Bitchin Bajas

Bitchin Bajas
2014. Drag City 
 
En un mundo que corre a un ritmo despiadado, la música basada en drones se transforma en un oasis donde detenerse, refugiarse y conectarse con uno mismo y con el entorno. Esto, que parece una tarea épica y pretenciosa, no resulta hoy desarrollando complejas obras repletas de notas, sino todo lo contrario: enfocando y profundizando en lo mínimo, desafiando al tiempo y la manera en que entendemos hoy la comunicación (como hiper-expresividad, solo en el aspecto cuantitativo de la información). Desarrollando la conciencia del sonido conectado con el espíritu.
 
Lejos de una vocación de monjes, Bitchin Bajas emerge en esta nueva entrega aproximándose a los aspectos más meditativos del minimalismo drone; declarando, de paso y en actos, su amor y homenaje a los maestros que desde los sesenta irradiaron a la música popular occidental la repetición y la contención heredada de ciertas músicas de Oriente. Qué mejor ejemplo, en este caso, que el tema de apertura de este quinto disco homónimo del trío de Chicago: ‘Tilang’, desde la mezcla orgánica y electrónica (cuerdas, vientos, teclados), destila ragas en superposiciones, que recuerdan en su desarrollo no solo a Terry Riley (ahí están también ‘Orgone’ o Asian carp’, donde además exploran el gamelan), sino también a episodios acústicos como Musica Elettronica Viva.
 
En esta ocasión, Cooper Crain, Dan Quinlivan y Rob Frye dejan de lado la densidad de “Tones & zones”, el exotismo de “Vibraquatic” y la expresividad ambient y prog de “Bitchitronics”, algunos de sus trabajos anteriores, para sumergirse en una faceta diversa en su uniformidad, porque a lo ya referido se suman interacciones con grabaciones de campo (pájaros, agua, viento) en ‘Field study’ (incluso con un pulso abstracto hacia el final), electrónica circular en ‘Brush’ y mántrica en ‘Pieces of tape’, y más movimiento y variación a través del saxo en ‘Bueu’. 
 
Editado en doble LP y en casete, lo nuevo de Bitchin Bajas es al mismo tiempo invariante y fresco, porque cabalga en los latidos cósmicos que contienen el tiempo y espacio de la humanidad, a la vez que expresa con minucia composicional las exploraciones de los diversos músicos que, a lo largo del siglo veinte, recorrieron el camino de la contemplación hacia lo mínimo. 
 
Cristóbal Cornejo 
 

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