This Physical World

This Physical World

2014. Last Gang

Lo tuvieron todo para ser los sucesores de The White stripes y heredar el reino del rock de guitarra y batería, pero no aguantaron. A un par de años de su explosivo debut “You’ re a woman, I’m a machine”, timbrado hace ya una década cuando los dúos eran la última moda, el baterista y cantante Sebastien Grainger y el bajista y tecladista Jesse F. Keeler bajaron la cortina. Los canadienses ya no compartían visiones de futuro, se acabaron los planes, adiós con mensaje colgado en la web. Dejaron una estela de bandas atentas a sus enseñanzas –LCD Soundsystem y Japandroids adeudan más de un guiño-, junto a entusiastas ilustres como Justice y Josh Homme. Siguieron proyectos personales siempre a la sombra de DFA. En 2011 hubo reunión después de años sin hablarse y “The Physical world” es el bebé tras la reconciliación. Si los divorcios traen esta clase de beneficios, no es mala idea alejarse cuanto sea necesario.

Las once canciones de este segundo álbum revelan a Grainger y Keeler manejando dosis exactas de punk rock, ritmos para bailar y stoner con una energía desbordante como siempre, y una seguidilla de riffs para celebrar. El sonido voluminoso aspira a copar cada esquina, y lo consiguen con mayor precisión que antes. Todo “The Physical world” se escucha a tope. Hay mejor técnica sin pretender virtuosismos, también un sentido musical y compositivo más focalizado. Quizás en el pasado cabían mayores sorpresas por los flancos electrónicos, en cambio ahora los golpes se concentran. El single ‘Trainwreck 1979’ va cogiendo vuelo, se recoge y se expande en un coro para saborear al Mick Jagger en falsete de los setenta, que a su vez decanta en un segundo coro un tanto melancólico, sin aflojar el groove. El segundo sencillo, ‘Goverment trash’ emana violencia y urgencia, como la canción que da nombre al disco parte punk y concluye rendida al sabatismo metalero.

Tanto Grainger como Keeler han progresado como músicos. El primero ofrece diversos recursos vocales y distintas personalidades –menos chillón-, así también maneja más espacios e ideas tras tambores y platillos, mientras su compañero es una bestia de las cuatro cuerdas. El sonido del bajo, sencillamente monumental, resalta con mejores terminaciones; una muralla de decibeles y densidad que recuerda la tonalidad lograda por Cliff Burton en sus solos, como también la textura que bajos y guitarras urdían para Soulwax en “Any minute now” (2004) y Nine Inch Nails en “With teeth” (2005). “The Physical world” es de esos títulos para recuperar la fe en el viejo rock, cuando se conjuga el volumen, la distorsión, la agresividad, la calentura y el deseo de parranda. Nada puede fallar en ese cóctel perfecto para rockeros genuinos.

Marcelo Contreras

 

 

 

 

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