Blackstar

Blackstar

2016. Columbia

"The Next Day" no fue un evento aislado, tampoco una despedida. David Bowie vuelve al ruedo con "Blackstar", tres años después su auspicioso retorno luego de pasar una década enmudecido. Fiel a su tradición personal, no reitera mucho del disco anterior, aunque ya es inevitable que se cite a sí mismo. Sin embargo, notamos que el afán de reinvención es mucho más fuerte en "Blackstar" que en "The Next Day": ahora lo acompaña una nueva tropa de músicos, un cuarteto liderado por el saxofonista Donny McCaslin, políglota del jazz.

El nombre que se repite es Tony Visconti, habitué en los estudios de grabación de Bowie desde la época de "Space Oddity". A cargo suyo estuvo, hace cuarenta años, la producción de un LP que se puede comparar de cierta forma con este: "Young Americans". Si esa fue la aventura soulera del futuro Duque Blanco, "Blackstar" es la jazzera, de todos modos ligada también a la historia de su extenso catálogo. Por ejemplo, la batería de 'Sue (Or in a Season of Crime)', previamente difundida pero ahora en una nueva y recrudecida versión, trae a la memoria de inmediato el abordaje del drum and bass hecho en el infravalorado "Earthling" de 1997.

Otro tema que conocíamos de antemano, ''Tis a Pity She Was a Whore', recibe una actualización que lo deja menos delicado, más alucinógeno. El viaje en "Blackstar", eso sí, no es nada placentero. Prevalece un aura febril, como si la banda de McCaslin quisiera recrear una pesadilla o un mal trip. Calma, poca. Hay una cristalina guitarra acústica en 'Dollar Days', pero es reemplazada por un saxo noctívago. La segunda mitad de 'Blackstar' ofrece un respiro, aunque termina tan espectral como al comienzo. Cabe señalar que se trata de una apertura de enormes proporciones: 10 minutos inquietantes, con un Bowie casi fantasmagórico.

A ratos, los acompañantes cobran tal importancia que parece el disco de un grupo, no de un solista, y si bien asombra tamaña capacidad de metamorfosis, Bowie reconforta cuando nos recuerda que es el verdadero protagonista y espolvorea guiños al pasado lo suficientemente familiares como para contentar a sus fieles. El gañido inconfundible del coro de 'Girl Loves Me' cumple esa misión, mientras los redobles de batería hacen pensar en el Phil Selway matemático de 'Morning Bell' de Radiohead, otro insigne nombre británico que ha mostrado inclinaciones jazzeras por aquí y por allá. Como todo gran disco, "Blackstar" deja más preguntas que respuestas. ¿Qué viene ahora para Bowie?

Andrés Panes

Nota de la edición: esta reseña fue redactada horas antes del deceso de David Bowie.

Contenido Relacionado