Asia

Asia
1982. Geffen
 
Los análisis, ya sean de música y cultura tanto como de las sociedades y sus momentos históricos y políticos, se deben encauzar bajo el paradigma del contexto. Este vital elemento dilucida, aclara el panorama del que tiene la labor de fragmentar un todo a su más pequeña expresión, para luego rearmarlo bajo su mirada segura, cómo en algunos casos mas en otros, valederos y hasta valientes conclusiones de una tesis inicial que, en este punto y álbum particular, resulta una tarea dudosa y podría decirse, hasta tendenciosa.
 
Finales de los años setenta. Los grandes clásicos del rock progresivo -y en este caso englobo a todos los que géneros y subgéneros que se conocen-, pasan por una crisis de rotación medial y de audiencia a escala mundial. Las radios, por una parte, ven que la fórmula de los “dinosaurios” se agota y se torna más compleja, lo que naturalmente no es bien mirado en los altos ejecutivos en aras de apuntar hacia un formato más “comercial”, que fuese de gancho inmediato para levantar las parrillas musicales y refrescar, en lo mínimo, a un movimiento que estaba en franco deterioro, además de percibir mayores ganancias con ello. Los hippies, la psicodelia, todos movimientos de características globales, que enlazaban una forma de vida detrás de manifestaciones culturales, dejaba el planeta. La revolución del ácido y  la de las flores no resultó.
 
En esos tiempos, surgieron casi de forma instantánea los punk. De forma significativa, este movimiento remeció dos aristas: primero, la social-política, al plantearse directamente en oposición al sistema (aunque por motivos de contingencia, como la situación laboral en Inglaterra o el advenimiento de la crisis de los ochenta en los Estados Unidos). Al mismo tiempo, el punk se gestó como un movimiento cultural, en el que la música (que es lo que nos atañe) se simplificó, como señal de protesta ante la “pomposidad” del rock (alusión indirecta al progresivo), y permitió que todos los que quisieran se acercaran al mundo de la música como medio de expresión; ya no sólo los “ilustrados” podían escribir. También el “populo” puede.
 
En ese sentido, el punk, el post-punk y el new wave, como movimientos artísticos de carácter masivo, sellaron para siempre la suerte del rock progresivo. Finales de los setenta y comienzos de los ochenta fueron, para los fanáticos del género como también para las mismas agrupaciones, un período oscuro: King Crimson termina el 75 con “Red”, en Yes se entabla una batalla legal por el nombre entre Squire y Anderson, ELP se separa el 78. Es decir, toda una serie de cadáveres, mientras los Sex Pistols, Ramones, Blondie y un largo etcétera en el entran las emergentes estrellas del pop de los ochenta, sepultan a estos músicos en el olvido.
 
Curiosamente, sin embargo, el año 1981 King Crimson lanza “Discipline”, en el que se mueven, aún en el espectro de la experimentación, hacia un formato similar al de, por ejemplo, Talking Heads. Yes, ese mismo año y tras finalizar la batalla legal por el nombre, edita “90125”, que se convierte en uno de sus álbumes más vendidos, dando pistas del sonido más orientado al pop pero no como lo hizo King Crimson. Lo de Yes, así también lo de Genesis con “Abacab”, también el 81. El trío (Collins, Rutherford y Banks) se orientó más al pop comercial, dando uno de los grandes hits en la carrera como trío de Genesis.
 
Eso hizo que, nuevamente, las radios y con ellos la audiencia girara hacia el progresivo. Claro es que los fanáticos más antiguos veían con preocupación y hasta con enojo, como sus ídolos de antaño dejaban de lado las complejidades de sus particulares propuestas para “venderse” (un apelativo muy común a masificarse, para un fan). Y este fenómeno permitió a que estos “dinosaurios” ganaran espacios y audiencias nuevas, además de un proceso propio de refresco de propuesta, necesitado por algunos, por otros como paso natural en su discurso musical (como el caso de King Crimson, por ejemplo, que su ejemplo es el paso lógico, no un refresco).
 
El mayor éxito, sin embargo, no vendría hasta 1982, año en que Asia irrumpe y cambia el destino no sólo del rock progresivo de la década de los ochenta. También se le puede atribuir, con proporciones, el hecho de que la industria creara el “Adult Oriented Rock” (AOR) como mecanismo de competencia y de saturación de un mercado que, algunos, veían como se les iba de las manos. Asia permitió casar, de forma definitiva, la pomposidad y el sentido épico del progresivo más puro con los arreglos en formato canción, lo que sin duda alguna fue un golazo por donde se mire.
 
