Built For Speed

Built For Speed
1982. EMI

Son muy pocos los artistas que logran convertirse en éxito y mantenerse como un fenómeno completamente aislado. Ese fue el caso de los Spray Cats, el trío conducido por Brian Setzer y que completaban Lee Rocker y Slim Jim Phantom, que revivió el rockabilly a inicios de los ochentas, cuando el heavy metal era lo que estaba comenzando a marcar pautas para el resto de la década. Si bien es cierto que su carrera no fue muy larga como grupo y que su influencia en futuras agrupación sería moderada, no podemos dejar de reconocer el mérito de estos tres.

El rock & roll con gusto a años cincuentas nunca pasará de moda, y he aquí la mejor prueba de aquello. Eddie Cochran, Bill Haley o el mismísimo Johnny Cash son nombres que se me vienen inmediatamente a la cabeza cuando le pongo play a “Built for Speed”. Aclaremos que este LP no fue un lanzamiento “original” en su momento. Fue armado en base a los dos primeros trabajos de los Stray Cats: el homónimo debut y “Gonna Ball”, ambos de 1981, publicados exclusivamente en Inglaterra. Sí, para variar fue en el Reino Unido donde la nueva propuesta del rock americano gozó de la aceptación del público, antes que en su país de origen.

Tras esos dos discos, volvieron a EEUU, publicaron este “Built for Speed” y pegaron el palo al gato. De seguro, casi todo lo que se escucha en el álbum te genera la sensación de “esto ya lo he escuchado antes”. Sí, de seguro. Música añeja dirán muchos. Pero, para aclarar de entrada, casi todo lo que se oye en esta placa, son composiciones originales. Con referencias evidentes, sí, pero con el atrevimiento para hacer algo nuevo. Ese es el punto de partida. Por eso, un temazo como ‘Rock this Town’ no pasa inadvertido. Es fácil de imaginar mujeres con faldas hasta el piso y cintillos gruesos bailándola. Un soplido de aire fresco entra a tu habitación, ratificando que no es necesario que la música sea tan “actual” para rejuvenecerte el espíritu. Una maravilla, llega a ser enfermante lo perfecta que suena.

‘Built for Speed’ es la que más suena a Johnny Cash, y no puede ser casualidad que sea la que le da el título a la placa. ‘Rev it up & go’ se engancha de los riffs a la New York Dolls para mostrar algo un poco más actual instrumental, aunque la voz de Setzer está grabada desde una bodega de almacenaje o algo así… retro. Pero qué buena melodía.

‘Stray Cat Strut’ es seguramente la joyita de la carrera de los Stray Cats. Suena como si tuvieran encima 30 años de carrete musical. Lo dice un verso de la canción: “I got cat class and I got cat style”. Cambiemos la palabra “cat” por “maestro” y ¡bingo! Acá está el gran argumento del reencanto por el rockabilly: hacerlo con clase y con estilo. No me cabe duda que ésta debe ser una delicia para Álvaro Henríquez y probablemente el resto de Los Tres, seguidores del rockabilly de vieja guardia. El bailable, es cantable, es inolvidable…

‘Little Miss Prissy’ me hace acordar de una frase que leí en Internet buscando sitios de fans de los Stray Cats: “lo único que quiero es subirme a ese auto de mierda y escuchar a los Stray Cats”. Con ese riff, con ese coro casi beatlesco y con ese gran solo de Brian Setzer (un as de las seis cuerdas), se te olvida casi todo lo que te rodea, te abstraes a un mundo que evidentemente no es el que vivimos actualmente, con una música que no tiene por donde aparecer por nuestras radios y que difícilmente vuelva a encantar a la juventud en el corto plazo.

‘Rumble in Brighton’ juega a tema de banda sonora de James Bond. ‘Runaway Boys’ fue uno de los mayores éxitos del trío gracias a esa sensación de peligro que genera. Es la gracia de este disco: es un rockabilly un poco más pandillero. ‘Lonely Summer Nights’ es mucho más soul, tipo wurlitzer de principios de los sesentas, en que la música aún era interpretada por orquestas, no por “bandas”. ‘Double Talkin’ Baby’ es un cover de los años cincuentas, pero da lo mismo, acá suena como una más. Una irresistible canción más. ‘You don’t Believe me’ blusea un poco el asunto, y nos hace toda lógica que así sea. Al final esto se transforma en un viaje al fondo del océano del rock… ‘Jeannie Jeannie Jeannie’ suena mucho más garage (tal vez por la versión de los Sonics, imposible de sacársela de la cabeza), y ‘Baby Blue Eyes’ termina la fiesta bien arriba.

De los discos que pueda considerar “clásicos”, éste debe ser de los pocos que brilla como concepto, sin ser conceptual, y que no posee canciones que se desmarquen tan categóricamente. Es mucho más “una experiencia que hay que vivir” que “un disco que tiene que escuchar”. Los más fanáticos te van a decir que se vayan al rockabilly original, de hace 50 años. Pero no nos engañemos, lo actual tiene el plus de un sonido mejorado, que termina haciendo un álbum como “Built for Speed” mucho más digerible a la primera. En el mismo tiempo en que The Clash azotaba Londres con ‘London Calling’, los Stray Cats se hacían un nombre con ‘Stray Cat Strut’. Una dupla que podría no tener nada que ver, pero que si le ponen atención, justifica totalmente el valor del disco que acabamos de comentar.

Juan Ignacio Cornejo K.

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