Mala fama

Ases Falsos - Mala fama

2018. Independiente

La prolífica carrera de Cristóbal Briceño ha visto correr mucha tinta sobre su personaje o sus dichos, pero la verdad es que el ex Fother Muckers tiene argumentos artísticos de sobra para acallar los murmullos que surgen cada vez que un nuevo material de su autoría aparece en la órbita local. Tras lanzar “Cumbias guitarreadas” junto a Gonzalo Núñez y otro disco solista, el doble “Para hondo”, Briceño vuelve a tomar el cetro de los Ases Falsos en “Mala fama”, placa que los ve subir un peldaño con respecto al inmediato y accesible “El hombre puede” (2016) y marca el comienzo de una nueva etapa para un grupo que no deja indiferente a nadie.

Grabado por Alejandro Soto en el estudio Los Riscos, a orillas del Lago Llanquihue, el cuarto larga duración del combinado nacional encapsula lo aprendido en sus entregas anteriores, y lo lleva al siguiente nivel con elementos que suman un sabor especial a 'Así es cómo termina', corte funk adornado por los vientos de Hermes Villalobos, préstamo de Inti-Illimani histórico, y las percusiones de Sergio Sanhueza de Bloque 8, quienes añaden nuevos sabores a una receta ya usada anteriormente, pero que esta vez se escucha más redonda y logran darle una buena base al relato inspirado en el incendio de Santa Olga.

Los teclados y sintetizadores de Francisco Rojas en 'Películas', 'Jhendelyn' y la titular 'Mala fama'  tienen un rol protagónico que nutre composiciones ligadas a la tradición romántica de la radio AM, onda kitsch que también toma forma en '88' y 'Nada me debo', que acabó formando parte de este disco después de que tratara de llegar sin éxito a Zalo Reyes, a Cecilia e incluso al Festival de Viña. Por otra parte, los ganchos directos de 'Nace un contragolpe', con ese coro meteórico que se queda incrustado en la cabeza del oyente, y la dupla urgente conformada por 'La casa' y 'Siempre nueva', que trabajan casi como una gran canción, guardan el sonido guitarrero clásico de los Ases, lo que funciona perfecto para el que busca ese lado más conservador de la banda.

Pero, además de lo musical, la pieza clave en el engranaje de “Mala fama” es la nefasta experiencia del vocalista en el mundo virtual, hastío que se refleja en 'El viento sopla', 'Lucha causa problema', 'Qué hará de mí' y 'Mi tribu', todas encausadas por la mordaz pluma de Briceño, quién en tono de mofa dispara a quemarropa contra los linchamientos gratuitos en redes sociales, llama a apagar las pantallas para callar la bulla y clama para que la gente exprese ese “sentimiento original”, con el debido saludo a Gondwana de por medio, mensaje administrado perfectamente por la base rítmica que los bajos de Simón Sánchez y las baterías de Daniel de la Fuente establecen de manera sólida para que la guitarra Martín Del Real corra libre soleando afiladamente o formando capas acuosas cuando se requiera, lo que habla de una formación que supo crecer para ampliar su sonido manteniendo un núcleo estable que le permite desenvolverse en el terreno que quieran y desde ahí llevar los temas a la mesa.

Si cada disco funciona como la foto de un momento específico para una banda, “Mala fama” es un retrato fiel del contexto actual de los Ases Falsos, en el que la agudeza compositiva de “Juventud americana” se combina con el horizonte explorador de “Conducción” y el enfoque más maduro de “El hombre puede” para llegar a un punto en el que pueden diversificar su sonido. Puede que “Mala fama” no sea un disco que entre a la primera, pero es un registro en el que la música habla por sí sola, asumiendo que los riesgos pueden traer consigo la misma bulla de siempre, pero también sabiendo que, más allá del personaje o de los ruidos satélites, la obra es lo suficientemente sólida como para mantener a los fieles y sumar nuevos adeptos que los acompañen donde vayan.

Pablo Cerda

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