Para hondo

Cristobal Briceno - Para hondo

2018. Autoedición

Uno podrá tener sus apreciaciones, a favor o en contra, acerca de Cristóbal Briceño, una voz opinante que sobresale en un medio lleno de gente que se calla para encajar, pero lo cierto es que se trata de uno de los más fructíferos cantautores del panorama local. Guste o no, los números lo respaldan: publica material con inusitada frecuencia, a veces con meses de diferencia. Semanas antes de este "Para hondo", sacó junto a Gonzalo Núñez el parrandero "Cumbias guitarreadas". Por ahora, detengámonos en el sucesor de "Cuerpo a cuerpo", que, por si fuera poco, es un álbum doble. La constancia de Briceño no hace más que acentuar la polarización que genera su nombre: los seguidores celebran su creatividad mientras los detractores encuentran nuevos motivos para seguir en su contra.

Cuando los Ases Falsos lanzaron "El hombre puede" en la Blondie, Cristóbal Briceño dejó en claro que realmente lo afectó el aluvión de críticas y malas energías que le cayó encima a propósito de sus provocativos dichos, un ritual que se repite cada tantos meses. Prácticamente entre medio de cada canción que tocó esa noche en Blondie se refirió a la forma en que lo descueraban en las redes sociales, e hizo hincapié en que le dolía pensar en todo lo que entregaba como artista versus el trato que recibía. Quizás por eso las letras de "Para hondo" están marcadas por la autocrítica, aunque, la que más se repite es una de las menos justificadas. Disfrazando la culpa con ingenio, en varias canciones el fértil Briceño se refiere, curiosamente, a su supuesta falta de productividad, pese a que el disco fue lanzado poco antes de "Mala Fama", cuarto álbum de los Ases Falsos. Sus hábitos procastinadores son los protagonistas de 'Una noche conmigo', genial transcripción de una noche perdida entre youtubazos y miradas al reloj para constatar que cada vez quedan menos minutos para dormir. Como es habitual, utiliza imágenes muy vívidas, del tipo "voy a comerme un pan para ver si es hambre lo que tengo".

En 'Llegaremos a ser árbol', Briceño se refiere de forma hilarante a la flojera máxima: "Intenté mover cosas esta mañana desde mi cama utilizando mi mente". No caben dudas de que es un asunto que le da vueltas con frecuencia por la cabeza y que le provoca algo de culpa, aunque también lo usa como inspiración. El mejor abordaje del problema ocurre en tres cortes repartidos a lo largo del tracklist en los que se explora el déficit atencional. Primero '40.1', una nota de voz grabada con el celular en plena calle mientras suena la locomoción colectiva de fondo. Segundo, '40.2', la idea de la nota de voz, pero ahora con guitarra, un work in progress. Tercero, '40 veces la misma línea', la canción terminada. Aquí va lo que dice la letra: "Leo cuarenta veces la misma linea. No avanzaré en el libro, pero avanzo en algo más. Que no se lo que es ni se adónde va, sólo sé que se trata de algo más". Al final del tema, Briceño da envidia: ojalá todos pudiésemos concretar cosas sacando la vuelta al mismo tiempo.

Andrés Panes

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