Nunca podrás callar esta canción

Historias de censura musical

Por Andrés Panes

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Voces de alerta llegan desde Europa. La libertad de expresión está bajo ataque. Es la impresión que dejan los últimos meses, en los que varios músicos han sufrido censura y persecuciones, tanto por los mensajes de sus letras como por sus dichos sobre el escenario.

A fines de mayo supimos que, después de un concierto, el ex cantante de la Polla Records, Evaristo Páramos, actual vocalista de Gatillazo, fue sometido a un control de identidad por gritar "policías, sois unos hijos de puta", mientras tocaba. El procedimiento se ampara en una ley española que castiga cualquier falta de respeto hacia los agentes del orden público. El problema es que la normativa no toma en cuenta contextos, y cualquier persona con sentido debería entender que un músico parado en un escenario está llevando a cabo un acto artístico.

En el caso específico de Evaristo, sus dichos guardan absoluta coherencia con el resto de su obra, es decir, cabe en el marco de lo esperable para un músico de profunda conciencia política y social. ¿Vamos a pedirle que recule ahora después de décadas de letras denunciantes?

Peor todavía es lo que pasa con el rap. También en España, un MC llamado Valtonyc se encuentra prófugo de la justicia, que lo busca para meterlo en la cárcel por sus rimas. Un poco más de suerte tuvo Ezhel, el rapero turco que fue absuelto recientemente luego de pasar semanas detenido. La acusación: incitar al uso de drogas en sus canciones.

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Aunque den ganas de creer lo contrario, parece que no hemos avanzado tanto desde los ochenta, cuando Tipper Gore, la esposa del ex candidato presidencial estadounidense Al Gore, levantó un movimiento a favor de censurar el rock.

El Parents Music Resource Center (PMRC) se hizo célebre por varios motivos, ninguno muy honroso. El grupo lo lideraban conservadoras que, en su mayoría, estaban casadas con hombres de Washington en cargos de poder. Una de sus principales iniciativas consistía en calificar los discos de la misma forma en que se categorizan las películas. Según el alto o bajo calibre de su contenido, el PMRC propuso etiquetar los álbumes de artistas con una advertencia para los padres.

Su lobby fue el que impuso la creación de la ya famosa advertencia "Parental advisory", una idea que les salió por la culata: el logo pronto se convirtió en algo cool, prácticamente un imán para jóvenes en búsqueda de material para provocar a los mayores.

Como si fuera poco, Gore y su séquito llevaron a declarar a la corte a varios rockeros, y a estas alturas la brillante deposición de Frank Zappa sobre la censura debe ser una de sus más famosas apariciones, constantemente rescatada vía YouTube en redes sociales.

Otra de las "genialidades" del PMRC: Los Sucios 15 (Filthy Fifteen), una lista de canciones que consideraban especialmente indecorosas, liderada por el siempre atrevido Prince y su 'Darling Nikki'.

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'Relax', de Frankie Goes to Hollywood, es una de las canciones más famosas de los años ochenta. Apareció en 1983, editada por un sello emergente, y demoró más de seis meses en ganar la tracción suficiente como para llegar al top diez.

El single se encontraba en el sexto lugar de las listas cuando una mañana, al aire en la BBC, el DJ de turno cortó su reproducción a medio camino alegando que la letra era "obscena, sexualmente sugestiva y carente de gusto". La emisora estuvo de acuerdo en no seguir programándolo.

Rápidamente se corrió la voz sobre el exabrupto radial. Miles de jóvenes corrieron a las disquerías a comprarse una copia del tema prohibido. La censura resultó ser una bendición encubierta para Frankie Goes to Hollywood. A la semana siguiente, figuraban en la cima de las listas de popularidad, donde se quedaron varias semanas.

'Relax' no sólo fue el sencillo de mayor éxito de 1984, sino que se alzó como un símbolo de la rebelión adolescente. Usar merchandising del grupo se convirtió en una forma de protestar en contra de las restricciones expresivas. Se trata de un caso emblemático del que podemos sacar en limpio una conclusión: la censura no sirve para nada.

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En las páginas más amarillentas de la música pop, encontraremos casos como el de 'Rumble' de Link Wray, un tema prohibido en 1959. Se decía que incitaba a la violencia juvenil, pero la canción era total y completamente instrumental.

Retrocediendo en el tiempo, hasta el año 1936, nos encontramos con 'When I'm Cleaning Windows' de George Formby, una canción en cuya letra un limpiador de vidrios describe lo que ve habitualmente, como jóvenes amantes o mujeres en ropa interior. La censura del tema terminó cuando se supo que a la Familia Real le encantaba escucharla; de otro modo, no hubiese sido posible.

Con el beneficio de la perspectiva temporal, nos damos cuenta con claridad de lo absurdo que es restringir o cortar la libertad de expresión de un músico. Siempre es un error.

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