Y aunque muchos se basaron en la premisa de que Asia, con la comunión de grandes héroes del progresivo de antaño como John Wetton (pieza fundamental de King Crimson de la era “Red”), Steve Howe (el maestro de las seis cuerdas de Yes) y Carl Palmer (baterista del primer trío de rock progresivo, ELP), sería una especie de “vuelta a las raíces” o el nombramiento casi inmediato de “supergrupo”, lo cierto es que ninguno de los nombrados se puede adjudicar la comunión y construcción de Asia como tal. Eso cae en la persona de Geoff Downes, tecladista que reemplazó a Rick Wakeman para el disco “Drama”, de Yes, como también mitad del grupo pop The Buggles.
 
Y “Asia”, el primer álbum de la banda, editado en 1982 y bajo la producción de Mike Stone (Queen, Jouney, Whitesnake, entre otros), se transformó en un verdadero golazo, tanto de calidad artística como en los charts de la época. El tema que abre este cedé, ‘Heat of the Moment’, se convirtió de inmediato un himno del rock de principios de los ochenta, llegando a estar en el número 1 de la billboard de 1982. La construcción y los arreglos, la mezcla de un estribillo poderoso con un coro ganchero fue letal: ‘Heat of the Moment’ se transformó en un clásico.
 
Pero ese no fue el único tema que Downes, Howe, Palmer y Wetton colocaron en los charts de la época. ‘Only Time Will Tell’ también alcanzó puestos entre los diez primeros singles. Y eso no debiera sorprender, pues se conjugan elementos como lo épico y técnico del progresivo, pero con arreglos de formato pop, que resultan en un tema muy bien balanceado; De la misma forma funciona otro insigne: ‘Sole Survivor’, pero este tiene más tinte épico, por lo mismo, una mayor fuerza.
 
‘One Step Closer’ es una tonada en estilo pop, como todo el largaduración, pero con unos arreglos en teclados y en voces soberbios. Por otra parte, ‘Time Again’ es la más cercana al rock progresivo en propuesta. No hay que olvidar que Asia enfoca todos sus arreglos al un pop comercial, pero enmarcándolo dentro de ciertos patrones del progresivo: la prominencia del teclado, por ejemplo, o las progresiones de la voz de Wetton.
 
De esta misma forma se desarrolla todo el contenido de ‘Wildest Dreams’, con una línea melódica ágil y dinámica, mientras los arreglos de voz de Wetton son notables; ‘Without You’, por otro lado, es más pausada pero con timbres más épicos y grandilocuentes. Los teclados de Downes y Steve Howe, quien imprime su estilo de manera excelente en este corte, moldean la lírica de Wetton y dan el ambiente preciso para esta canción.
 
Finalizando este elepé esta ‘Cutting It Fine’, track que es el más progresivo en cuanto a instrumentación y estructuración. Los arreglos de guitarra clásica de Howe dominan el principio del tema, y luego todo decanta en una muy buen lograda canción que mezcla los arreglos heredados del progresivo en un formato canción más “comercial”; ‘Here Comes the Feeling’ es, sin duda, otro de los grandes clásicos de Asia. Similar al primer track, con esa misma aura de grandiosidad, los arreglos en pos al formato canción es el equilibrio perfecto para construir, a mi juicio, a un excelente tema de esta placa, que da un final más que apropiado al registro.
 
Con Asia, una nueva audiencia se generó: esa que, disfrutando de arreglos más bien simples, aún podían apreciar ciertas complejidades del formato canción. Además, se generó un espectáculo masivo, el denominado “Rock de estadio”, en el que la grandiosidad del tema quedaba justo en el paladar del asistente, además que la fuerza de la misma propuesta era precisa para llenar grandes arenas y masificar aún más el mito de Asia (si se puede decir así) y las glorias del viejo y “extinto” rock progresivo o de sus actores principales.
 
Aparte de esto, el fenómeno de Asia, que con “Asia” alcanzó la posición número 1 de la Billboard en 1982, posibilitó la masificación de artistas marcados con el rótulo de “Adult Oriented Rock”, como elemento de discriminación entre el rock para adolescentes y el rock para adultos. Si esto es bueno o malo, lo debe juzgar usted, como también si el aporte final de Asia al progresivo es si fue un elemento de masificación o de facilismo y del deseo de la industria por generar mayores ganancias. En ese sentido, Asia representa la perfecta dicotomía entre el cambio de discurso, de uno complejo y hasta impenetrable en ciertos momentos, a uno más fácil de digerir. Por mientras, si hablamos de calidad artística, “Asia”, el disco, es uno de los mayores del rock de la década ochenta. Si ese rock es progresivo o no, ya depende de usted.
 
Felipe Kraljevich M.
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