Nihil Per Saltum

Baikonur

2018. LeRockPsicophonique

En las últimas décadas, el post rock ha visto fertilidad. Bandas como Sigur Rós, Mogwai, Explosion in the Sky, Tortoise, han puesto el género en planas mejor posicionadas que las del alejado underground o la de nichos dedicados a melómanos obstinados con tener el disco de una banda desconocida por todos. Y aquella proliferación también ha visto resultados en nuestro país: Baikonur aparece en 2011 como uno de sus buenos defensores de este género. Cinco años después de su sólido debut (“¿Quién vigila al hombre cansado?”), el quinteto integrado por Carlos Astorga (guitarra, sintetizador), Rodrigo Nanjarí (guitarra), Daniel Guzmán (guitarra), Marcelo Venegas (bajo, samples), Ariel Acosta (batería, sintetizador, secuencias) lanzó “Nihil Per Saltum”, ocho mantos atmosféricos de pulcro trabajo.

La llegada de Marcelo Venegas en bajo (quien además mezcló el disco) y la incorporación de sintetizadores son la principal diferencia de esta entrega, donde los cortes de carácter instrumental transitan por cambios de ritmo e intensidades que van variando. Al igual que en el primer álbum, el inicio carga pasajes de penumbra. ‘Prometeo’ aparece con sonidos sombríos, que luego derivan en algunos arpegios de texturas oscuras. Cuando el corte llega a la muralla de distorsión alcanza su plenitud. La afinación alternativa en las guitarras (C-G-D-G-B-E) otorga brillantes tonos bajos que hacen que los riffs destaquen en profundidad. ‘Petricor’ una de las dos más largas, comienza como un simple indie que va mutando a medida que avanza. Para la parte final, luego de explorar unas líricas grabadas, el corte pareciera haber pasado por cuatro canciones distintas sin soltar el punto inicial. Es quizás el más destacado del disco. ‘Versus Kaspárov’ parte con un desfile de arpegios, que se transforman en tejidos que van dejando pequeñas melodías de guitarras.

En esta pasada, Baikonur explora las canciones en plenitud. Asimismo, son certeros en poner nombres de alto nivel, pasando por la mitología griega (‘Prometeo’), por el maestro del ajedrez (‘Versus Kaspárov’) o por un test de ciencia ficción (‘Voight-Kampff’). Pero como en todos los instrumentales, a ratos da la sensación de estar en una larga jam, que puede terminar resultando tediosa. El quinteto hace gala de los trabajos en las cuerdas, quizás abusando de los arpegios. ‘Santiago Epsilón’ pone un manto reflexivo y ‘Voight-Kampff’ comienza con un interesante riff cercano al niu metal; ‘El Fin de La Infancia’ baja el telón con un track de épica nostalgia. En su segunda entrega, Baikonur explora su madurez y muestra que su universo está en constante expansión. Dos señales que el camino va bien dirigido.

Juan Pablo Andrews

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