MACHINE HEAD

Revival Letal

Tras pasar un período negro que casi acaba con su existencia, la máquina de Rob Flynn logró acallar a todos los que no apostaban ni un centavo por ellos, doblarle la mano al destino y renacer de las cenizas con su placa más inspirada desde el imprescindible “Burn My Eyes”.

 

Corría el 9 de agosto de 1994 y el debut de la flamante adquisición de Roadrunner, Machine Head, salía a las calles inmerso en un entorno socio-musical más que alentador para el metal. En ese año, Pantera llegaba a lo más alto de las listas de popularidad con “Far Beyond Driven” y Slayer generaba una expectación inusitada con “Divine Intervention”, su primer disco en 4 años y que marcaba el debut de Paul Bostaph. Megadeth, en tanto, confirmaba con “Youthanasia” que los dos millones de copias conseguidos por “Countdown to Extinction” no fueron casualidad; también la actitud callejera de Biohazard llegaba a su peak con “State of the World Address” y Tommy Victor con Prong sonaba en todas partes con “Cleansing”.

 

Ese favorable contexto, sumado a la calidad fulgurante de “Burn My Eyes”, reviews que los dejaban en el cielo de cuanta publicación del género hubiese y el beneplácito público que predicaba el sacerdote Kerry King hacia esta nueva banda, subió los bonos del cuarteto de Oakland a niveles que ni ellos mismos soñaban. Una gira durante más de 5 meses con los mismísimos Slayer y apariciones en festivales claves como Donington y el Dynamo Open Air de Holanda, los pusieron como una de las marcas más prometedores del rock duro.

 

“Burn My Eyes” fue el debut más vendedor en la historia de Roadrunner al alcanzar ventas superiores a las 400 mil copias -luego su marca sería vencida por el homónimo de Coal Chamber y posteriormente el fenómeno Slipknot-. Hasta hoy, la placa no ha sido superada por sus creadores y es considerada un clásico del metal del último decenio del siglo pasado. El 5 de agosto de 2004, en conmemoración a los diez años del afamado disco, Machine Head realizó en Philadelphia un show especial, donde interpretó el set completo de su primer largaduración y en el orden original. El grupo posee un registro de aquella presentación, de la cual aún no ha habido un pronunciamiento oficial acerca de su destino.

 

Los tiempos cambiaron y a comienzos del 95, un frenético quinteto oriundo de Backersfield, que comenzó haciendo sus primeras armas abriendo a Megadeth en la gira de “Youthanasia”, para luego destaparse haciendo de soporte a Danzig, cambiaría por completo el panorama metalero imperante. Korn, tanto por estética, como por su desgarrador sonido de afinaciones bajas, fue el centro de atención y se transformaron en la meca del nuevo peregrinaje que efectuaría el metal de tinte más alternativo.

 

El primer eco masivo a esta revolución lo pondría a la palestra Sepultura, quienes en su mejor momento, en febrero del 96 azotaron la industria con “Roots”, el disco más polémico de toda su carrera y el más exitoso a la vez -más de medio millón de copias en Europa en las dos primeras semanas-. Lejos el detalle que más llamó la atención fue la inefable presencia sónica de Korn en ese álbum, referencia que el mismo Max Cavalera reconoce.

 

Un año más tarde, Machine Head mostraría con su segunda apuesta, “The More Things Change”, su forma de ver la transición que vivenciaba la escena de esos años. Ese cedé permitió su asistencia a la segunda edición del naciente Ozzfest y la validación de su status de exponente predominante del metal moderno, pero claramente esa muestra brillaba con una luz mucho más tenue que la de su antecesor.

 

EL INICIO DEL OCASO

 

El resultado de haberse desarrollado prácticamente entre dos generaciones distintas pesó en la identidad del cuarteto, sumado a los inevitables cambios en el line up que siempre acarrean una alteración, para bien o para mal. El primero y menos significativo fue previo a “The More Things Change”; el ex Sacred Reich, Dave McClain tomaba el lugar de Chris Kontos en la batería, pero la modificación que más atenazó los sentidos de los cabezas de máquina, fue el alejamiento de Logan Mader, a quien los excesos de drogas y alcohol esgrimidos en las giras del primer disco, crearon una paranoia que deterioró todo tipo de relaciones cercanas en su círculo íntimo.

 

“The Burning Red”, marcó la llegada de Ahrue Luster y fue producido por el doctor del Adidas rock, Ross Robinson. Roadrunner jugó todas sus piezas con una campaña de marketing excesiva, apoyada de una imagen que distaba mucho de un grupo de thrash o hardcore de San Francisco. El disco rojo generó gran controversia y sorprendió a toda la legión de fans de Machine Head, dividiéndolos en dos bandos irreconciliables; uno correspondía al de los “Die Hard” quienes aceptaban el álbum y apoyaban el cambio, mientras que el otro era el de los puristas y enemigos públicos de los pelos teñidos, uñas con rimel y lo que más les pesaba, las voces rapeadas.

