambiciosos del año. No solo está el prestigio de un grupo que ha ganado varios premios Latin Grammy con sus últimas entregas discográficas, está el empeño de unos músicos que han mantenido una independencia estilística. ¿Se ha rendido Diamante Eléctrico al mainstream en este álbum? No, si consideramos la manera de abordar las inquietudes musicales de sus integrantes, allí no se percibe una evolución forzada o marcada por alguna corriente en boga. Diamante solo quiere divertirse antes de que este mundo se termine de romper. 

Alejandro Bonilla Carvajal  

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