Any Day

Any Day

2018. Thrill Jockey

Pese a la sensible y notoria salida del bajista Eric Claridge, el ahora trío estadounidense, no ha perdido su esencia compositiva ni su sensibilidad tan particular, dada por aquella manera de entender el indie-pop, propia del cantante y guitarrista rítmico, Sam Prekop. En “Any Day” no se disipa una pisca el encanto melódico y el sonido depurado que ha caracterizado a la banda en estos casi 25 años de carrera. Sin embargo, se extraña la sonoridad única en las cuatro cuerdas que le imponía Claridge al resultado final. Aquello no puede negarse. 

“Any Day” es el undécimo disco de la súper banda de Chicago y el primero que editan desde “Runner” de 2012. Se trata de una colección de diez canciones de calidad pareja, que no se alejan demasiado de ese denominado avant-pop, con elementos del post-rock –pequeñas exploraciones de sonido, guitarras minuciosamente enlazadas- e inflexiones de un jazz liviano, pero en sumo refinado.

Prekop se mantiene de extraordinaria forma, no solo como un cantante idiosincrático -que expresa intimidad y cercanía- y único en su especie, sino que también, como compositor de melodías vocales de flemática expresividad. John McEntire, por su parte, es como siempre certero en sus líneas de batería, en todos los tracks poniendo lo justo en el contexto de una canción de formato pop. Finalmente, Archer Prewitt es sabio y tranquilo en sus partes de guitarra acústica y eléctrica, que van desde riffs, detalles, acordes y armónicos, que nunca caen en solos autoindulgentes. 

The Sea and Cake es un todo en sí mismo, que por su formato intrínseco, no permite lucimientos personales, sino que todos están allí en pro de un producto artístico unitario. A los titulares de la banda, se les unen Nick Macri en bajo y, en determinadas piezas, Paul Von Mertens en flauta y clarinete, además de los mismos Prewitt en órgano y McEntire en sintetizador, quienes completan la paleta sonora de estos The Sea And Cake versión 2018.   

No podría decir que “Any Day” es mejor o peor que sus trabajos anteriores. Por lo demás, ese no es el objetivo de una reseña o crítica, sino más bien guiar, explicar, dar un contexto y entregar herramientas para que cada uno pueda hacerse un juicio informado bajo su propia perspectiva. Es, simplemente, un disco tan bueno como The Sea and Cake lo ha sido, al menos, desde sus trabajos de principios de los 2000. 

Héctor Aravena A. 

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