Starman: la faceta actoral de Bowie

Los roles del Camaleón bajo la lupa de los críticos

De extraterrestre a soldado. De Poncio Pilatos a Nicola Tesla. De David Lynch a Ben Stiller. David Bowie, como los actores de primera línea, transitó por distintos sets, cambiándose de piel cuantas veces fue necesario para recrear a sus personajes. Siempre resonó entre los actores de reparto “oscarizables”, pero nunca fue nominado. Sin embargo, sus transmutaciones artísticas y sus apariciones en el cine nunca fueron al azar. ¿Qué era lo atrayente del Bowie actor? Cinco especialistas nos dan su visión acerca de los roles del Camaleón en el séptimo arte.

La visión de adelantado de David Bowie no perteneció a este mundo. O por lo menos, ese es el guiño que nos da la película “Velvet Goldmine” (1998), donde su director Todd Haynes lo emparenta con un designio superior a través de uno de sus autores favoritos, Oscar Wilde. Con el ojo izquierdo semi-ciego y su pupila permanentemente dilatada a causa de un golpe que le dio un amigo en la adolescencia, Bowie pareció observar a través de una puerta eternamente abierta, por medio de la que accedió a un continuo y perpetuo movimiento, en el que no existe distinción entre pasado y futuro. Los distintos personajes por los que alternó. Desde el futurista y andrógino Ziggy Stardust, dueño de una performance sublime, a un duque británico vistiendo un impecable traje blanco de escapista pop; desde un experimentado junkie mesiánico a la sombra de la cortina de hierro con las pericias de las frippertronics, a un elegante cockney invocando un beat bailable, llevando hasta el extremo el pop-art. Bowie fue un actor tremendamente dotado, que pudo interpretar a todos sus personajes sin problemas, cambiándose de piel como un avezado camaleón.

Representante de la iconoclasia máxima y dueño de un dominio artístico sin parangón, se inició como actor de tablas gracias a la formación teatral que tuvo desde pequeño y que no detuvo hasta su juventud, tomando clases con el mimo Lindsay Kemp, donde aprendió a moverse en el escenario y a integrar la expresión física y sonora como un todo, teniendo también como foco las sofisticaciones del Teatro Bolshói, y más adelante, el Circuito de Broadway. De ahí en más, se fue convirtiendo en un natural actor cinematográfico. Encarnó a un vampiro posmoderno en “The Hunger” (1983), le puso rostro al mejor Andy Warhol fílmico en “Basquiat” (1996), participó en “Twin Peaks” (1992) al mando del genial David Lynch, así como también estuvo bajo las órdenes de Martin Scorsese para interpretar a un notable Poncio Pilato en la polémica “The Last Temptation of Christ” (1988). Todo eso, sin olvidar que en 2006 prestó su voz para su dibujo animado favorito: Bob Esponja. No se podía esperar menos de quién, a sus cuatro años, llamó a la ambulancia y logró convencer a los paramédicos que el motivo de su llamada era que se estaba muriendo.

Hermes Antonio
No soy un gran conocedor de la discografía de David Bowie, pero sí me tocó verlo aparecer en muchas películas, y siempre me dio la sensación de que era un ser un poco de otra galaxia. Alguien que seguro tiene línea directa con los “Men in Black”, ¿no hizo nunca ese cameo? Pues debió. Me acuerdo de esa película de vampiros de Tony Scott que es para colgarla en el living. “The Hunger” (1983) se llamaba. Uno veía a David Bowie y recibía esa cachetada de súper estrella que tenía, porque el compadre flotaba en pantalla. Era como una serpiente felina, que ¡ni siquiera era actor! Tiempo después vi “The Man Who Fell to Earth” (1976), que es anterior pero ya saben cómo es la vida. Uno no ve películas en orden cronológico. Mi tesis se mantiene. Esta película se trataba literalmente de un extraterrestre que caía a la Tierra, y obvio que era David Bowie. Si no la han visto, partieron. Y vean todas las que hizo Nicolas Roeg, se van a querer morir.

