SEPULTURA

A 15 años del último ritual de la Sepultribe

“Yo me pregunto. ¿Dónde está la tribu de Sepultura? Esta no es la tribu en la cual yo creía. Sólo quiero que todo el mundo sepa que nunca dejé Sepultura ni quise destruirlo. Intenté resolver el problema pero lamentablemente  algunas personas se olvidaron de dónde vinieron y cómo llegaron hasta aquí”, espeta el cierre de la carta que envió Max Cavalera al periódico Jornal da Tarde de Sao Paulo, el 29 de enero de 1997.  No había vuelta atrás y la ruptura definitiva de Sepultura estaba consumada. Medios y fans de todo el mundo quedaron atónitos. Nadie  daba crédito a lo que estaba ocurriendo. Y pasaron meses para asimilarlo.


Francisco Reinoso

 

El 16 de diciembre de 1996 fue el último show de Sepultura con Max Cavalera. La sala elegida fue la tradicional Brixton Academy de Londres y tras la presentación, Igor, Andreas y Paulo comunicaron a Gloria Cavalera (esposa de Max y manager histórica del grupo) que su contrato con ellos había expirado y no había ninguna intención de renovarlo. Tras este anuncio, la gira debía ser interrumpida para intentar calmar las aguas pero la situación ya hacía rato era color de hormiga.

 

En principio, era difícil tomar partido. Por un lado, Max no podía creer esa actitud por parte de sus amigos de toda una vida. En especial hacia Gloria, que había perdido a su hijo de 21 años, Dana Wells, en un confuso accidente en Phoenix, Arizona. Para más remate, en víspera de navidad. Hace mucho tiempo que el anhelo de Andreas Kisser y el resto del grupo era profesionalizar el asunto del management y no volver a mezclar más los temas personales con los laborales, punto que tomo ribetes críticos tras la presentación en el Donington Festival, el 17 de agosto de 1996, show que se tuvo que afrontar sin el mayor de los Cavalera por el deceso de su hijastro.


 

1996 fue el año más exitoso en la carrera de Sepultura y el plan, al menos por parte de Andreas Kisser, Igor Cavalera y Paulo Junior, era intentar encontrar un punto en común para seguir trabajando con Max. “Roots” elevó los bonos de los brasileños a puntos insospechados, acumulando una demanda insólita de presentaciones con ellos como cabezas de cartel para los meses venideros. Incluso, en la rueda de prensa dada por ellos en Sao Paulo el 1 de febrero de 1997, dejaron entrever que la puerta estaba abierta para una vuelta y que por el momento trabajarían en nuevas canciones como trío. Tristemente, Gloria y su esposo ya estaban estructurando la nueva tribu: Soulfly. Así, la otrora inquebrantable cofradía de Mina Gerais se arruinaba de la peor forma posible.

 

 

La vida sin Max

 

Aparte de compilatorios póstumos y reediciones del catálogo clásico, Roadrunner determinó brindar apoyo irrestricto a la nueva etapa de Sepultura y a Soulfly. Había que zafar del descalabro como fuese y todo el mundo estaba expectante por ver quién daba el primer golpe. Muy bien asesorado, Max Cavalera acudió a músicos de bajo perfil pero mucho potencial para lanzar su nueva formación (Roy Mayorga, Marcello D. Rapp y Jackson Bandeira, en primera instancia), sumado a varios amigos de otras bandas para dar forma al debut homónimo de Soulfly (1998).

 

“Soy lo que he creado, creyendo en mi fe, Integridad es mi nombre. Todo lo que he creado jamás será arruinado. Mira cómo vuelvo. Mira cómo dejo crear mi corazón. Mira cómo vuelo. Para reunir a la tribu. Para encontrar un camino mejor. Cagándome en las envidias y en los cambios de los demás. Nacer de nuevo. Surgir de nuevo. Creer es el único camino”, clama ‘Eye for an eye’, tema que abre el disco de Soulfly. Max pegaba el primer puñetazo y las cifras lo acompañaron: disco de oro en Estados Unidos, invitaciones a los principales festivales y toda la crítica especializada de su lado.




¿Y Sepultura? Con Derrick Green en las voces dieron forma a “Against”, disco enmarcado en el luchar contra las adversidades y fuertemente influenciado por la cultura japonesa. La presentación en sociedad del nuevo lineup fue en grande en un show benéfico para 30.000 personas en Sao Paulo. El álbum salió en octubre y fue un fracaso comercial para Roadrunner. Para peor, la prensa fue despiadada con Green, señalando que no le llegaba ni a los talones al líder histórico de la banda.

