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ROCK RIO SIMPSON

ROCK RIO SIMPSON

Música y naturaleza
ROCK RIO SIMPSON

Sábado 25 de enero de 2014

El Conejo. Coyhaique.

 


Es difícil no admirar iniciativas como la del Rock Rio Simpson. El sábado pasado acompañamos la tercera edición de esta cita desarrollada a pulso por la Agrupación de Músicos Independientes de la Patagonia en las hermosas dependencias de “El Conejo”, a pocos metros del Río Simpson, una de las tantas atracciones que pueden encontrar en la zona.

9 artistas acompañaron la versión 2014 de un encuentro que ha optado por diferenciarse de otros eventos desarrollados en el área austral del país, apelando a la diversidad de estilos y un entorno sumamente amigable para todas las edades. Desde las 16:00, centenares de personas llegaron para disfrutar de la variopinta cartelera, potenciada con stands de comida, cerveza artesanal y juegos infantiles.

Mientras sonaba el arropado cruce de sonoridades de Los Trapananda, banda coyhaiquina con más de dos décadas de música en el cuerpo y firmantes de un interesantísimo dossier de ritmos latinoamericanos y mensaje ecológico, el ambiente ya comenzaba a robarse la película: gracias al buen tiempo, uno podía presenciar las altas cumbres del cerro Mackay, también la hermosa vegetación y bondades que posee este complejo ubicado en medio de la Patagonia. Todo eso, desde la mirada de un residente en Santiago, era completamente surreal, ¡más aún el relacionarlo a un show!

 



Luego de las animadas apariciones de El Viejo Truco y el afrolatino de Banda Gorda, Jano Letelier dejó marcando ocupado a un segmento mayoritario de los asistentes con su vitalidad y talento heredado de los viejos “bluesmen” del 40 y 50. Claramente, el chillanejo ha sabido capitalizar el kilometraje obtenido con sus shows a lo largo del país y su inclusión en el cartel fue un acierto.

Precedido por una intensa actividad en el último lustro, Javier Barría ingresó con banda completa al escenario natural de Rock Río Simpson y vaya que no desentonó. El creador de “Llorar en la calle”, uno de los discos más aclamados de la cosecha nacional entre el 2012 y el 2013, ha vivenciado una respuesta súper interesante y la formación que lo acompaña en este periodo lo ha ayudado a desarrollar una performance cada vez más sólida. Quizás con el siguiente álbum estemos ante palabras mayores. Barría posee las credenciales para ello.

Turno de Cazuela de Condor, por lejos el show más ambicioso de la jornada, casi  al punto de desconcertar al ecléctico público presente. Robustas percusiones, coros esquizoides, psicodelia y mucha presencia andina son parte del ADN de una de las agrupaciones más exportables de la movida porteña. Han girado por Estados Unidos y su “pelada de cable” suma y suma adherentes.

Desde Concepción, Peter Ron, otorgó otras de las sorpresas de la jornada. Lograron desmarcarse del resto con un rock and roll con poso de blues y desvíos hacia el punk. Actualmente están ultimando los detalles de un disco de ocho temas. Si logran transmitir una energía similar a la proyectada arriba del escenario el sábado pasado, con un par de buenos contactos pueden insertarse de forma efectiva en distintos circuitos.

Nos acercamos a las 22:00 y recién anochece en Coyhaique (las bondades veraniegas de nuestro sur). El público de distintas edades sigue disfrutando, con un comportamiento ejemplar, a la espera de uno de los platos fuertes: el rock “patagón” de Boca Seca, uno de los motores de la entusiasta movida en la región de Aysén.

A BocaSeca, cuarteto formado el 2008, lo mueve el hard rock y heavy metal tecnicista de los 70, señas de identidad adheridas a la idiosincrasia de su área, patrones que resultan más que claros al ver el grupo en vivo. Desafortunadamente, en el primer tramo de la presentación, el sonido no estuvo de su parte, pero eso fue sopesado con una gran entrega, bien recibida por la gente.

 



El cierre fue por parte de Turbo Diesel, bandaza de Coyhaique con gran aceptación en Santiago y regiones, vínculo recientemente potenciado por la clase firmada en su disco 2013, “Mate Amargo”. Pasada la medianoche, sus sucios y apabullantes riffs recibieron la entrega más enérgica de todo el festival. Una bomba de cierre.

Saldo positivo para la tercera edición del Rock Río Simpson. Aparte de la ascendente convocatoria (500 personas), el importante alcance que tuvo su transmisión en streaming levanta aún más la imagen de una instancia ejemplar desde todas las esferas. Hay una locación cautivadora, fuera de la media, y que distingue este espacio del resto, ahora el desafío apunta capitalizar el apoyo ya ganado por la empresa privada y apostar por, a lo menos, un par de nombres más fuertes. Música y naturaleza. Notable.



Francisco Reinoso
Fotos: Julián Pacheco

 

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