Pero les he mentido todo este rato, porque obviamente la primera película donde se me apareció Bowie fue en “Labyrinth” (1986). Aquí interpretó al rey de los duendes, era hechicero, secuestraba guaguas, cantaba con muppets, y corría por escaleras M.C. Escher. Obvio que hacía todas esas cosas, era David Bowie. Tiempo después vino “The Prestige” (2006), donde Christopher Nolan lo presentó en un plano donde salía detrás de una nube de rayos eléctricos, como atravesando un portal desde otra dimensión. Era Tesla, ese otro genio extraterrestre. Nolan con su cerebrote con relojitos, tableros de ajedrez y laberintos, le dio el papel a Bowie porque como dicen los jóvenes hoy en día: “sapbe”.

Doloroso fue leer esa noticia de que Villeneuve (o el “Nolan chico” como le dicen en su casa) le había dado el papel de Jared Leto en “Blade Runner 2049” (2017). Habría sido hermoso, no digan que no. ¿Le habrían puesto los ojos con luces a Bowie? ¿Lo habría necesitado? ¿Y hubieran puesto luces de distintos colores? Todos sabemos que sí. Ah, y si no han visto su aparición en “Extras” (2006) burlándose de Ricky Gervais, háganse ese favor y vean ese capítulo suelto por lo menos (S02E02). Más encima era gracioso. Ojalá estés feliz de vuelta en tu planeta, Bowie. Sí, bonita la música, pero gracias por las películas también.

 

Macarena Polanco
Bowie enfocó su carrera profesional como un continuo cambio de paradigmas; para lograrlo, usó una variante fundamental y que definió, muchas veces, su infinita creatividad: la teatralidad. Su histrionismo en el escenario, su nulo convencionalismo y sus estudios de mímica rápidamente lo pusieron en el mapa, traspasando la frontera de lo musical y  llamando la atención de creativos similares, como David Lynch, Christopher Nolan, Martin Scorsese y varios directores de cine más, que crearon personajes destinados solo para un innovador de tendencias.

Si analizamos los guiones, montajes, fotografía y las caracterizaciones de sus personajes, las apariciones de Bowie en el cine tuvieron directa relación con el tipo de artista que era en ese determinado momento. Entre lo real y lo ficticio. Entre lo grotesco y lo sutil. El lugar común no tuvo cabida en su aventura con el séptimo arte, la que abarcó 30 años y, aproximadamente, 20 films. Si bien su carrera cinematográfica solo fue un pie de página en su búsqueda constante de evolución, quedaron inolvidables escenas para el culto y la posteridad.

En “The Man Who Fell to Earth”, fue convocado por el director más alienado del cine británico: Nicolas Roeg, y justo para mirarse a sí mismo en la interpretación de un extraterrestre. Su fascinación por lo paranormal, extrema delgadez y estética andrógina fueron esenciales para construir el aspecto deshumanizado en la pantalla. El guion poco convencional le permitió un rendimiento de buen nivel. En “Just a Gigolo” (1979) estaba en la cima de su carrera musical (la época berlinesa), y este film le concedió el rol de un aristócrata prusiano, cuya elegancia y sofisticación encajó perfectamente con él, en un papel desarrollado con sensualidad, bajo un guion insípido. Una prueba más compleja fue “Merry Christmas, Mr. Lawrence” (1983) de Nagisa Oshima, donde Bowie tuvo en sus manos un rol totalmente “humano”, de un soldado duro, pero que se las arregló para rescatar a su personaje del arquetipo realzando sus sentimientos y la importancia de las relaciones, además de usar su valorado look andrógino y el comportamiento de su personaje para jugar a favor del trasfondo filosófico del film.

 

Daniel Olave
Siempre me ha parecido sumamente atractiva la figura de Bowie, partiendo de la base que fue un artista integral. Decir que es sólo un músico es un poco reductivo para un tipo que se manejaba en muchas áreas, con influencia en el diseño y en la moda. Hay una evidente sensación de que era una persona con un gran sentido estético, que tenía incluso en su música una puesta en escena muy importante: creó personajes, o sea, siempre trabajó el tema de la interpretación. Muchas veces hizo personajes y los mantuvo conceptualmente en discos y en giras. Entonces, sus actuaciones van más allá del rockero que terminó trabajando en el cine. Los proyectos en los que participó también eran muy variados, y eso da cuenta de esa cosa que él poseía, que tiene que ver con una presencia muy fuerte, muy magnética, muy especial; siempre transmitió algo escénicamente, en los videos y en el cine.

