Sex Tape

Sex Tape

2017. Trost Records

La agresiva improvisación desarrollada por el eterno vientista alemán Peter Brötzmann junto a la espigada estadounidense Heather Leigh en pedal slad guitar, se instituye como continuación inmediata de lo realizado por la dupla en “Ears Are Filled With Wonder”, primera breve publicación llevada a cabo en el recién pasado año 2016, una especie de aperitivo de lo que se realiza en los cuarenta y siete minutos de la única pista que puebla este “Sex Tape”, álbum de caratula expresamente orgásmica y en el que el dúo perfecciona el concepto, lo recorre en todo su territorio, desde sus grietas hasta sus cimas, en todos sus espacios, disipándose o colmando secciones, ejecutando una compleja e intelectualmente abstracta idea, una saturada de extremismo y sensualidad.

El plano se abre con un Brötzmann siempre en plenas capacidades. El saxo alto que porta a sus setenta y seis años no ha perdido un ápice de su ferocidad. Sin embargo, en dicho inicio eleva notas elegantemente formales, un capricho que solo lo da la inmortalidad. Su anhelo, que se vuelve violento y salvaje, es acompañado por una Heather Leigh agudamente expresiva, el envolvente sonido de su particular instrumento (de doce cuerdas horizontales manipulado a través de pedales de técnico funcionamiento), transmite una ansiedad trepidante e incisiva, pero que se suaviza al llegar al primer tercio de la extensa improvisación. Los etéreos acordes de Leigh se acercan a un paisaje ambiental donde el sonido se diluye entre su propio eco, en una especie de alucinación solo interrumpida por el clarinete de Brötzmann en una ejecución inusitadamente tradicional.   

Minutos antes de la media hora de improvisación, la dupla se da tiempo para escucharse mutuamente. Primero el alemán, nuevamente en saxo alto, quien desarrolla un solo de rabiosa velocidad, y luego, Leigh se desenvuelve en acordes de una psicodélica tibieza, de una natural sensualidad, como requiriendo la voluntad penetrante de un Brötzmann que vuelve esta vez con tarogato (en la versión moderna del antiguo instrumento de viento turco) y la gravedad de su timbre. Los minutos finales de “Sex Tape” son de éxtasis y delirio. Una cima convulsiva de cierta tensión, una que incluso escapa de lo meramente musical. Una imagen erótica, que impacta carnal y obscena: “Cae el agua, como una espada en gotas, como un desgarrador río de vidrio, cae mordiendo, golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del alma, rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro”.

Carlos Navarro A.

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