Big Whiskey And The GrooGrux King

Big Whiskey And The GrooGrux King
2009. RCA

Ahora sí que Dave Matthews encontró una justificación para acentuar su obsesión con el tema de la muerte, a partir del hecho que “Big Whiskey and the GrooGrux King” es el álbum que le sucede al fallecimiento inesperado del miembro fundador y saxofonista LeRoi Moore, en quien está inspirada la segunda parte del título de este nuevo álbum y también su portada mientras que el espectro del propio Leroi se escucha en la partida instrumental, un track llamado ‘Grux’, y al final del disco en forma de loop al final del último track titulado ‘You & Me’.

Este es un álbum producido por Rob Cavallo (el hombre detrás de Green Day aunque mucha gente olvida que ha trabajado con Goo Goo Dolls, Alanis Morrissette o Jewel) y por eso quizá suena como un paso atrás a los tiempos del popular y muy pulido “Everyday”, distanciándose por ende del anterior “Stand Up”. Llama de inmediato la atención la profusión de electricidad y complejidad zeppeliana en la guitarra de Matthews en temas como ‘Shake Me Like a Monkey’, que rememora al DMB de los '90 repleto de esa lírica cuasi provocativa y sarcástica que le resulta tan natural y también en ‘Alligator Pie’, una oda a Nueva Orleans y a la hija de Matthews, tema en que se logra capturar esa esencia eléctrica de las performances en vivo.

El escenario, más que el estudio, es el lugar en que Dave Matthews Band siempre ha brillado con mayor potencia. Al igual que Grateful Dead, los abuelos de las bandas de jam, o sus contemporáneos Phish, a esta banda le cuesta entrar a la convención estructurada de la grabación de un disco y reflejar en este formato su potencia y versatilidad del en vivo.’Squirm’ es el mejor tema del disco por su ambición que se refleja en su aura oscura y orquestada, una canción sutilmente amenazadora que recuerda que la DMB aún puede sugerir grandes e inspirados momentos, nuevamente citando esa magnificencia oriental a la Led Zeppelin.

Lo que esperamos de una producción de DMB aparece a poco correr los tracks del álbum: una apuesta segura de un producto confiable. Como en la mayoría de sus predecesores, sabemos qué esperar de este “Big Whiskey”, un registro perfectamente diseñado, de ejecución profesional y de competencia musical avanzada, canciones que a veces caen en lo soporífero y lo predecible, pero, en fin, esto es característico del catálogo Dave Matthews y más aún lo es un tema como ‘Why I Am’, que fácilmente podría ser considerada como un próximo single si es que ya no lo es.

Aunque casi todas las estrofas de canciones y partes instrumentales están plagadas de polirritmias y complejas claves o notaciones rítmicas, al menos en los coros reconocemos el buen oído de Matthews para componer aún temas pegajosos. Ejemplos son el medio tiempo -plagado de rúbricas complicadas- del primer single llamado ‘Funny The Way It Is’ con su crítica social incluida, y la balada melosa en ‘You & Me’, una elaboración romántica en el tema del amor maduro. Como uno de esos temas más vigorizantes llega ‘Seven’ y su funk sincopado y la excelente ‘Time Bomb’, en donde destaca vocalmente ocupando una voz gritada que rara vez se le oye. Aquí se le oye tal como en su trabajo solista de cinco años atrás, quizá porque el tópico de la canción es la locura y la cordura al mismo tiempo.

Muy a menudo el disco se balancea peligrosamente al lado adulto contemporáneo como se evidencia en la saturación y afectación gratuita de ‘My Baby Blue’, y en la soñadora pero dormilona ‘Lying in the Hands of God’, en donde pareciera acercarse al terreno de un Sting, y la muy predecible ‘Dive In’. Se trata de momentos en que dada la versatilidad musical de esta agrupación y la entendible ambición estílistica por texturas jazzy elegantes en sus temas, resultan en algo más bien blando, emotivo y todo pero falto de urgencia por no decir carente de bordes filosos.

Como que a la DMB les falta algo de lo que tenían en tiempos de esos temas como ‘Trippin Billies’, ‘Ants Marching’ o ‘What Would You Say’, o sea una dinámica alegre y urgente que ahora entre tanto luto y madurez -esta última palpable en sus producciones de esta década- se ha ido perdiendo. Igualmente los fans avezados inevitablemente van a comulgar con esta catarsis de sentimientos desplegadas en “Big Whiskey and The Groo Grux King”. Nunca un homenaje póstumo había estado mejor tocado, descansa en paz Leroi.

Alfredo Lewin

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