Como actor, hay varios papeles destacables. Hay unos que son de culto, precisamente porque sus características calzan también con el personaje. Por ejemplo, haciendo de vampiro en “The Hunger” de Tony Scott, y sobre todo haciendo de extraterrestre en “El hombre que cayó de las estrellas” de Nicolas Roeg, o sea, para David Bowie hacer de un ser que viene de otro mundo es casi biográfico, y no es cualquier película aparte: es densa, conceptual, de culto. Así también hay otros papeles que pueden ser menores o no de alto impacto y le calzan perfecto. Uno de mis favoritos es el rey de los elfos en “Layrinth”, otro personaje espacial, de otro mundo, donde mezcla humor, música, muppets. Un rol muy especial y querido. Hay otras dos películas que me parecen importantes: “Furyo”, como se llamó acá a “Mery Christmas, Mr. Lawrence”, donde probablemente interpretó su mejor papel. Un rol potentísimo, dramático, ambiguo. La otra, es mi película favorita de él: “Principiantes absolutos” de Julien Temple, y me gusta por lo que representa: su estética, su música y su papel que si bien es secundario, me parece clave.

En general, le encantaban los personajes raros y parece que le atraía también hacerlos. Hizo personajes bastante particulares, pero tampoco nada estratosférico. Su participación en “Twin Peaks” es súper coherente, no por nada también David Lynch utiliza su personaje y usa escenas en la serie nueva. Incluso dijo que había alcanzado a hablar con él al respecto, y en la serie convierte a ese personaje –pequeño de la película– en una pieza clave de la historia. El inspiraba estos personajes raros, curiosos o particulares, y tiene que ver con la imagen que él daba.

 

Patricio Cuevas
El Bowie actor tiene dos patas: una por supuesto que es más conocida, que tiene que ver con ciertas películas, pero gran parte de eso tiene que ver con otra de las ramas que él desarrolló, que probablemente no mucha gente conoce, que es el teatro, y en particular el Circuito de Broadway. Es en New York donde Bowie es mucho más permanente, y por supuesto esto marca su vida como artista. Los retiros musicales, en el fondo, no eran nunca eso, porque siempre estaba haciendo algo en alguna plataforma. De hecho, su último disco tiene que ver con una instalación y una visión metafórica de su vida como artista que está retratado en las canciones de “Blackstar”. Obviamente, antes de eso tiene otras apariciones que son súper importantes y que le significaron que, por ejemplo, Nagisa Oshima lo tuviera en “Furyo”. De hecho, él lo ve en Broadway haciendo “The Elephant Man”, creo. Ahí me da la impresión que Oshima dijo: “a él lo tengo que tener”. Es una muy buena película que tiene esta cuestión de los prisioneros de guerra y esa relación como erótica que Ryuichi Sakamoto siente por el personaje de Bowie y que también guarda un secreto. Es una película bien especial, no es para cualquier paladar, probablemente, y tampoco es la mejor de Oshima, pero lo muestra a Bowie en pleno.

Pero probablemente, la película más icónica sea “The Man Who Fell to Earth”, y es como lo que pasa siempre con Bowie, que en el fondo sus películas también son declaraciones artísticas, y ésta es una colección simbólica directa de todos los personajes que hizo en su primera instalación artística musical con Ziggy Startdust, con toda esa idea de ser un extraterrestre o un ser distinto, aunque es un ser que no responde a estereotipos, incluso del físico hasta en términos de las acciones y de cuán alienígena se siente en la sociedad estandarizada. Gran parte de lo que él muestra en toda su música, y especialmente en esta película, es como su momento más importante dentro de su carrera como actor. Ahora, evidentemente que ahí están los ejes en términos estéticos de su carrera cinematográfica. Después se le usa como una especie de homenaje. Recuerdo el rol que tuvo como Nicola Tesla en “The Prestige” de Cristopher Nolan, donde en el fondo él es una especie de mago-científico, un hombre que cambia el paradigma de la magia y de la ciencia frente a estos otros personajes masculinos heterosexuales que son Christian Bale y Hugh Jackman, dos magos que compiten hasta el extremo, y el testigo de esa tensión y ese impulso tecnológico-mágico está en un personaje secundario, muy breve, pero súper significativo para la narración que está interpretado por Bowie de una manera muy contenida. Es un rol bastante sobrio, no tiene ningún aspaviento. La otra que también responde al espíritu de su coherencia es “Labyrinth”, con un rol distinto, porque en el fondo tiene que ver con otras influencias más importantes, o sea, Jim Henson, que es el creador de los Muppets, dibuja toda la idea de esta película, y está Terry Jones en el guión, que es uno de los miembros de Monty Python, entonces ahí la influencia de Bowie no es tan importante, no es más que un articulador de este mundo mágico.

