Soma

Cola de Zorro - Soma

2018. Casa de Reposo Records

La palabra “Soma” viene del latín summa, o sea, la parte esencial o el punto más elevado de algo, sentencia etimológica que calza a la perfección con el disco del mismo nombre de Cola de Zorro, trío que vuelve con su interesante propuesta en la que enlaza el rock progresivo, el free jazz y la electrónica con los sonidos de raíz para expandirlos hacia límites inimaginables. Y es que esta tercera entrega del conjunto de Valparaíso toma una distancia sideral con “Can can” (2012) y comprime los elementos visualizados en “Khaikha” (2015) para ofrecer lo mejor de un cruce entre lo análogo y lo digital en un larga duración que tiene tantas ramificaciones como el árbol que adorna su portada.

Grabada en Santiago, la placa expone un sonido mucho más urbano que las anteriores, con los sintetizadores mostrando un protagonismo exacerbado en la minimalista 'Obertura', que establece una atmósfera etérea con una exquisita progresión de acordes que el bajo distorsionado de César Bernal va haciendo crecer hasta llegar a 'Litre', que recibe con la calidez del arpegio limpio a cargo de la guitarra de Felipe Medina, la cual se transforma en un alterado riff para extinguirse en un solo astral que se pierde en una densa neblina sónica.

La tensión de 'Savia' desnuda el lado jazz en un transe que se va volviendo a ratos venenoso, con la batería de Pablo Rivera coordinando una estructura de pregunta y respuesta siempre en alerta. 'Elefante' y 'La importancia de no tener nombre' marcan el punto más alto de este viaje, aparecen brutales y mastodónicas, con estructuras inmensas, pesadas y psicodélicas, que recuerdan mucho al rock progresivo europeo de los 70 y que constituyen la versión más desenfadada de Cola de Zorro hasta el momento. Finalmente, las texturas oníricas de 'Danza' dan paso a 'Soma', un corte más áspero que va construyendo capas para desarrollar un final hipnotizante cuya melodía larga y oscura funciona bien como epílogo cerrando todo de manera casi circular con el sintetizador nuevamente haciendo la función de brújula.

Con doce años de trayectoria, la agrupación porteña siempre sorprende gratamente con su espíritu innovador que mira al horizonte y va hacia adelante, como buscadores incansables de sonidos que no se establecen en un sitio determinado. Tal como sugiere el latín, “Soma” se vuelve esencial para entender a Cola de Zorro porque extrae lo fundamental de su recorrido, un disco intenso, pero con un efecto tranquilizante, alucinante y curativo para el alma, casi como aquel fármaco que describe Huxley en “Un mundo feliz”.

Pablo Cerda

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