 

La gente y el medio decantaron por Max, tendencia en constante incremento con la llegada del nuevo milenio.  “Primitive” (2000) de Soulfly, consolidó el estatus obtenido en el predecesor y “Nation” (2001) se convirtió en otro capítulo incomprendido e inaceptable por los fans de viejo cuño. La paciencia de Roadrunner se acabó con la pandilla de Andreas Kisser y finalizaron al vínculo en muy malos términos.

 

Los años siguientes fueron complicados para ambas partes. Sepultura con nueva disquera (SPV), pese a mostrar una notable mejoría en cuanto a la efectividad de la estructura de sus canciones, comenzaba a resignarse a su estatus de “banda menor” tocando en espacios de pequeño aforo. Al otro lado del charco, la gente comenzaba a perder el interés por el estilo tribal-metálico ofertado por Soulfly.

 

El 2005, Sharon Osbourne puso un fajo importante de billetes sobre la mesa para tener a la formación celebrada de Sepultura encabezando el Ozz-Fest, coincidiendo con la celebración de sus 20 años de historia. Pese a la generosa oferta (se habló de un millón de dólares por la gira), las diferencias de posturas pesaron más. En contrapunto, la disquera SPV lanzó el DVD “Live in Sao Paulo”, registro efectuado en la misma ciudad paulista.

 

Las tratativas para unir a Max con Kisser para el evento por los 25 años de Roadrunner tampoco llegaron a buen puerto. La fiesta fue el 15 de diciembre del 2005 y tuvo lugar en el Nokia Theater de Nueva York. Andreas fue el único miembro de Sepultura en asistir y entre varios aportes cerró la noche tocando ‘Roots Bloody Roots’ con Joe Jordison de Slipknot (batería), Scott Ian de Anthrax (guitarra), Adam Duce de Machine Head (bajo), Dino Cazares de Fear Factory (guitarra) y Robert Flynn, otro de Machine Head, en las voces.

 

 El poder del vínculo sanguíneo

 

Con la salida definitiva de Igor Cavalera por diferencias motivacionales tras la edición de “Dante XXI” y el aceptable pero poco bullado revuelo por “Dark Ages” de Soulfly, muchos comenzaron ya a extrañarse de tanta intransigencia. Hace rato que el tema de las reuniones eran grito y plata y la presión del medio y los fans durante el 2006 se hizo insoportable. A mediados de ese año, una extensa plática telefónica entre Igor y Max posibilita lo impensado: la anhelada reconciliación, a 10 años de su sensible quiebre.

 

Andreas Kisser era opacado nuevamente. Poco tiempo después, surge Cavalera Conspiracy y Max logra potenciar no solo este atractivo proyecto, también la validez de Soufly. Dos caballos de batalla para clamar vigencia y su vida personal casi arreglada por completo, tras una década de malos ratos y rencor.


 

Así, tras años de paz, volvieron las guerras de declaraciones, motivadas principalmente por los medios, quienes bombardearon de preguntas a los Cavalera y a la actual reencarnación de Sepultura. Las cifras y sucesos volvían a hablar por sí solos: la nueva travesía artística de Igor y Max era convidada a los principales festival de rock en el mundo. ¿Sepultura? Pese a seguir demostrando un válido atrevimiento en innovar con conceptos y sonoridades sobrevive a duras penas con escuálidas ventas para “A-Lex” (2009) y “Kairos” (2011)

 

Ni hablar del interés. ¿Cuando fue la última vez que Sepultura fue invitado a una gira de peso? El 2001 para el “Tatoo The Earth” en Estados Unidos. ¿Por qué Sepultura fue relegado a un segundo escenario del último Rock In Rio en Brasil, su plaza más fuerte? Ok, su entrada a Nuclear Blast le ha alivianado el camino para volver a girar en tours de mejor infraestructura. Incluso, participaron en el reciente Wacken pero esto dista demasiado a lo vivido 15 años atrás. Es más, la única forma que tuvo Andreas Kisser de participar, por ejemplo, del Sonisphere fue parchando a Anthrax porque Scott Ian se había convertido en padre por primera vez.

 

Se desconoce el desenlace de esto. Lo que sí está comprobado es que tanto Max Cavalera como Andreas Kisser son los pilares creativos de Sepultura y ambos construyeron la ruta que tuvo al combo rockero más exitoso de Sudamérica dentro de los nombres estelares del rock de los noventas. A 15 años de ese peak, vaya que duele esta pugna de egos. Quién sabe cuánto tiempo más tendrá que pasar para presenciar ese ansiado reencuentro. Por ahora, la cosa está difícil.

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