Tell Me I'm Pretty

Tell Me I'm Pretty

2015. RCA

Cage the Elephant no la tenía fácil. En el 2013, las aires de éxito aterrizaron en su ambiente, gracias al lanzamiento de “Melophobia”. La crítica fue unánime, de pie y en prolongado aplauso, misma reacción de sus seguidores. Al tener una atención mayor, los de Kentucky se dieron cuenta rápido del doble filo que significaba este escenario.

Para “Tell Me I’m Pretty” la consigna fue clara: No fallar ni tropezar. La primera medida fue cambiar de productor. En esta ocasión, en la sala no estaría su colaborador habitual Jay Joyce, sino que requirieron los servicios de Dan Auerbach, a estas alturas un ducho en eso de trabajar bajo presión: Su discografía con The Black Keys es una generosa prueba de eso. La acción fue un aviso de otro viraje, orbitando más de cerca al rock. Su inicio, con ‘Cry Baby’ y ese riff deudor total de ZZ Top, es una tarjeta de presentación y una advertencia: Podemos sonar crudos y naturales. Una apuesta a toda regla.

En los cerca de cuarenta minutos vemos a un Matthew Shultz cómodo bajo este nuevo panorama, dirigido con tino por Auerbach desde la consola. ‘Mess Around’ suda garage rock, se apropian del fuzz con sapiencia y desenfado en ‘Cold Cold Cold’ y la sombra de The Beach Boys ocupa cada recoveco de ‘Sweetie Little Jean’. Los mismos Black Keys se respiran en las venenosas ‘Punchin’ Bag y ‘Portuguese Knife Fight’’, rítmicas, provocativas y reflejo sonoro del dúo de Akron (en este disco, Auerbach hizo coros y tocó guitarra). El cantante se luce en varios pasajes, traspasando sensaciones y siendo más convincente. Una gran parte de la oscuridad de ‘Too Late to Say Goodbye’ es responsabilidad de él. Por otra parte, en la nostálgica y suave ‘How Are You True’, la guitarra acústica minimiza las pinceladas psicodélicas, que aún figuran en su ADN.

Para algunos, la cuarta placa de Cage the Elephant llegó para refrendar un gran momento. Sin embargo, ellos aprovecharon la oportunidad para probarse como músicos. Aunque el atrevimiento se podía vislumbrar en algunos instantes de “Melophobia”, el grupo de Kentucky demuestra el control de sus instintos y entregan diez canciones que huelen a transición. ¿La consagración definitiva? Llegará más adelante.

Jean Parraguez

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