 

Este último detalle fue, lejos, el factor que le costo más caro a la agrupación. Pese a ser una novedad para muchos, la inclusión de elementos hip hop en la música de Machine Head no era nada nuevo; ya en las giras de “Burn My Eyes”, en la mitad de ‘A Thousand Lies’, Flynn modificaba la versión original y la mezclaba con el hit de Wu- Tang Clan, ‘Protect Ya Neck’. La realización del glamoroso video para ‘From This Day’ sólo ayudó a alimentar las odiosidades.

 

El sello, aprovechando que el rap-rock estaba absolutamente en boga, creyó, fielmente, en el nuevo horizonte de sus protegidos y los puso a la cabeza de la primera edición del ahora clásico Road Rage Tour, junto a Fear Factory y unos entusiastas Chimaira e Ill Niño, que hacían sus primeras armas en la poderosa compañía. “The Burning Red” obtuvo respetables ventas, cuyo cómputo lo ponía por sobre “The More Things Change” en Norteamérica con cerca 150 mil copias. Los números corroboraban la vigencia, el problema era la merma en credibilidad.

 

CRÓNICA DE UNA CRISIS ANUNCIADA

 

Repitiendo la fórmula del red álbum, “Supercharger” se preveía como otro éxito comercial, pero ya el inicio fue con el pie izquierdo. Los trágicos hechos del 9/11, crearon una reticencia enfermiza hacia cualquier tópico que aludiera al terrorismo en los Estados Unidos. La falta de fortuna y los desaciertos comenzaban a presentarse en el trayecto de la banda, partiendo por la fatídica fecha de lanzamiento, unas pocas semanas después del atentado a las torres gemelas. El single escogido ‘Crashing Around You’, no levantó mucho el panorama y sólo multiplicó las críticas de sus opositores.

 

Como si esto no fuera poco, por las bajas ventas en su país, su compañía discográfica puso en duda la realización de un nuevo sencillo, mientras se encontraba totalmente encandilada con los sucesos de sus nuevos chicos mimados Slipknot y Nickelback. La repercusión de la gira nacional de “Supercharger” fue lastimosa y fueron acompañados de bandas de nu-metal de cuarta categoría como 3rd Strike y Primer 55.

 

A finales de ese año se grabó un show en la clásica sala de conciertos británica Brixton Academy, un grandilocuente concierto con un categórico sold out. La devoción religiosa por el cuarteto en Europa, levantó en cierta forma la alicaída autoestima que Flynn y compañía llevaban consigo entonces. La deteriorada relación entre el sello y Machine Head, dilató durante meses la salida de la placa en vivo… y a comienzos de 2002 los chicos de Oakland se desvincularon oficialmente de Roadrunner.

 

Ese fue el inicio del período más oscuro y adverso que la banda ha vivido en sus quince años de trayectoria. Una experiencia traumática que comenzó a desarrollarse con la salida en términos amigables de Ahrue Luster y que forjó las primeras líneas de un cuadro desolador.

 

“Cuando cerramos el contrato con la compañía discográfica de toda una vida, estábamos tranquilos porque durante meses antes de nuestra salida, varios sellos se nos habían acercado ofreciéndonos trabajar con ellos; extrañamente cuando comenzamos a tocar puertas, la mayoría nos exigió escuchar nuestro nuevo material primero y hacer al menos un single radial, lo que nos dejó helados por completo”, declaró un sincero Flynn, en el completo documental que incluye el DVD “Elegies”, que cuenta toda esa cruda etapa que casi acaba con el grupo.

 

El futuro era completamente incierto y el período de composición en su parte primaria se efectuaba como un power trío. Para ventilar la cabeza, se agendaron 8 fechas en Europa, una de ellas como cabeza de cartel en el With Full Force Festival de Alemania. Para suplir el puesto vacante se recurrió a un viejo conocido, Phil Demmel, quien se conocía con Flynn desde que éste tocaba en Forbidden (cuando se llamaban Forbidden Evil) y luego ambos integrarían una dupla de temer en Violence y que quedaría atestiguada para siempre en la historia del metal, en tesoros como “Eternal Nightmare” y “Opressing the Masses”.

 

El escueto periplo fue todo un éxito y había que volver a la triste realidad en Norteamérica, para sepultar todo el ánimo nuevamente, con el show realizado en la Bay Area más desolador en toda la historia de Machine Head, para sólo 150 personas. Demmel agradeció la oportunidad, se dedicó a sus asuntos personales y nuevamente se volvía al trío. El año culminaba y las cosas no mejoraban, la situación económica no era la mejor y en un acto desesperado, grabaron 4 canciones, una de ellas, ‘Pins and Needless’, un tema de línea melódica para las radios.

 

La cinta fue rechazada por una decena de casas discográficas y dejando su honor en el olvido hicieron un “Electronic Press Kit”, un tipo de video promocional con la banda hablando de sus cualidades y méritos para ser fichada. Paralelamente, Drowing Pool contactaba a Rob Flynn para que se enlistara como vocalista. El fin parecía acercarse.

