Live

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2008. Nonesuch

A lo largo de su carrera, el pianista Brad Mehldau ha ido dejando en claro que es uno de los grandes exponentes del jazz actual. Los quince discos propios, más sus colaboraciones con otros grandes del género como Joshua Redman, John Scofield, Michael Brecker, Charlie Haden, Chris Potter, solo por nombrar algunos, marcan una exitosa carrera que se ha venido forjando desde comienzos de los años 90, con un joven músico, que en ese entonces, recién pasaba la barrera de los 20 años. 

La formación musical del pianista abarca la música clásica y el jazz. Al momento de hablar de sus influencias podemos decir que estas a van grandes rasgos desde Brahms, pasando por Keith Jarret hasta llegar al sonido de nuestra época con grupos de rock como Radiohead. Bajo esta amplia mezcla de estilos Mehldau abarca su música, otorgándole a ella un sello propio, en nuestros días reconocido y alabado por muchos.

El nuevo álbum del reconocido trío de Brad Mehldau, compuesto además por Larry Grenadier en contrabajo y Jeff Ballard en batería, recoge una grabación en vivo registrada en el Village Vanguard de Nueva York entre los días 11 y 15 de octubre del año 2006, recopiladas en dos discos los cuales presentan de forma exacta dos sets en el mismo orden en que fueron presentados.

El repertorio está compuesto por doce composiciones de las cuales cinco corresponden a la autoría del pianista y el resto son tomadas de distintos músicos y compositores como John Coltrane, Jimmy Heath, Ray Noble, entre otros. Además, como es habitual en las presentaciones en vivo de Mehldau, se incorpora también repertorios del rock contemporáneo, tal como lo hemos escuchado en varias ocasiones con canciones de Radiohead. Sin duda una característica muy atrayente del pianista quien se ha matriculado con elegantes interpretaciones, dotadas de una nueva visión y texturas, integrando al jazz lo que podríamos llamar como nuevos standars, con la particularidad de que provienen del rock. 

De esta forma el corte que abre la presentación en directo es “Wonderwall”, la conocida canción del grupo Oasis, en la cual por medio de una enérgica interpretación el trío nos ofrece una versión fresca e intensa, muy eficaz y atrayente. La característica principal  es el groove con el cual es abordado el repertorio. En palabras del propio Mehldau la idea es extraer la última nota del patrón del contrabajo, con lo cual este queda más corto que el metro predominante, de tal  forma que al dar la vuelta se va acoplando con la batería y el piano en distintas partes cada vez que va repitiendo la figura. Un ejercicio que por supuesto genera una sensación muy particular, otorgándole un toque muy interesante y dinámico. Siguiendo con la faceta rock, más adelante podemos encontrar uno de los temas emblemáticos de los años 90, como es “Black Hole Sun” de Soundgarden. En esta oportunidad, la pieza cambia casi por completo, sólo reconociéndose algunas de sus partes y su melodía característica. Su comienzo es reposado y delicado, la melodía en un principio es llevada por el piano pero luego es pasada al contrabajo, siempre manteniendo un toque muy reservado.

La improvisación comienza a entrar de a poco hasta que se apodera del corte por algunos minutos, luego, por unos instantes vuelve la melodía característica, pero casi inmediatamente comienza otra rueda de improvisación  esta vez un poco más reposada. Después de varias vueltas la onda del corte cambia drásticamente, se hace mucho más desordenado, hasta llegar otra vez a una frase característica de la canción esta vez hecho por el contrabajo, pero tal como llegó de improviso se comienza otra vez a desmoldar y a crear una nuevo mundo, con la batería llevando un swing siempre muy enérgico. En definitiva, en 23 minutos y medio, el corte se convierte en una verdadera aventura en la cual se hace y desase al antojo del trío, por supuesto con Mehldau a la cabeza guiando los pasajes a seguir, los cuales en algunos momentos se vuelven irreconocibles, totalmente distinto al comienzo y al tema original.

En “Ruby’s Rub”, una de las composiciones de Mehldau, llega el swing  en un corte con un sello algo más clásico. El propio pianista reconoce la influencia de Thelonius Monk en la composición de esta pieza, en la cual su sello está plasmado en la forma en que se presenta el motivo, la rítmica, los arreglos de la melodía en el puente y la armonía de la coda. Otra de las composiciones originales corresponde a “Secret Beach”, una pieza aparecida el año pasado en el disco en colaboración con el guitarrista Pat Metheny. Una bella balada de abundante delicadeza y de un trabajo de matices muy bien logrado. Su intensidad presentada de principio a fin deja en claro que sin duda es una de las mejores del álbum.

“C.T.A” es una pieza de mucho swing, enérgica y acelerada, perteneciente al saxofonista Jimmy Heath. Su característica principal son las intensas improvisaciones presentadas por los tres músicos. Larry Grenadier es quien comienza la rueda entregándonos en el contrabajo un intrépido despliegue de velocidad y energía combinado perfectamente con elegancia y robustez, particularidad que mantiene durante todo el corte con el walking con el que acompaña. Brad Mehldau tal como nos tiene acostumbrados, se pasea con soltura y dominio por las teclas, ofreciendo pasajes e ideas con mucho swing y energía. Por último, Jeff Ballard en batería nos concede una soberbia ejecución dotada de vigor, creatividad y precisos redobles y platillos que solo reafirman su vitalidad y excelencia como gran baterista.   

Otra de las interpretaciones corresponde a “O Que Será”, la conocida composición del brasileño Chico Buarque. En esta ocasión, el trío nos deleita con una versión muy reposada y melancólica, que logra rescatar de principio a fin la sensibilidad de la letra y melodía de la pieza original. Al final de la presentación nos encontramos con una magistral versión de “Countdown” del gran John Coltrane. Su comienzo está creado por una electrizante introducción de piano muy enérgica, audaz y laberíntica. Luego de los  intensos minutos solo de piano, el trío entra de lleno con la presentación del tema para luego comenzar, por medio de la improvisación de Mehldau, a pasearse por distintos lugares comenzando enérgicamente, luego pasar delicadamente a reposar por unos breves instantes, retomar el dinamismo en lugares más extraños en donde la improvisación se vuelve algo mas libre y extrema para finalmente reencontrarse con la misma energía y camino del comienzo. Sin duda un gran paseo que une los distintos pasajes de forma natural, transformándose en uno de los cortes que mejor confirma la eficacia y conexión adquirida por el trío.

Los 156 minutos de música que nos presenta el trío en este doble álbum podrían parecer exagerados y agotadores, pero al contrario, logran eficientemente mantener la atención de comienzo a fin, con grandes interpretaciones que envuelven y confortan. Un grupo de lujo que en pocas palabras nos entrega una exquisita muestra de belleza, intensidad y pasión.

Ilse Farías A.

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