Si hubiésemos tenido la posibilidad de verlo en el teatro, entenderíamos un poco más las canciones que tiene, esa conexión coherente que resulta a lo largo de los discos. Tiene una etapa súper robusta y personal en los 70, pero después en los discos de los 80 se desdibujan un poco, pero su etapa final, que tiene que ver con su despedida, también se siente que fue planificada. Está íntimamente ligada al teatro, no tanto a la música. La música viene por adherencia.

 

Antonella Estévez
Las películas en la que Bowie participó supieron hacer uso de la particularidad de su corporalidad y de su muy singular elemento de estrella. En la mayoría de las películas en las que actúo, no hizo de un ser humano común y corriente, sino personajes que estaban más allá del cotidiano, y no solamente en las películas fantásticas donde hizo de vampiro o su rol en “Labyrinth”, sino también en “Basquiat”, donde hace de Warhol. En Bowie, existe esa constante de reconocerlo como una presencia, y su puesta en escena en las películas, habla de un peso muy fuerte: en vez de querer disfrazarlo de un sujeto cotidiano-normal, más bien ponían esa presencia de estrella que tenía a disposición de la narrativa de las películas. Escogía muy bien los proyectos desde esa mirada, y sabemos que terminó siendo un gran colaborador de lo audiovisual, independiente de quien haya dirigido sus videos, sobre todo en su última etapa, que estaba muy metido en los procesos creativos y en las propuestas visuales, que iban a ser material que representarían su música.

En ese sentido, desde el otro lado, cuando se metía en una película, supo ponerse de una manera bastante particular. Pienso en las últimas, por ejemplo el cameo en “Zoolander” donde hace de un Bowie riéndose de sí mismo, pero al mismo tiempo, muy consciente de su rol de icono fashion, algo que lo hace muy encantador, de ser capaz de no tomarse en serio, de jugar a eso, pero también haciéndose responsable de su personalidad pública que tiene ese peso que construyó en su carrera. También está su rol como Tesla en “The Prestige”, donde entiende que es capaz de ponerse en un personaje tan extraordinario como él, no sé si desde un lugar de ego, pero sí de mucha seguridad, probablemente. Es ver a Bowie haciendo de otro que es brillante, creativo e influyente como él.

Por otro lado, está su rol como creador e interpretación de personajes, algunos muy cercanos a la feminidad. Ahí es una criatura completamente fascinante. Tuvo la genialidad de incluir esos alter egos en un momento donde estaba apareciendo la discusión respecto a los roles de género, en la segunda ola del feminismo de los 60, y se está preguntando qué diablos son los hombres y las mujeres. Ahí aparece toda esta lógica de la androginia, donde probablemente uno de los objetos/sujetos culturales más interesantes sea Ziggy, y eso para el espectador es fascinante porque la pregunta es qué se supone que es ser un hombre. Estas mezclas las hace sin tener miedo de moverse entre los roles de género constantemente, y no moverse solamente desde la androginia, sino entre elementos que culturalmente siempre han sido considerados femeninos, como la moda, es algo súper interesante de observar porque además, me parece que siempre lo hizo con mucha consciencia personal, sin que otros se la impusieran. Entendió todos estos aspectos que en nuestra cultura son considerados femeninos, él los tomó para sí mismo y los ocupó como espacios de expresión.

César Tudela

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