Ordinary Corrupt Human Love

Deafheaven: Ordinary Corrupt Human Love

2018. ANTI

En un mundo en el que las audiencias son tan amplias gracias al streaming y en el que tanto artista consolidado está traspasando las barreras estilísticas, los antiguos parámetros para definir dónde comienza un estilo y termina el otro se vuelven cada vez más azarosos. En la actualidad, los mundos que antes parecían estar totalmente separados se pueden fusionar sin problemas para crear algo novedoso y, en ese contexto, la propuesta de Deafheaven fue bastante aplaudida cuando surgió en el underground estadounidense por mezclar el post-rock, el shoegaze y el black metal, carrera que eclosionó con su demoledora segunda obra “Sunbather” (2013) y que luego se reafirmó en “New Bermuda” (2015), placas que juegan bien en un área gris que no da cabida a planteamientos ortodoxos.

Como era de esperarse, “Ordinary Corrupt Human Love” (2018) viene a continuar esta tendencia y muestra a una banda que nuevamente descarta las categorías para llevar a su público a un intenso viaje emocional guiado por pianos y teclados como elementos centrales. Canciones de extenso minutaje, profundas capas de guitarra y eclécticos paisajes sonoros se dan cita en un trabajo que conjuga bien la dicotomía entre la agresividad propia del metal extremo y la pasividad de sonidos más etéreos, sentencia que queda clara desde el principio en ‘You Without End’, que establece una atmósfera melancólica acompañada por el spokenword de Nadia Kury y la melódica guitarra de Kerry McCoy, que luego estalla de manera intempestiva en la épica ‘Honeybomb’, transición que logra un excelente resultado gracias a su cuidadoso tratamiento.

Otras canciones que superan los 10 minutos como ‘Worthless Animal’, ‘Canary Yellow’ y ‘Glint’ también se embarcan en una suerte de travesía sónica que toma altura con los blast beats de Daniel Tracy, quien domina los distintos escenarios que la dupla compuesta por Shiv Mehra y Chris Johnson, desde la base rítmica, desarrolla con gran precisión en canciones que podrían perder el foco por su extensa duración, pero que logran mantener la atención del auditor a punta de composiciones sólidas, con maravillosas progresiones de acordes que incluso pueden llegar a rozar con el rock clásico, demostrando que no tienen problemas para sumar todas las influencias posibles cuando se trata de favorecer el resultado. Con una duración un poco más estándar, ‘Night People’ ofrece un dueto en tono gótico con Chelsea Wolfe que expele dramatismo y fragilidad, mientras ‘Near’ sorprende al desnudar la voz limpia de George Clarke, y además tiene la gracia de conservar las propiedades natas de los californianos sin caer en los clichés del post-rock.

En un poco más de una hora, “Ordinary Corrupt Human Love” es capaz de emocionar por lo brillante de su musicalidad, sazonada con la dosis justa de aspereza, que lo convierte en una obra preciosa a la que hay que dedicarle tiempo. Es probable que muchos no entiendan su lenguaje a la primera, pero solo hay que dejarse llevar por una banda que sigue apostando por el blackgaze, pero esta vez en una faceta más accesible, y que plantea desde ya una favorable duda sobre los caminos que tomarán en el futuro, con un disco que tiene vocación de caleidoscopio, tal vez demasiado duro para el indie, pero demasiado luminoso metal de vieja escuela.

Pablo Cerda

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