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Madre culebra

Madre culebra

Madre culebra

Lunes 19 Octubre, 2015

2015. Mescalina

Aaron Bastinelli es un ingeniero de sonido con currículo en Berklee College of Music, una escuela de fama planetaria. Trabaja en los estudios Rubber Tracks en Brooklyn, y dice que quedó sorprendido con Adelaida, el trío rock porteño que fue a grabar en el verano boreal al vecindario más ondero de New York (de ahí vienen los hipsters), tras ganar una convocatoria de Converse. Lo cuenta en un video por Facebook con imágenes de la banda recorriendo la Gran Manzana y sesionando. “El objetivo era hacer dos temas (...) pero estos tipos estaban tan preparados que ambas canciones fueron grabadas en un par de horas. Prácticamente salieron con un disco en cinco días, lo cual es simplemente loco”. Ocho cortes allá y otro par fue registrado por Jack Endino (Nirvana, Soundgarden) en Santiago. El resultado de este álbum es en tu cara, hierve. Adelaida suena al fin como merece.

“Madre culebra” tiene la propiedad de ser instantáneo, va al grano. Diez temas repartidos en minutos que se pasan rapidísimo en esta tercera obra tras el EP “Narval” (2012) y el debut “Monolito” (2014). El atractivo depende en partes iguales del sonido, clave en una banda que a ratos se estira hacia el shoegaze y el rock (mal llamado) alternativo de comienzos de los noventa, y la forma de las canciones. Con la excepción de tres breves pasajes instrumentales de vocación cinematográfica -melancólicos, tenebrosos- que bordean el minuto cada uno, bifurcaciones a la recarga sonora dominante, el resto del trabajo rebosa energía y cierta desesperación encapsulada en melodías que se graban rápido en la memoria.

No importa cuánto se dice -las letras son crípticas en general-, sino la manera en que la voz del guitarrista Claudio “Jurel Sónico” Manríquez atrapa. ‘El bosque’ arranca con suavidad y se empieza a torcer, a coger cierta violencia hasta acabar a gritos. ‘Colgar del suelo’, que abre el disco, funciona parecido, hilvanada con cierto desdén en el fraseo para enganchar con un coro de voz reventada, mientras la música huele a lisergia con toques stoner. ‘Cerbatana’ encarna las bondades de grabar en EE.UU. con todos los instrumentos a tope, bien resueltos a pesar de la espesura: el bajo denso y dinámico de Natalia Díaz, la batería inventiva y de pulsos bien anclados de Gabriel “Lele” Holzapfel, para un corte que recuerda a Nirvana. ‘Adormidera’ refleja la ductilidad de la banda para enganchar dream pop con quiebres, acordes espectrales, sonidos de campanillas, jugueteos con los tiempos y diversidad de riffs, todo densamente trabajado y a la vez expuesto con ligereza. ‘Alma en pena’ de nuevo recuerda favorablemente al grupo de Cobain y algo de Billy Corgan. En cinco días Adelaida parió un disco con derecho a estar entre los conteos de fin de año del rock chileno, nada menos.

Marcelo Contreras

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