Def Leppard

Def Leppard

2015. Mailboat

El homónimo del quinteto de Sheffield es un disco con trampita. Claro, porque los dos primeros temas están ubicados estratégicamente en esa posición para que el auditor más afiebrado exclame de inmediato que, después de siete años de silencio discográfico, “¡volvió el verdadero Def Leppard!”.

Eso porque tanto ‘Let’s Go’ como ‘Dangerous’, recuerdan de inmediato el período de mayor éxito comercial de la banda: el primero es un refrito de ‘Pour Some Sugar On Me’ y el segundo uno de ‘Photograph’, dos de los más grandes hits de la banda, que suenan como si fueran descartes o lados B inéditos de esos grandes opus que fueron “Hysteria” (1987) y “Pyromania” (1983), y que refritos y todo, son por lejos las mejores canciones del nuevo álbum.

Lo que ocurre después es un fenómeno que también ha sucedido con otras bandas exitosas. Actualmente el cantante Joe Elliot, el bajista Rick Savage, el baterista Rick Allen y los guitarristas Phil Collen y Vivian Campbel ya no son unos adolescentes y, por lo, tanto dejan fluir sin ningún tipo de filtro sus influencias y el disco se llena de referencias a Queen, ELO, David Bowie, T-Rex y otras leyendas británicas. Dejan relegado completamente el sonido Def Leppard casi exclusivamente a esas dos primeras canciones. Pero cabe preguntarse cuál es el verdadero sonido Def Leppard. ¿El que la banda desarrolló hasta su disco “Adrenalize” (1992), o el que comenzó a partir de “Slang” (1996) y que se mantiene de forma errática hasta el presente? Al final, esa respuesta la tiene en su fuero interno cada persona para la cual el nombre de la banda todavía signifique algo.

Para el resto, para los que todavía rajan vestiduras por discos tremendos de hard rock puritano como “On Through the Night” (1980) o “High ‘N’ Dry” (1981), mejor olvídense para siempre, porque esa banda ya no existe y el grupo tampoco tiene ninguna intención de revisitar ese período. Los mas lamentable de todo es que, pese a la presencia de dos tremendos músicos como Phil Collen y Vivian Campbel (Dio, Whitesnake), las nuevas canciones de la banda casi no tienen solos de guitarra.

Pese al dispar panorama, hay canciones que se pueden disfrutar sin sesgo como ‘Man Enough’ (totalmente Queen); la reposada y edulcorada balada ‘We Belong’ (que podría estar en un actual disco de Bon Jovi); el rock FM de ‘Invincible’ (a lo ELO); ‘All Time High’, una de las más energéticas y rockeras del disco, con buenos riffs; las armonías acústicas de ‘Battle of My Own’ en plan Zeppelin, donde la voz de Joe Elliot reluce bastante; y también esa áspera ‘Broken ‘N’ Brokenhearted’ que le pone algo de dinamismo al disco, el que con 14 cortes por momentos se hace largo y espeso, antes de rematar con la balada acústica ‘Last Dance’ que es otra de las más convincentes, para cerrar definitivamente con otra balada, esta vez de corte épico, ‘Blind Faith’, de casi seis minutos de duración.

El disco esta servido, fresco y caliente. Al que le interese el nombre de los actuales Def Leppard, que lo escuche; el resto, si prefiere a los antiguos Def Leppard, lo mejor y más sano que puede hacer es abstenerse totalmente.

Cristián Pavez

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