Dionysus

Dead Can Dance - Dionysus

2018. PIAS Recordings

Tras seis años de silencio discográfico, los elementales Dead Can Dance volvieron con “Dionysus” (2018) para adentrarse en un trance étnico lleno de colores y vibraciones magnéticas que recoge el guante justo donde quedó en “Anastasis” (2012), placa que los trajo nuevamente a la vida después de su reunión y gira de regreso en 2005. El concepto del renacimiento y las experiencias en festivales de primavera fue lo que conectó a Brendan Perry con el razonamiento dionisíaco en su investigación relacionada con la música griega y una revisión de “El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música” escrito por Friedrich Nietzsche. Este conjunto de influencias despertó su interés por dos líneas de pensamiento cultural: lo apolíneo y lo dionisiaco. El primero se relaciona con el orden, la mesura y el control, mientras que el segundo se basa en la libertad, el deseo y la improvisación, corrientes que cuando se unen son capaces de desembocar en las formas de arte más hermosas. “Fue toda una revelación. Eso es lo que Lisa y yo hemos perseguido durante toda nuestra carrera”, le contó Perry a Rolling Stone.

El noveno disco de los australianos funciona como un viaje emotivo que fluye en dos actos y combina lo céltico y lo clásico para abrazar una world music rica en atmósferas que se conecta con la tradición del folk europeo, cantos de aves de Brasil y México, sonidos de colmenas de Nueva Zelanda y hasta una cabra Suiza a fin de representar las distintas facetas del mito y culto a Dionisio. La penetrante ‘Sea Borne’ da la partida con un bello juego de voces que va fundiéndose en percusiones tribales hasta alcanzar dimensiones apoteósicas gracias al uso de elementos exóticos como la gadulka tradicional de bulgaria, el salterio y la zurna, instrumento de viento de la familia de los oboes, los que enriquecen una paleta musical que no hace otra cosa que crecer conforme avanza el larga duración. 

‘Liberator of Minds’ nos sitúa en el medio de una selva sensorial de parajes húmedos en los que la vegetación sónica de ritmos repetitivos describen a la perfección el viaje de la deidad en bote hacia su ascenso para alcanzar la divinidad. El final del acto I llega con ‘Dance of the Bacchantes’, un corte mágico de sabor mediterráneo adornado por las voces femeninas que Lisa Gerrard maneja elegantemente y complementa la instrumentación que Perry va construyendo a su alrededor con autoarpas, fujaras, baglamas, palos de lluvia, birimbaos y buzukis, entre otros.   

El segundo acto sigue deconstruyendo el formato canción y presenta la oportunidad para  escuchar al dúo en un idioma inventado que ellos llaman ‘el canto del corazón’. En ‘The Invocation’, Lisa toma el protagonismo entablando un lamento coral desgarrador muy oscuro que surge de manera intermitente para dejar espacio a las percusiones constantes del daf iraní y el davul turco, mientras que en ‘The Forest’, cede el lugar a su compañero para que este se haga cargo de la voz principal al son de orquestaciones árabes y resplandecientes beats electrónicos. En ‘The Mountain’ y ‘Psychopomp’ la pareja se entrelaza para apelar a las emociones más primarias en las que el bagaje de las palabras no importa si el fin último es despertar la conciencia ancestral a través de la música. 

Pablo Cerda

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