Gravity

gravity bullet ofr my valentine

2018. Spinefarm

Debe ser difícil estar en estos momentos en los zapatos de Matt Tuck, el líder de los galeses Bullet For My Valentine, porque siempre que una banda tiene un cambio de sonido más o menos radical, las críticas arrecian y muchos fans dan vuelta la espalda. Si lo de BFMV siempre fue una base de sonido de metalcore melódico aderezado con elementos de heavy metal, thrash y hard rock para mantener fresca la propuesta, para su sexto disco de estudio “Gravity”, el cambio es bastante sustancial adoptando una sonoridad de rock alternativo que puede recordar el costado más eléctrico y guitarrero de grupos como Linkin Park y Papa Roach; y viendo las opiniones en redes sociales, claramente la movida ha sacando roncha, generando reacciones igual de radicales de amor/odio y de “lo tomas o lo dejas”.

Desde el inicio del álbum con ‘Leap Of Faith’ las sorpresas no se hacen esperar, pues el tema está lleno de sintetizadores y secuenciadores, con una batería que suena a programación más que otra cosa, y la electrónica apoderándose del track. Además la letra de la canción parece ser una revelación autobiográfica del cambio de sonido, por algo se llama “un salto de fé”, aunque viendo los resultados podría ser un salto al vacío. La fuerte presencia de secuencias se torna entonces en un denominador común del álbum pues ‘Over It’ también está llena de ellas, aunque aquí las guitarras de Matt Tuck y Michael Paget suenan más duras y el bajo de Jamie Mathias más sincopado, la batería de Jason Bowld sigue sonando a programación y Tuck mete algunos gritos desgarradores para no perder del todo la agresividad de sus discos anteriores.

Lo cierto es que luego del primer tercio del disco después de ‘Letting You Go’, el álbum se torna lineal y predecible; en ‘Not Dead yet’ hay un esbozo de himno juvenil de estadio, pero es más propicio para una rave electrónica que para un concierto de rock; en ‘The Very Last Time’ encontramos una balada soporífera y en ‘Piece Of Me’ un intento algo burdo de sonar como Deftones; el problema es que el patrón sonoro se repite casi sin variación en las siguientes canciones, y sólo cuando la placa alcanza el tema número diez, ‘Don’t Need You’, viene un remezón fuerte, con una subida de adrenalina que da gusto, a puro metalcore veloz y agresivo, donde si encontramos al Bullet For My Valentine habitual y reconocible; no extraña entonces que este sea el único tema del disco producido por el gran Colin Richardson (Carcass, Machine Head, Slipknot), quien ya trabajó con la banda en su último y aclamado “Venom” (2015). Del resto del disco se hizo cargo de la producción el desconocido Carl Bown, quien también participó en la composición de varias canciones, lo que algo debe tener que ver sin duda, en el cambio estilístico y sonoro.

Ya lo decía hace miles de años atrás Gene Simmons, esa máxima de que “no importa que hablen bien o mal de tu banda, lo que importa es que hablen”, y sin duda, este “Gravity” ha traído una ola inmensa de comentarios (en su gran mayoría negativos), asociado a un período de cambios gigantesco en el seno de la banda, no sólo de sonido, sino también de sello discográfico ya que de RCA pasaron al más pequeño sello finlandés Spinefarm; de baterista, pues debuta en este disco Jason Bowld ex Pitchshifter, que reemplaza a un miembro fundador de la banda como Michael Thomas (¿se habrá ido porque no le gustó el cambio de sonido?), y aunque la final ‘Crawling’ es otro tema bastante agresivo y rescatable del álbum, el saldo final es que nos encontramos con un gran paso en falso de la banda y que las alas de la portada son para amortiguar la caída. Ya veremos si “Gravity” marca un nuevo camino sonoro de aquí en adelante o si sólo será un raro y aislado experimento, de esos que se escriben con la mano y se borran con el codo.

Cristián Pavez

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