Brace Up!

Chris Corsano & Bill Orcutt - Brace Up!

2018. Palilalia Records

Álbum que reúne un conjunto de vertiginosas creaciones que comienza con la exaltada pista que da nombre al disco, ‘Brace Up!’, breve pieza inundada por los repetitivos arpegios de la guitarra eléctrica de Bill Orcutt y las desarticuladas percusiones de Chris Corsano, una rauda inspiración que arroja un obstinado frenesí en sus instantes finales. Momentos poseídos por un ánimo caótico que se acentúa en el blues-punk de ‘Amp And Drum’ pero disminuye en pistas como ‘Double Bind’, ‘She Punched a Hole in the Moon For Me’ y ‘Love and Open Windows’, las que están dotadas de algunas secciones de cierto lirismo, bosquejos de melodías muy cercanas a la improvisación que aparecen y desaparecen entre el ímpetu y la velocidad.

‘Poundland Frenzy’, ‘Clapton's Complaint’ y ‘Bargain Sounds’ son tres pistas inferiores al minuto de duración y que gesticulan una herencia amplísima, una que adhiere a la genética del jazz libre de las guitarras de Sonny Sharrock y Derek Bailey, a la explosión y brevedad compositiva del hardcore de Circle Jerks, Minor Threat o Descendents, y también, al blues eléctrico y más experimental de John Fahey y Loren Mazzacane Connors. En ellas la púa de Orcutt se torna tan incalculable como el pulso de la batería de Corsano, una rítmica anarquista y ruidosa que se percibe también en el minuto y medio por el que se extiende la abstracción contestataria de ‘Paranoid Time’.

‘The Secret Engine of History’ y He Do the Police in Different Voices’ son, probablemente, las dos pistas más agresivas del disco, acercando la ejecución de las cuerdas al noise e, incluso, en la segunda de ellas, Orcutt deja escapar sus conocidas y expresivas galimatías, una voz ensimismada que se conecta con la rabiosa desilusión de ‘Paris Spleen’, baudelairiano título con que cierra un disco de sonido callejero y de urgencia frenética. Una turba enardecida avanza por las calles. Perros y humanos gritan coléricos entre el olor a mierda y orina de los rincones de la ciudad. En las pantallas de las tiendas, la televisión comienza a mostrar como a la gente la van matando, de una en una, lentamente, pero sin descanso.

Carlos Navarro A.

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