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Comprando horror

Comprando horror

Comprando horror

Miércoles 03 Mayo, 2017

2017. Autoedición

Pese a la inmensidad de mezclas que pueden darse entre géneros y subgéneros musicales en torno al rock, los estilos más puros –o cercanos a ellos- parecieran ser incombustibles. Incluso cuando la discusión especializada sobre estilos con el prefijo post (post grunge, post rock, post punk, etc.) resulta ya ser anticuada. Es entonces cuando el rescate de géneros más puristas resulta casi una acción arriesgada. Volver al negro, sería una forma de enmarcarlo. Y es en ese escenario cuando el rock de alto octanaje, ese con aroma a bar y chaquetas de cuero gastadas, aparece como uno de los que probablemente no se apagarán en esta vida.

En ese sentido, la presentación en sociedad de Melomaniak con su disco debut "Comprando Horror" resulta respetable. El trabajo, grabado entre febrero y noviembre de 2016, bajo la mano de Sebastián Puente -guitarrista de Nuclear-, arremete como una licuadora de embestidas metaleras representada en 10 canciones. La agrupación exuda sonoridades apelando a los clásicos como Metallica y Motörhead, o a los más contemporáneos como Godsmack o Black Stone Cherry.

La tripleta de inicio está elegida para dejar sin aire. ‘Comprando Horror’, ‘La oscuridad’ e ‘Inconsciencia colectiva’ funcionan como el motor vertiginoso de lo que vendrá luego y muestran una máquina bien aceitada en todas las áreas. Timmy “Peligro” y Claudio Melo -respectiva batería y voz/guitarra- no sólo tienen en común su paso por Mierdaster: la celeridad de sus partes es envolvente.

‘Lejos’ se introduce con arpegios limpios bajando las revoluciones de lo ofrecido antes, para luego desencadenar en una rabiosa estrofa. ‘Manipulación’ se erige como una de las más complejas en términos guitarreros, mostrando acordes limpios, riffs saturados y líneas bien definidas. La guinda está puesta con un solo con wah ejecutado a un alto nivel. ‘Arrancarme de tu vida’ comienza como un track punk cargado al bajo, para transformarse en segundos en un tema de elaboración más compleja. El disco termina tal como empezó: ‘El ejecutor’ muestra filudos cambios de ritmo hasta llegar a una sección que invita al mosh sin compasión.

Con una fórmula directa, sin vueltas innecesarias y hoy por hoy tan recurrentes, Melomaniak grita a coro una consigna clara: está listo para abrirse paso entre la multitudinaria camada de agrupaciones circundantes al género.

Juan Pablo Andrews

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