Manic Street Preachers: Quemando el manifiesto

Conmemorando las dos décadas de “This is My Truth Tell Me Yours”

Mientras la mayoría de las bandas de la cool britannia intentaba sobrevivir a sus fallidos intentos por internacionalizarse y nadaban en alcohol y drogas duras, Manic Street Preachers cosechaba el éxito que habían sembrado con “Everything Must Go” (1996) para materializarlo en un disco que entró directamente al número 1 de los charts británicos en 1998: “This Is My Truth Tell Me Yours”, un larga duración que, a pesar de sus números azules en ventas, guardaba en sus rincones la melancolía de días que el bajista Nicky Wire definió como “los más exitosos, pero no necesariamente los mejores”. Habían pasado solo tres años de la desaparición de Richey Edwards y no les era fácil desprenderse de su presencia.

Ya como trío, “Everything Must Go” (1996) llegaba como una bocanada de aire que ventila una habitación cerrada por mucho tiempo, pero aún mantenía una conexión con el desaparecido guitarrista, debido a que comenzaron el proceso cuando todavía eran un cuarteto, pero les había probado que podían llegar al público masivo con composiciones mucho más luminosas.

La tristeza duradera

“This Is My Truth Tell Me Yours” tenía la difícil misión de probar que Manic Street Preachers podía mantenerse en la cima con los mismos estándares que habían impuesto tanto en el plano lírico como en el musical. Por primera vez en su historia, Wire asumía la tarea de escribir todas las letras, pero se enfrentó al infame bloqueo del escritor debido a la ausencia de su amigo y a los problemas que aquejaban su vida personal, dificultades que se abordan en 'You’re Tender and You’re Tired' o ῾Black Dog On My Shoulder᾿, haciendo un claro guiño a Winston Churchil, quien decía que la depresión era como un perro negro que te persigue todo el tiempo. Esta aura pesimista desembocó en las composiciones de Sean Moore y James Dean Bradfield, quienes respondieron bajando las revoluciones y privilegiando los teclados por sobre las guitarras como en ῾S.Y.M.M᾿, un efecto sedante que se esparció por gran parte del disco y reflejó muy bien la carga anímica del momento que vivían, sobretodo en ῾Be Natural᾿, ῾Born a Girl᾿ y ῾I’m Not Working’.

A pesar de esta aura etérea que incluso se palpaba en singles tan recordados como ‘The Everlasting’ o ‘Ready for Drowning’, su marcada dirección pop hizo clic en la gran audiencia, especialmente cuando matizaban los retazos de su sonido guitarrero con elementos exóticos o electrónicos, como los guiños orientales y el coro perfecto de ‘Tsunami’, la dinámica limpia/distorsionada de  ‘Nobody Loves You’ y la fuerza arrolladora de ‘You Stole The Sun from My Heart’, puntas de lanza que llevaron a miles de personas tanto a las disquerías como a los estadios. Sin embargo, hubo una canción en particular que sería el gran batatazo para los galeses.

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Si los fans toleran esto...

‘My Little Empire’ fue una de las últimas canciones que se grabaron para el disco junto a ‘If You Tolerate This Your Children Will Be Next’. Paradójicamente, fue esta última la que acabó entrando en las listas de éxitos y vendió 156.000 copias en una semana, a pesar de su modesta gestación como lado B. Conceptualmente, prefigura una mixtura entre la densidad lírica cargada de historia y política, pero ya no con la rabia punk de los comienzos, sino que con la sofisticación de coros perfectamente compuestos para cantarlos a todo pulmón. Y vaya que lo lograron. Gracias a este single, el disco se mantuvo en el número 1 durante tres semanas y se matricularon por lo ancho como creadores de hits masivos repitiendo la jugada de ‘A Design For Life’.

Con todo, “This Is My Truth Tell Me Yours” siempre ha sido un objeto de discordia para los más fanáticos. Por un lado goza de la alabanza de la crítica, del éxito de sus singles, pero por otro representa el divorcio con su sonido más catártico en pos de una visión mucho más cerebral que ya se reflejaba desde la carátula, en la que figuraban vestidos de blanco en un cielo despejado, simbolizando la madurez que les permitían contar su verdad, un cambio que muchos resintieron por ceder esa ética que los atrajo en primer lugar como si fueran prostitutas de su cultura. Fue precisamente ese giro el que les permitió establecer el canon que seguirían de aquí en adelante, siempre balanceándose entre la orquestación, el gusto por la melodía y las buenas guitarras con resultados tan amplios como su perspectiva artística.

Y es que a veces, la única manera de avanzar es romper los paradigmas autoimpuestos que puedan interferir con la búsqueda de nuevos horizontes. En “This Is My Truth Tell Me Yours” se escucha a unos Manic Street Preachers que estaban probando sus propios límites, reafirmando un proceso que habían comenzado hace dos años y que ahora los veía alcanzar lo que tanto les había costado conseguir. Los días del manifiesto en el que se jactaban de que nunca escribirían una canción de amor, no tendrían fan club e iban a vender 16 millones de copias para llenar Wembley y desaparecer como el mito más grande del rock & roll se habían extinguido hace tiempo y era el momento de avanzar hacia la inmortalidad. Mañana podría ser demasiado tarde.

Pablo Cerda

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