METALLICA

Through the Never, la película
METALLICA

 

La idea de llevar el Rock a las pantallas de cine no es nueva para nada. Ahí tenemos rutilantes momentos históricos que van desde Led Zeppelin y su mítica “The Song Remains The Same” (1976), pasando por los australianos de AC/C y esa brutalmente honesta “Let There Be Rock” (1980), de su inolvidable etapa con Bon Scott, incluso existe una en tono de comedia y que trata sobre una banda ficticia, la genialmente divertida “This is Spinal Tap” (1984), hasta llegar hasta nuestros días con esa epopeya de logística inmensa de la aclamada “Flight 666” de Iron Maiden (2009). Incluso, la utilización del 3D como recurso técnico, tampoco es nuevo en el universo rockero, ahí tenemos a las leyendas alemanas de Scorpions y su “Live in 3D Get Your Sting and Blackout” (2011), e incluso Alice Cooper mencionó que estaba trabajando en un proyecto 4D para llevarlo a las salas de cine el 2014. Lo que tienen en común todas estas cintas que son absolutamente recomendables e imprescindibles, es su carácter documental (“Rockumental” nunca mejor dicho), donde la historia interna de la banda se adereza con música en vivo de la misma agrupación.

Pues Metallica quería alejarse de todo ello y hacer algo diferente. Y al menos hay que agradecer el intento. De partida es la primera película en la historia del Rock filmada en formato Imax 3D, y eso hace que la experiencia sea visualmente alucinante sin discusión alguna. Otra cosa es que el guión tenga altos y bajos y que podría haber sido más trabajado, porque en “Through The Never” la realidad se funde con la ficción y viceversa, y los conciertos del grupo filmados en el Rogers Arena de la ciudad de Vancouver, Canadá, son el catalizador para las secuencias de acción de la cinta. Con una producción de escenario apoteósica, donde cada canción luce unos atrezos impresionantes, secundado por pantallas Led en el piso del stage ubicado al centro de la cancha y en los contornos del recinto, además de una pirotecnia que hace ver el “Año Nuevo en el Mar” de Valparaíso como un juego de principiantes (y donde de inmediato el espectador se imagina cuán grandioso sería ver esta misma puesta en escena en nuestro Movistar Arena, más aún cuando entre el público asoma una bandera chilena en primer plano), todo gira aquí en función de dejar al espectador con la mandíbula desencajada, anonadado ante el ecléctico ataque visual, amén de la soberbia calidad del audio (aunque la voz de James Hetfield está tan perfecta que levanta alguna sospecha), pero de que el sonido está grabado en vivo, no hay duda alguna, si no, hubieran editado y arreglado el grosero error que se manda Lars Ulrich en la entrada de batería al comienzo de ‘Creeping death’.

Más allá de develar algunos spoilers como esos enfrentamientos entre la policía y los encapuchados (que hacen recordar la brutal batalla campal que se desató también en Canadá el 8 de agosto de 1992 tras la suspensión del show de Metallica y Guns ‘N’ Roses en el Estadio Olímpico de Montreal, cuando Hetfield se quemó gravemente su brazo izquierdo con los fuegos pirotécnicos), o de tener claro que la película no estará postulando a un premio Oscar, “Metallica Through The Never” es una experiencia que realmente vale la pena vivir, porque cumple a rajatabla con el primer y más importante mandamiento del cine, que no es otra cosa que entretener, y con un festín visual de esta magnitud y con una banda de sonido que reúne muchas de las mejores canciones de la banda en su carrera, nadie se va aburrir ni siquiera un segundo en la butaca. Y esa es la mejor recompensa (más allá de los dólares), que se pueden llevar los 4 jinetes del apocalípsis.

Cristián Pavez

 

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