 

LLEGA LA LUZ

 

A comienzos de 2003, una llamada de Phil Demmel, quien manifestaba su anhelo por volver a Machine Head, irrumpió caída del cielo. Su sorpresiva llegada le dio nuevos aires a tres personas completamente desgastadas y se entró de lleno a componer el nuevo repertorio, sin la más mínima señal de algún sello interesado en ficharlos. Pero la calidad y potencia de las canciones era tal, que el renovado cuarteto retomó la fe en su música y planeó grabar el disco sin importar donde fuera editado.

 

Justo en esos días, una llamada telefónica proveniente de las oficinas europeas de Roadrunner, sorprendía a todos. La veneración por el grupo en Europa y el rotundo éxito de sus ultimas performance por esos lares, fueron una razón más que suficiente para re-ficharlos en la casa que los acogió de un principio. Norteamérica quedaba fuera de este trato.

 

Con gran incertidumbre, en octubre de 2003, fue editado “Through the Ashes of the Empires” en Europa, Asia y Oceanía, a excepción de América. La placa, para sorpresa de todos, tuvo una repercusión bombástica; en el Viejo Continente las entradas para sus shows se agotaron en horas y el disco se transformó en el segundo más vendedor de la filial de la empresa en ese año.

 

El controvertido presidente de Roadrunner, Monte Conner, con el rabo completamente entre las piernas y asumiendo su error, contactó a sus ex empleados para volver a contratarlos -una operación inédita para la historia del sello-. Con una nula expectativa, considerando que el disco tenía 6 meses de editado en el exterior y que no se hacía una gira en dos años por los States, la placa salió a las calles en abril de 2004. Flyn ilustra: “Si vendíamos 5 mil copias ya era para celebrar, pero cuando nos informan que superamos los 11 mil ejemplares en la primera semana, nosotros y los ejecutivos quedamos estupefactos”.

 

El renacimiento de Machine Head ya era oficial y 3 exitosos tours por Estados Unidos como cabeza de cartel levantaron la imagen de la agrupación en su tierra natal. En Europa, el status se mantenía con clase en festivales como Rock am Ring y Wacken. Así, para cerrar 2004, nuevamente se escogía la Brixton Academy, esta vez para inmortalizar el primer DVD en vivo del cuarteto; un broche de oro más que merecido.

 

LA ANHELADA ESTABILIDAD

 

Tras recobrar el sitial que habían perdido durante un tiempo prolongado, las aguas en el mar de los cabezas de máquina parecen estar más calmas que nunca. Tomándose todo el tiempo necesario para llegar de la mejor forma a los Sharkbite Studios en Oakland bajo la mirada en las teclas de Mark Keaton y la mezcla a cargo de su amigo y colaborador de siempre, Colin Richardson, “The Blackening” comienza a tomar forma.

 

La dupleta de los años dorados del thrash, se veía más compenetrada que nunca y gozando de una autonomía artística que distaba mucho del infierno vivido años atrás. De hecho, el confirmar un tema de más de 10 minutos como ‘Clenching the Fists of Dissent’ para abrir el disco, no hubiera pasado por la mente de nadie a comienzos de 2003 y habla de la fe imperecedera que hay, tanto de sus músicos como de sus apoderados en la actualidad.

 

El primer adelanto oficial para “The Blackening” correspondió a ‘Aesthetics of Hate’, un corte inspirado en el controvertido artículo realizado días después de la muerte de Dimebag Darrell, por William Grim, colaborador del conservador sitio Iconoclast. En el escrito se hace un ataque gratuito al fallecido músico, al que se califica como una influencia deplorable para la juventud, que promueve la violencia y, además, se nombra a la comunidad metalera como una tribu de aborígenes desaseados.

 

Para ir tanteando el camino, Machine Head realizó una serie de conciertos unas semanas antes del lanzamiento mundial (27 de marzo) por los Estados Unidos, abriendo para Lamb of God y Trivium -los franceses Gojira también formaron parte de la travesía-. Una posición que fue sumamente cuestionada por periodistas y fans, quienes apelaron a que la banda no merecía abrir los shows de agrupaciones con la mitad de trayectoria que ellos. Los principales afectados fueron Trivium, quienes sufrieron más de algún percance de parte del público de los de Oakland, que no ven con buenos ojos ni compran la postura de nuevos Metallica versión Hot Topics, de la sensación “Teen” del nuevo metal de Florida.

 

En Machine Head todo es seguridad y ganas para romperla este 2007. La calidad que derrocha “The Blackening”, si no los catapulta hacia una subida de escalafón, al menos los mantendrá por unos buenos años en la cúspide del género. Para el pesar de todos los que añoraban o pronosticaban su hundimiento, he aquí un bozal más que categórico.

 

Francisco Reinoso Baltar

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