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Apuntes sobre “Songs of Injustice: Heavy Metal Music in Latin America”

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“Songs of Injustice: Heavy Metal Music in Latin America” es un documental dirigido por el puertorriqueño Nelson Varas-Díaz, un doctor en psicología social especializado en estudios socioculturales y prácticas culturales. Varas-Díaz también estuvo detrás de “The Distorted Island: Heavy Metal Music and Community in Puerto Rico (2015)” y “The Metal Islands: Culture, History and Politics in Caribbean Heavy Metal Music (2016)”.

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Mediante la investigación de sus escenas metaleras, “Songs of Injustice” recorre cuatro países latinoamericanos (Perú, México, Chile y Argentina). Contrastadas, sus realidades son tremendamente parecidas. «Es un lugar difícil... Es un lugar bien bonito para vivir. Hay de todo y no hay nada. Todo es muy caro en comparación al sueldo que ganas. Hay muchísimo trabajo, muy mal pagado. Es rico en cualquier cosa, tenemos un montón de flora y fauna y todo termina siendo usado por extranjeros». La cita se aplica perfectamente a Chile, pero sale de la boca de un batero mexicano (Johnny Chavez) que habla de su tierra natal. «Las heridas de la conquista no han sido cerradas todavía». Otra frase que toca una delicada fibra nacional, aunque viene de un cantante y guitarrista peruano (Alonso Herrera) muy crítico de su país.

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Los pueblos de Latinoamérica son hermanos, pero no solamente por su cercanía geográfica, sino también porque comparten un mismo sufrimiento. El metal refleja ese dolor, que según Varas-Díaz responde a tres causas (la invasión española, las dictaduras y el sistema económico) largamente abordadas por los músicos de la región. Así empiezan a llover los ejemplos. Entre ellos, los thrasheros mexicanos de Leprosy, autores de 'Llora Chiapas', lanzada en 1998: «Un hombre aferrado / su nombre es Marcos / lucha por los hijos / que Dios ha olvidado / pedazo de patria / te están pisoteando / un pueblo olvidado / es Chiapas llorando». Al lado nuestro, en Argentina, el grupo Tren Loco hizo una carrera legendaria dirigiéndose directamente a la clase obrera y radiografiando todos sus problemas.

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“Songs of Injustice” aterriza en Chile explicando cómo la dictadura de Pinochet, durante los años ochenta, generó el contexto adverso contra el que se rebelaron los primeros metaleros locales, caracterizados como pudientes y enemigos de la represión. La tortura durante la injustificada detención de Yanko Tolic es narrada por el líder de Massacre en una entrevista telefónica, mientras vemos una recreación animada de lo sucedido. El mismo recurso, sacado del videoclip oficial, ilustra la honda 'Morir aquí' de Crisálida, cuya vocalista, Cinthia Santibáñez, se refiere a Chile como un país civilizado mientras hace comillas en el aire con sus dedos. La aparición de Crisálida pone sobre la mesa temáticas tan delicadas como el impacto medioambiental de las políticas neoliberales adoptadas por el Estado. También aportan una inusual nota de fe e ilusión cuando Santibáñez comparte sus esperanzas: «Somos optimistas y creemos que esta visión y este cambio se van a superponer en Latinoamérica y que vamos a lograr trascender con nuestra cultura y con nuestras creencias originales».

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El documental arranca con una frase de García Márquez: «La interpretación de nuestra realidad con esquemas ajenos sólo contribuye a hacernos cada vez más desconocidos, cada vez menos libres, cada vez más solitarios». De cada país que visita, Varas-Díaz destaca a bandas que van por la vía del mestizaje sonoro, al contrario de las que se dejan someter por los cánones impuestos por la colonización cultural. Kranium, de Perú, figuran como pioneros del folk metal por incorporar quenas y charangos desde su nacimiento en 1985. En el mismo país, Flor de Loto, mucho más jóvenes, cultivan un metal progresivo con elementos andinos. Recorriendo México aparece Acrania, una vibrante mezcla de metal y salsa. Los argentinos Arraigo salen combinando metal con tango gracias al uso del bandoneón. En lo que respecta a nuestro país, Crisálida cuentan que sus armonías y ritmos tienen la intención de resaltar el origen chileno de su metal progresivo de alto vuelo estético.

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Mención entusiasta para la escena argentina, ejemplar en su madurez conceptual y en su convicción de que el heavy metal es una herramienta de lucha. Su cancionero se dedica a poner en vitrina a los oprimidos y, más importante aun, a soliviantarlos para que se dediquen no solamente a soportar la arremetida burguesa, sino también a ganar terreno. Con una actitud militante, los metaleros argentinos que retrata “Songs of Injustice” predican la solidaridad como una estrategia de clase. Para ellos, el aguante, como explica el investigador Emiliano Scaricaciottoli, es mucho más que una expresión: «Es una resistencia a los procesos de invisibilización que operan dentro de la cultura hegemónica y es al mismo tiempo una política de intervención no solamente en la serie cultural sino en la serie social».

Andrés Panes

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