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Árboles de vidrio esquirlado

Árboles de vidrio esquirlado

Árboles de vidrio esquirlado

Martes 09 Mayo, 2017

2017. Tristepena grabaciones de baja fidelidad para el ciudadano anónimo

La génesis de “Seis árboles de vidrio esquirlado, cinco viajes enceguecido por la falta de sueño, cuatro ejercicios de culpa, tres esteros de fondo lodoso” (o en su versión abreviada, “Árboles de vidrio esquirlado”), el nuevo trabajo de Calostro, está relacionada con el ejemplar “The Commercial Album” (1980) de The Residents. En él, los erráticos e inaccesibles entes oculocéfalos, postulaban que una canción pop -comercial- en su esencia más pura, no duraba más de un minuto. Todo el resto de los adornos, quiebres, puentes, codas y reiteraciones son simplemente un agregado, y como tales, son ciertamente prescindibles.

Para este, su séptimo álbum, el músico decidió guiarse por estas directrices, privilegiando la emoción y lo inmediato, grabando piezas de corta duración en un portaestudio, durante el verano recién pasado. Letras fragmentadas, construidas en base a recuerdos y apuntes, se adosaron a la música, la cual quedó plasmada en un ejercicio que privilegió las primeras tomas, un sello a estas alturas del artista, quien considera a este trabajo en particular como mucho más amable que sus esfuerzos más tempranos, los cuales estaban envueltos en un carácter más precario y lo-fi.

‘A la sombra de paltos helados’ inaugura el álbum en tono instrumental, con un piano eléctrico minimalista y meditativo, cercano al Destroyer de “City Of Daughters” y “Thief”. Luego, en un cruce entre el Arab Strap de “Philophobia” y el primer Sr. Chinarro, Calostro traza composiciones como ‘Papel’, ‘Ejercicios’ y ‘Aspavientos’, todas ellas beneficiándose de la soledad de una guitarra y la voz íntima del autor para orquestar pequeños e intensos momentos sobrecogedores (“nunca aprendí a querer a nadie, a dónde voy no me hará falta”, canta en ‘Los pies’).

Las percusiones, otorgando texturas lúdicas (‘Libreta gris’, ‘Orégano y merquén’) o siniestramente proto industriales (‘Jueves ajenos’), complementan la paleta del álbum, con cierto dejo de inocencia. Al momento del cierre, el piano inicial volverá en la críptica ‘Nos vamos’ (“apago mis ojos y oigo niños llorando a lo lejos”) y dará al álbum un esbozo circular en el epílogo instrumental ‘Agua de pozo’.

Más que un receptáculo de bosquejos e ideas, “Árboles de vidrio esquirlado” es la decantación misma del trabajo de Calostro. Aparentemente vulnerables y efímeras como los recuerdos que las impulsan, cada una de estas canciones es una instantánea de la irresistible fragilidad de un momento. El canto a lo escurridizo.

Nuno Veloso

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