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Red Fang: Más que fantasmas

Red Fang: Más que fantasmas

Actitud y canciones de una propuesta vigente
Red Fang: Más que fantasmas

Martes 9 de mayo, 2017
Teatro Cariola

Cuesta imaginar que un grupo con más de una década de carrera profesional siga cargando el estandarte de “banda nueva”. Convengamos que pueden tener menos popularidad, menos visibilidad en alguna parte del mundo, y hasta ser unos perfectos desconocidos para cierto público, ¿pero nuevos? Injusto apelativo al trabajo de músicos con ese rodaje. Aún así, tanto los chilenos Devil Presley como los estadounidenses Red Fang han sido catalogados como grupos emergentes.  “Banda de culto”, en el mejor de los casos, eslogan que les hace, quizás, un poco más de justicia. Pero lejos de ser bandas nuevas –todo lo contrario- son músicos experimentados que se han mantenido alejados del ruido y las luces de la gran industria, pero que son reconocidos como estandartes de la escena underground, lugar donde se han forjado memorables nombres que cultivan el rock metálico pesado.

Los Devil Presley son los embajadores del ruido y la furia de nuestro subterráneo. Ellos lo saben, por eso nunca les ha importado mucho la crítica. Lo suyo es tocar y pasarlo bien. Y anoche pasaron por encima con un show empalagoso. “Los primos” cada vez suenan más ruidosos y más metaleros, cuya amalgama de riffs no dejan mucho al análisis. Es la fiel esencia Motörhead, sin mayores pretensiones. Sin  mayores matices. Esto es música pesada, ruda y acelerada. Devil Presley es un tanque que va derrumbando todo a su alrededor, porque la misión es que el rock triunfe. “Iniciemos la campaña #UnReguetoneroMenos”, disparó el ya histórico y siempre polémico Rod Presley. Curioso, eso sí, que no tocaran nada de su último disco, “San Excedido”, limitando su repertorio a canciones que ya cuentan con la aprobación del público, como ‘DP4Life’, ‘Barfly’, ‘Puta’, Aguardiente’, ‘Perro rabioso’ o ‘Belzebú’, todas sonando a todo volumen, a toda distorsión y al filo del acople permanente.

Red Fang, por su parte, llegaba por primera vez al país con la excusa de presentar su más reciente álbum “Only Ghost”, que aunque no logró posicionarse dentro de lo mejor del 2016 en ningún ranking especializado, sí se destacó dentro de su misma discografía. Los revitalizó y volvió a ponerlos en el radar, gracias a canciones tan entretenidas como demoledoras, que se mueven por los terrenos de los primeros Queens of the Stone Age y el Mastodon más accesible. Y en su presentación, quisieron reforzar estas canciones, tocándolas en la medianía del show, como acorazándolas por sus temas más conocidos. ‘Flies’, Cut it Short’, ‘The Deep’ y ‘The Smell of the Sound’ fueron las cuatro que tocaron una detrás de otra. Eso sí, las hicieron sonar mucho más crudas que en el disco, ganando en potencia, pero restándoles texturas. La noche no era para segundas lecturas.

Desde el inicio, con el hit ‘Blood Like Cream’ y su coreable “Turn it up, turn it up, turn it up”, el sonido fue denso. Una canción que en sí es más limpia en su versión de estudio, pero que en vivo se entrega a las distorsiones y la esquizofrenia. El volumen al máximo –que se mantuvo durante toda la noche- tampoco ayudaba mucho a percibir los detalles menos estruendosos de sus composiciones. Para ‘Malverde’, de clara vocación sludge a la Melvins, el baterista John Sherman tuvo un pequeño percance con su pedal, y a falta de la sagacidad de sus roadies, él mismo empezó a cambiarlo, mientras la banda no paró de tocar y alargar un puente que el público ayudó a sostener con el grito de guerra “oooh oooh oooh” al ritmo de los riffs de guitarra y bajo. Ya de vuelta, y para sacarse el mal rato, Sherman le pegó más duro a los tambores, y en ‘Crown in Swine’, ‘Into the Eye’, ‘Wires’ y ‘Reverse’, pareció que el destino del mundo dependía de cuán poderosa sonase la batería, empujando a sus compañeros a un ritmo más acelerado y de performance de pesadez hipnótica en frecuencia baja, abrazando el stoner, y donde se vivieron, desde el público, los momentos más adrenalínicos.

La impronta en escena del bajista Aaron Beam es muy llamativa. Entrega fuerza, pero fue una lástima no poder percibir su voz, más melódica en comparación a la pastosidad que arrastra Bryan Giles, guitarrista y vocalista principal. El balance que se escucha en sus grabaciones, en cuanto a equilibrio y texturas, en vivo se pierden. El resto de la banda, visit poster's website en total sintonía y compañerismo –saludo de manos entre todos antes de comenzar- se cuadra a los arreglos ya pactados. No hay mayor virtuosismo, sólo la decidida inclinación de entregar un show potente, cerrado con ‘Dirt wizzard, ‘Sharks’, ‘Prehistoric Dog’, ‘Hank is Dead’ y ‘Throw Up’.

Manejando correctamente dosis de violencia y momentos de abstracción magnética, Red Fang demostró con actitud y canciones la vigencia de su propuesta. Y si bien no están descubriendo la pólvora, sí muestran credenciales para ser un relevo necesario para esa escena del rock de trazos gruesos alejada del mainstream. En cualquier minuto, si se lo proponen, pueden pasar de la categoría “de culto” a ser una institución acreedora del metal de nuestra época. A ser más que solo fantasmas.

César Tudela
Fotos: Peter Haupt Hillock

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