The Cure

The Cure
2004. Geffen Records/ I Am Recordings

Luego de 4 años de espera y un amague de separación, Robert Smith y Cia. dan a conocer uno de los discos más cumplidores en años, dentro de su larga discografía. Esta placa fue producida por Ross Robinson, fanático confeso del grupo y responsable de mostrar al mundo bandas que definieron la década pasada como Slipknot, Korn o Limp Bizkit. O conocido también por haber producido discos claves como “Roots” de Sepultura, “Relationship of Command” de At the Drive-In y el debut de Soulfly. Bajo el alero de su sello propio, I Am Recordings, se encarga, junto a Smith, de rescatar ese sonido por el cual The Cure ha ganado un lugar clave en la música y de observar su influencia en numerosas bandas de la escena actual.

Desde el inicio con ’Lost’, lo primero que destaca es el sonido de banda en vivo. Fresco y dinámico, complementándose con ese toque de desamor y melancolía en un corte muy introspectivo (con una pequeña remiscencia a los aires tétricos del Hurt de NIN). La mano de Robinson comienza a notarse claramente al poner la voz de Smith y las guitarras en primer plano de la mezcla, muy directo. ’Labyrinth’ sigue marcando la pauta con fuertes guitarras, a las que el clásico Curehead no estará acostumbrado en un inicio; los teclados ochentosos están casi ausentes e imperceptibles, musicalmente denso. Y un Smith impecable en las vocales procesadas para unas líricas muy disyuntivas entre sí.

’Before Three’ será uno de los hits del disco. Es de esos himnos pop que como nunca suena tan oscuramente romántico, rockero y ganchero. Sorprende escuchar a Smith cantar ’We were so in love, up next to you so fucked and high’. Simplemente sublime. ’The End Of The World’, el primer single de difusión, pone como protagonista a Simon Gallup, fiel escudero de Smith de largas batallas... El sonido de su bajo es tan característico y vital para la identidad de The Cure. Cumple su objetivo al ser una de las canciones más accesibles del álbum, pero no por ello pierde ese aire e integridad propia de pilares como ’In Between Days’ o ’Just Like Heaven’.

Como en algunos clásicos de antaño, la intrigante ’Anniversary’ arranca con una intro musical de casi un minuto para que recién entren las voces. Musicalmente es una mezcla de sonidos en base a batería programada, sintetizadores y un melancólico Smith. Sorprende la casi-ausencia de guitarras en este tema. Si ’Us Or Them’ lo encuentran muy emparentado al disco predecesor de The Cure, “Bloodflowers”, será porque la banda optó por una licencia para tomar prestado batería y riffs de guitarra de ’Watching Me Fall’. Pero es algo necesario para dar lugar al corte más agresivo y fuerte del disco y quizás de toda su discografía. El trabajo en guitarras de Perry Bamonte y Smith ya comienza a destacar, mientras éste último vuelve a sorprender, cantando de una manera furiosa y contestataria letras directas y encaradoras.

Con ’Alt.End’ comienza una seguidilla del sonido más conservador y propio que la persona promedio esperaría de The Cure, con un riff muy oreja, que marca toda la canción. Gallup y Bamonte otra vez son claves para el resultado final. ’(I Don’t Know What’s Going) On...’ es un ejemplo de cuando Smith busca referirse a una sana y romántica obsesión. Gran coro y arreglos vocales muy buenos. ’Taking Off’ es de esas típicas alegres canciones pop, como si fuera un leftover del ’Kiss me, Kiss me, Kiss me’ o ’The Head On The Door’. Los teclados y sintetizadores de Roger O’Donnell toman finalmente un lugar importante en este corte.

’Never’ es otro giro de tuerca al sonido típico de The Cure. Mucho power chords, bajo y una correcta performance por momentos punkie o por momentos upbeat de Jason Cooper en batería. El cierre con ’The Promise’ es una de esas oscuras joyas épicas que sólo The Cure podría concebir. En estos más de 10 minutos, la banda se da lugar a improvisar y explayarse musicalmente. Todo como un perfecto back-up para un furioso y deprimido Smith en su reclamo de promesas incumplidas. Realmente intenso.

El aporte de Robinson a la concepción del disco es más que meritorio. Es un regreso al trabajo en grupo (“Bloodflowers” fue una placa compuesta totalmente por Smith) tanto en composición y arreglos. En vivo es donde el álbum cobra una mayor fuerza y es más directo aún. Este “The Cure” puede dividir a los fans más conservadores al recibir apuestas arriesgadas en algunas canciones o encontrar el clásico sonido de la banda. El apasionamiento de todos los involucrados por lograr el disco más pesado y rockero, en la discografía del grupo, ha sido vital. Hay un sutil equilibrio entre las fuertes guitarras, el toque pop, la presencia gótica-dark y un Robert Smith que conserva intacta su calidad vocal.

“The Cure” es un disco que puede estar al nivel de álbumes predecesores como “Disintegration” o “Pornography”. Y qué mejor excusa para que la banda lo confirme en directo, en eetiembre próximo, dentro del marco de una inminente gira sudamericana. Aguardaremos impacientes su llegada.

Oscar García Verástegui
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