The Door To Doom

cenlemas disco

2019. Napalm Records

Tras del lanzamiento de “Psalms for the Dead” (2012), muchos pensaron que la historia de Candlemass llegaba a su fin. Menos mal que rompieron su promesa muchas veces durante estos años, incluso con EPs de por medio, porque habría sido una lástima perderse un suceso tan revitalizante como “The Door To Doom” (2019), disco que viene a conectarlos con la épica de esa joya fundamental del doom metal titulada “Epicus Doomicus Metallicus” (1986), hasta ahora el único larga duración con Johan Längqvist a la cabeza. Ni el paso a la inmortalidad evitó que el frontman abandonara el barco para dedicarse a su proyecto Jonah Hex, lo que dio paso a una seguidilla de vocalistas que igual dejaron su marca en la extensa trayectoria del grupo. Tomando el peso del legado en cuenta, era obvio que las expectativas se tomarían la tribuna y aparecerían los cuestionamientos. ¿Cómo sonará esta formación después de una separación de 33 años? ¿Cómo ha envejecido la voz de Längqvist? ¿Qué es lo que aportará este nuevo trabajo a la discografía? Las preguntas son legítimas, una vuelta a las raíces no implica necesariamente un resultado positivo.

Lo primero que hay que erradicar de todo análisis es la fantasía de un “Epicus Doomicus Metallicus” parte II. Eso es lo mejor de “The Door To Doom”, ya que caer en la caricatura hubiese sido decepcionante y, por ello, las diferencias quedan claras desde el primer momento. Donde el debut luce pétreo, crudo y barroso, el último esfuerzo de los europeos da cuenta de años de circo en los que pasaron por distintos estilos y aprovecharon de recapitular ciertos momentos de su historia con la voz que los vio nacer. ‘Astorolus - the Great Octopus’, con la majestuosa intervención de Tony Iommi, y ‘Black Trinity’ conservan el ADN clásico de la agrupación manteniendo la marcha paquidérmica del doom, mientras ‘Splendor Demon Majesty’ hace reverencia al heavy metal clásico con su riff trepidante y ‘Death’s Wheel’ cabalga para manejar bien las subidas y las bajadas de ritmo a puro groove, sobre todo durante el intenso solo de guitarra a cargo de Lars Johansson. De hecho, las seis cuerdas ejercen una tarea más que fundamental, llevando la combinación de acústica y eléctrica tan elogiada de “Epicus” al siguiente nivel en los intercambios de ‘The Omega Circle’ y más precisamente en ‘Bridge of the Blind’. A pesar de la corta duración de esta última, la balada permite apreciar lo bien que ha envejecido la voz de Längqvist gracias a sus melodías oscuras y su hálito mortuorio. En ese sentido, ‘Under the Ocean’ hace convivir de gran manera el lado más onírico con la agitación propia de su cariz más aguerrido. Por su parte, ‘House of Doom’ justifica con total propiedad el regreso del mítico frontman, ya que hace suya una canción que perteneció al EP del mismo nombre, pero que en ese entonces lideraba Mats Levén en las voces. Otra vibra, otro leitmotiv.    

Sin querer sonar exitistas, no hay duda de que “The Door To Doom” ya candidatea entre lo mejor del año en lo que a metal se refiere. ¿Muy temprano para tal augurio? Puede ser, pero es difícil no rendirse ante una formación que saca un trabajo tan contundente a más de tres décadas de su único registro juntos en el estudio. El disco número 12 de los suecos cumplió su misión de cerrar el círculo del averno para volver de manera gloriosa y tratar de conservar esa energía especial que el mismo Leif Edling extravió entre los gajes del oficio. Con todas las dudas erradicadas, las puertas del doom se pueden abrir tranquilamente para que Candlemass haga sentir su majestuosidad demoníaca en todo su esplendor.

Pablo Cerda

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