Motörhead: Carrera con obstáculos

Lemmy selló su fama de resistente con “Overkill”

No fue un inicio fácil el de Motörhead, un proyecto, recordemos, comandado por Lemmy Kilmister tras su despido del grupo Hawkwind, del que lo echaron por no consumir las  drogas hippies que le gustaban a sus compañeros, quienes miraban con malos ojos que el bajista prefiriera el speed por sobre los ácidos. Secundado por el batero Lucas Fox y el guitarrista Larry Wallis, Kilmister consiguió un contrato discográfico que llevó a la grabación de un disco finalmente rechazado por el sello. El álbum, registrado en 1975, permaneció inédito hasta 1979, cuando, ante el éxito del grupo, fue publicado con el título “On Parole”.

La revancha de Motörhead, eso sí, estuvo cerca de nunca ocurrir. Tanto Fox y Wallis dejaron el grupo, al que llegaron Phil “Philty Animal” Taylor y “Fast” Eddie Clarke para reemplazarlos, pero el ánimo colectivo estaba lejos de ser óptimo. Prevalecía el deseo de disolver al trío para embarcarse en nuevos rumbos hasta que, por un ofrecimiento amistoso, pudieron grabar lo que originalmente sería una despedida póstuma, transformada por las circunstancias en un disco-en-vivo-grabado-en-estudio bajo el nombre de “Motörhead”, su debut oficial y el salvavidas de una carrera que parecía no tener futuro.

El proceso de hacer un segundo LP fue mucho menos hostil. Fueron invitados a grabar un single en el estudio londinense Wessex, donde registraron un cover de la archifamosa ‘Louie Louie’, escrita en los cincuenta por Richard Berry y popularizada en los sesenta por The Kingsmen. A la canción le fue lo suficientemente bien -entró a las listas, incluso- como para asegurarle a Motörhead el interés de una discográfica, Bronze Records, en sacar su nuevo álbum. Se inicia así el período de “Overkill”.

Para las sesiones de grabación, reclutaron al productor Jimmy Miller, el único nombre que les sonaba, por su trabajo con los Rolling Stones, dentro de una lista con cuatro opciones que les dio el sello. La relación -que terminaría mal a la altura de “Bomber”, su siguiente lanzamiento, por culpa de la adicción de Miller a la heroína- tuvo un inicio auspicioso como retrata su primera colaboración. Mientras cocinaban el disco, los tres integrantes de la banda consideraban al productor como una suerte de cuarto miembro debido a las importantes contribuciones que realizó dentro del estudio.

Al fin con algo de impulso, con una compañía detrás, un asesor experimentado y un estudio donde trabajar, Motörhead tomó vuelo y empezó por fin a dar frutos. Si bien pasaron seis semanas entre el primer y el último día de las sesiones, llevadas a cabo entre dos estudios londinenses, Roundhouse y Sound Development, no fue tiempo dedicado enteramente al disco: la banda ya estaba en un período ajetreado de conciertos, operando a toda máquina para saciar la demanda que de pronto comenzó a existir por su música.

Pese a que el nombre de Motörhead está ligado a la aceleración y a lo temerario, lo cierto es que las canciones que pasaron a formar parte de “Overkill” venían en su gran mayoría maduradas, con el trío masticándolas en vivo por bastante rato, con el tiempo suficiente para definir la obra gruesa. Entre las pocas canciones desarrolladas sobre la marcha están ‘Metropolis’, escrita luego de que Lemmy viera la clásica película muda que lleva el mismo nombre, y también ‘Capricorn', bautizada así por su signo zodiacal.

Una jornada laboral para el trío comenzaba alrededor de las dos de la tarde, para culminar puntualmente a las diez de la noche y así ir al pub por unas cervezas antes de la hora de cierre, a las once. A ese ritmo se fue gestando “Overkill”, que, a pesar de tener muchas canciones preparadas, fue desarrollándose en el estudio con la espontaneidad y la premura que terminaron caracterizando al trío. La citada ‘Capricorn’, por ejemplo, tiene un solo de Clarke que nunca estuvo planeado: simplemente estaba probando su guitarra para soltar la muñeca, pero Miller lo grabó sin avisarle, puso un eco y listo, labor completa.

Número 24 en las listas británicas, nada mal para un proyecto que poco antes casi se disuelve, y promocionado en un tour con Girlschool como teloneras, “Overkill” fue el espaldarazo que Lemmy Kilmister necesitaba después de tanto aporreo. Si bien el reconocimiento llegaría con títulos como “Ace of Spades” o “No Sleep 'til Hammersmith”, el segundo (o tercero, en orden de realización) disco de Motörhead le mostró al bajista que su apuesta iba bien encaminada. Por mucho que el buen Lemmy se quejase hasta la muerte sobre lo lentas que le parecían las canciones de “Overkill”, que siempre tocó más rápidas en vivo, la gloriosa historia de Motörhead no podría haber sido escrita sin ellas.

Andrés Panes

Presentacion