The Who: La costumbre de adelantar

El ambicioso cancionero de los debutantes en #StgoRockCity
The Who: La costumbre de adelantar

En Chile la banda de Pete Townshend y Roger Daltrey la tiene difícil. El nombre más trascendente del Santiago Rock City también es el más desconocido para el gran público. Es el costo a pagar cuando la vanguardia, el concepto y la angustia juvenil son la esencia de un cancionero ambicioso.

El lugar pudo ser el Estadio Nacional hace unos años. La posibilidad fue tanteada pero el riesgo era demasiado. The Who, una de las bandas más grandes e influyente de todos los tiempos, tenía altas probabilidades de naufragar en el principal recinto del país. Su convocatoria, una incógnita. Un chiste amargo. En Chile al grupo se le conoce poco y nada. Con las excepciones de ‘Baba O’Riley’ y ‘Who Are You?’, masivamente conocidas gracias a la serie "CSI", The Who no tiene grandes éxitos ni sencillos reconocibles. Es un indiscutido clásico del rock, sin embargo el gran público local reconoce más a leyendas contemporáneas al cuarteto inglés como Creedence Clearwater Revival, Led Zeppelin, The Doors, Pink Floyd, Santana y Grand Funk.

La banda capitaneada por Pete Townshend no hacía canciones bailables ni románticas, sino un power pop de corte intelectual. Por largo tiempo les costó una enormidad instalar sencillos en las listas. Entre el debut en 1965 y el éxito de “Tommy” en 1969 el grupo vivía endeudado producto de la continua destrucción de instrumentos y la floja venta de sus singles. En la tradición del rockero británico que relata sus memorias con tono dickensiano, Pete Townshend asegura haber robado guitarras en las tiendas de Denmark street, la tradicional calle del rubro en Londres.

The Who siempre fue diferente. La construcción de su obra y mito no inscribe la inmediatez de los Beatles y los Stones. En los primeros tiempos era una atolondrada banda enamorada del R&B y el pop de The Beach Boys, que a su vez funcionaba como la avanzada sónica del movimiento mod, temprana señal de emancipación juvenil y hedonismo con la que el grupo encajaba perfecto, tribu urbana de chicos adictos a las anfetas y la moda mayoritariamente masculina a la que The Who ponía música y actitud.

La historia insiste en presentar “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” (1967) como el primer álbum conceptual -cuando el concepto era más visual que un relato musical-, mientras ese mismo año The Who estrenaba “The Who Sell Out” concatenando los temas como si se tratara de la transmisión de una radio pirata con falsos anuncios comerciales, una portada icónica con cada miembro protagonizando un aviso publicitario, y jugueteando con la idea de ser unos vendidos. Un año antes ‘A Quick One, While He’s Away’, con 9 minutos 10 segundos y subdividida en cinco partes, había ensayado con éxito las posibilidades de la canción de pretensiones progresivas sin perder la noción pop. Esa fórmula sería perfeccionada magistralmente en “Tommy”.

En la carrera por expandir el lenguaje del rock The Who demostraba una elocuencia extraordinaria. Hacia fines de los 60 los Beatles intentaban regresar a sus raíces rockeras con “Let It Be” y los Stones se sumergían en una reinterpretación del blues. Había nostalgia en sus miradas mientras en ese periodo Pete Townshend aprendía a programar sintetizadores bosquejando un nuevo álbum conceptual que nunca se concretaría titulado “Lifehouse”. Allí presagiaba un mundo regulado por un sistema muy parecido a lo que hoy comprende Internet.

En directo era lo mismo. Mientras The Beatles se retiraban de los escenarios justo antes de la era de las montañas de amplificadores Marshall, y los Stones caían en un letargo narcótico que también les alejó de los conciertos por una larga temporada, The Who parecía una tormenta eléctrica con ganas de destruir todo a su paso inaugurando una escuela que dominaría por décadas la cultura rock: el volumen a tope y un elemento teatral en la puesta escénica. Pete Towshend y Keith Moon explotaban continuamente en ráfagas de riffs y redobles con actitud lunática. John Entwinstle era la poderosa ancla indiferente al vendaval, y Roger Daltrey inauguraba la tradición del vocalista plantado en pose de macho con cabellera dorada y trabajado torso al desnudo.

Antes de alcanzar su peak en directo ya eran lo suficientemente poderosos para poner en jaque a bandas amigas y rivales. La leyenda dice que una de las razones por las que “Rock and Roll Circus” (1968), el proyecto cinematográfico de los Rolling Stones, quedó archivado hasta 1996, fue la actuación de The Who. Simplemente les pasaron por encima.

Así como The Who se elevó encarnando la avanzada del rock gracias a “Tommy”, “Who’s Next” (1971) y “Quadrophenia” (1973), álbumes que mantenían un exacto equilibrio entre pretensiones intelectuales y música de ambición masiva que les significó siempre una popularidad arrasadora en Inglaterra y Estados Unidos, el declive fue inexorable. La banda era una bomba de tiempo. Los excesos de todo tipo comenzaron a sobrepasar reiteradamente los elásticos límites del conjunto en su momento de mayor gloria al inicio de los 70.

Las locuras de Keith Moon durante las giras incluyendo lanzar explosivos al water de una habitación costaban miles y miles de dólares y vetos en cadenas de hoteles. Su condición física se deterioró considerablemente a partir de 1973, mermando el extraordinario espectáculo que era capaz de ofrecer en la batería montando un caos rítmico orquestado a la perfección. Su muerte en 1978 fue devastadora para el espíritu del grupo.

La violencia y el descontrol minaron el vigor de The Who hacia mediados de los 70. Las peleas a golpes resultaban recurrentes desde los inicios de la banda, incluyendo una golpiza de Daltrey a Moon y un nocaut del cantante a Townshend que lo mandó al hospital. La relación entre ambos fue tensa durante muchos años. Para el rubio vocalista resultó difícil que ese guitarrista esmirriado de gran nariz y ojos tristes que había reclutado para The Detours, el grupo del cual emergió The Who, lo había desplazado del liderato por su talento como compositor. Cuando The Who se separó por primera vez en 1982, los músicos no se hablaban. El regreso de 1989 para celebrar los 20 años de “Tommy” estuvo lejos de considerar sentimentalismos. Solo fue un salvavidas económico para John Entwistle, al borde de la bancarrota.

En el Londres de 1977 la única vieja gloria del rock británico que se respetaba desde el punk era The Who. The Sex Pistols ensayaba en las salas del grupo y solían arremeter con ‘Substitute’ en vivo. Mientras Los Beatles eran el pasado y los Stones, Rod Stewart, Pink Floyd y Led Zeppelin provocaban arcadas con su autoindulgencia, The Who sorteaba el desprecio porque su cancionero hablaba de vulnerabilidad, frustración e identidad desde la perspectiva juvenil y masculina.

El mensaje de The Who no envejecía ni menos su salvajismo de decibeles. Para la juventud esos versos que canta Pete Towshend en Baba O’Riley jamás perderán vigencia: "No llores / No levantes la vista / Es solo desolación adolescente".

Marcelo Contreras

Encuentra este contenido en nuestra revista. The Who debutará en Chile el viernes 29 de septiembre, como parte del #StgoRockCity, junto a Guns N' Roses y Tyler Bryant & The Shakedown. Entradas a la venta por Puntoticket.

Contenido Relacionado