Discutible

Babasonicos

2018. RCA

En el ojo masivo desde inicios de siglo -con la explosión de “Jessico”-, los últimos años de Babasónicos han sido cuestionados por algunos fans y críticos. Que ya estaban con el piloto automático, decían unos. Que hace bastante no publican una canción notable, decían otros. La verdad es que varios darían un brazo por lograr sacar joyas como ‘La lanza’, ‘Deshoras’ o ‘Los burócratas del amor’ en un momento supuestamente poco auspicioso. Con cerca de tres décadas de funcionamiento, la única etiqueta que se puede calzar el conjunto argentino es la de un clásico, además vigente y propositivo. Está bien, supongamos que la banda estuvo en un “mal momento”. En ese caso, digamos que “Discutible” es un regreso a la altura, porque nuevamente nos muestra a una banda despierta, con la varita mágica intacta para enhebrar melodías en varias canciones notables, cuestionando todo pero sin dar una respuesta definitiva, ya marca de agua de los trasandinos.

Quizás por primera vez, un título de un disco de Babasónicos sirve como una declaración de principios. El adjetivo es un advertencia, pero también una invitación. Sabemos que los nombres de sus canciones no proyectan de forma directa, sino que sugieren o te llevan por la tangente. Adrián Dárgelos es un mago en esto de apostar por la confusión, pero también podría ser que gusta de otorgar la libertad de que cada uno saque sus propias conclusiones, haciendo gala de sus escasas ganas de tener que explicar lo que compone (como lo ha dicho en más de una vez). “No llores como un niño, abraza la oscuridad. Y recuerda siempre que ella viene por nosotros”, afirma en ‘Adiós en Pompeya’. “Vengo a ofrecer mis atributos, mi misión y doy mi voz a la causa”, sentencia en ‘Orfeo’. Dárgelos considera el misterio un recurso, y las canciones un vehículo para desplegar sus muchos personajes, los que ya conocemos y que continúan llamando la atención. Es socarrón (“Sé que no es cool admitirlo, por eso me gusta ponerte incómodo”, canta en ‘Trans-Algo’) y un perdedor (“Tengo problemas y los resuelvo mal, no soy un premio para nadie”, dice en ‘Cretino’); si quiere dar lecciones encuentra las palabras adecuadas (“¿Desde cuándo sabes quién es cada quién? No vine a criticar a nadie”, sentencia en ‘Un pálpito’) y sostiene una crisis (mundial y personal) en ‘La pregunta’. El cantante sigue en estado de gracia, un letrista sofisticado y un charlatán de metáforas. Entrega todo lo que se espera de él sin ser predecible.

¿Y la música? El ejército Babasónico transita con experticia por el pop de corte ochentero (‘Bestia pequeña), hace la pista de baile un hogar (‘Teóricos’), es minimalista con toques electrónicos en esa genialidad llamada ‘La pregunta’, pontifica con el rock psicodélico en ‘Adiós en Pompeya’ -gracias a esas guitarras de Mariano Roger- y estrujan el ADN Rolling Stones en ‘Cretino’; de repente se huele una guitarra à la Nile Rodgers en ‘Ingrediente’. Las referencias abundan a lo largo de “Discutible”, o quizás no. Con Babasónicos nada se da por sentado, ya que todo se debe percibir desde planos y perspectivas distintas. El título dice mucho esta vez, pero el halo de misterio es una figura permanente. El grupo volvió con un gran disco, como casi siempre.

Jean Parraguez

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