Collapse

Aphex Twin Collapse

2018. Warp

La importancia de Aphex Twin en la música contemporánea no se debe menospreciar. Algunos críticos, incluso, lo han puesto en una línea genealógica junto a creadores de la altura de Karlheinz Stockhausen, John Cage, Kraftwerk y Brian Eno. Aunque pueda parecer algo exagerada la comparación, lo cierto es que Richard D. James es un renovador de la música electrónica desde principios de la década 90, pues con sus discos “Selected Ambient Works”, hizo un viraje en el estilo, ampliando el lenguaje y llevándolo a nuevas dimensiones estéticas y sonoras. Desde aquel entonces, su camino en la música ha sido intermitente, con largos períodos de inactividad, quizás, justamente, provocados por la desidia y el cansancio ante quienes lo encumbraron como el “Mozart del ambient” o epítetos de aquella categoría. Como sea, fue él, por supuesto junto a otros, quien le entregó a la música electrónica la evolución que requería para convertirse, sin tapujos, en lo que realmente es. Música artificial para un mundo artificial. 

Antes de aquello, la electrónica estaba pensada más bien como el reflejo o la expresión de la naturaleza o el alma humana –el new age es el paroxismo de esto último-, proceso que, claro está, fue llevado a la realidad urbana y de masas por una banda de la importancia de Kraftwerk y que luego Aphex Twin lo trajo definitivamente a lo artificial: al mundo de los videojuegos, de los programas computacionales, de las cajas de ritmos y de los agoritmos que, a diferencia del pasado, no remiten a ninguna realidad fuera de la misma electrónica. Todo esto, sumado a su halo de genio loco, imprevisible y esquivo, a su reconocible logo –ya no hay un humano tras la música sino un signo- y a sus originales campañas de publicidad, convierten a James en un personaje de una relevancia crucial más allá de lo meramente musical, pues es el artista que encarna, como ningún otro, lo posmoderno. Sin ir más lejos, este nuevo EP, sucesor de “Cheetah”, fue precedido de la aparición de su logo en lugares públicos de ciudades como Londres, Los Ángeles, Tokio y Nueva York, una vez más, demostrando cómo Aphex Twin combina disciplinas en su estética general. 

En sus cinco pistas, “Collapse” llama la atención por su vitalidad musical y la multiplicidad de sonidos, beats, loops y samplers que James va combinando en piezas musicales fragmentadas, de ritmos irregulares y ruidos que se cruzan y chocan, en un constante diálogo hiperkinético. En el contexto de la música electrónica o, dicho de otra manera, en el infinito campo de exploración que entrega la tecnología al arte sonoro, no solo es importante la construcción de melodías, sino que también la invención de nuevos sonidos, que no son hechos por la digitación de un instrumento, sino que proceden de una máquina –black mirror-, cuyo funcionamiento ni siquiera logramos entender. El cambio es grande. Aphex Twin lo sabe y lo utiliza para sus fines musicales que, en este caso, se reparten en media hora de agitación sónica que está entre lo mejor que ha hecho el compositor y manipulador sonoro en el milenio en curso.  

Héctor Aravena A.

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