La conciencia de Kurt Cobain

Siempre aborreció el culto al macho alfa en el rock

Si se hubiese quedado en este mundo, en vez de volarse los sesos el 5 de abril de 1994, Kurt Cobain estaría complacido de ver lo que ocurrió el pasado 8 de marzo en países como Argentina, España o Chile, donde el Día de la Mujer convocó marchas feministas de proporciones épicas. Cuando Cobain se ponía vestido, algo que ocurrió más de una vez, aunque la más recordada de seguro es en el video de 'In Bloom', lo hacía como una forma de cuestionar los roles de género, un asunto presente en su escritura. Ejemplos sobran. En 'Territorial Pissings' canta que "nunca conocí a un hombre sabio / y si así lo fuera, sería mujer", así como una de las lecturas de 'Sappy' (cuya letra posee múltiples significados, como mucho de lo que firmó) habla sobre la dominación masculina.

Kurt Cobain siempre aborreció el culto al macho alfa, predominante en el rock (y posiblemente un factor decisivo en su alejamiento de las nuevas generaciones) a niveles que le crispaban los nervios. Antes de Nirvana, en el célebre demo de Fecal Matter, la banda que tuvo con el batero Dale Crover de los Melvins entre 1985 y 1986, ya mostraba su animadversión a los cabeza hueca de su generación por su sexismo y homofobia en 'Class of '86', un tema que se burlaba de los zorrones de las escuelas gringas. Una vez dentro del establishment, Cobain siguió, de cierta forma, odiando a los populares de la clase. Fue bastante publicitada su rivalidad con Axl Rose, al que acusó de racista y homófobo basándose en una polémica letra de los Guns N' Roses, la de 'One in a Million', que no se refiere en términos amigables a homosexuales, afroamericanos e inmigrantes. Rose lo exasperaba al punto de que prefirió despreciar millones de dólares negándose a girar con los Guns.

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En el antebrazo de Cobain había un tatuaje, la K de K Records, un histórico sello independiente de Washington que fue vital en implantar la noción del punk como algo abierto a todo tipo de gente y sin uniforme, es decir, sin mohicano ni alfileres ni chaqueta de cuero necesariamente. Consultado por su tatuaje, más de alguna vez Cobain afirmó que se trataba de un recordatorio de su juventud. En efecto, muchas de sus arraigadas convicciones emanan de K Records y sus principios, entre ellos, la igualdad entre los sexos. La cofundadora de K, Candice Petersen, le implantó su conciencia feminista al sello, lo que se traducía en un promedio de mujeres por banda superior a la media y en eventos como la Girl Night de 1991, donde presentaron más de una decena de bandas encabezas o integradas únicamente por mujeres. A eso adscribía Cobain.

El 92, le dijo a la revista Spin: "Me gustaría deshacerme de los homófobos, sexistas y racistas en nuestra audiencia". Un mensaje similar se lee entre las notas que redactó para la carátula de "Incesticide". El mismo año, Nirvana tocó en contra de una enmienda a la constitución estatal de Oregon que buscaba castigar y discriminar la homosexualidad. "La medida va en contra de la tradición del respeto mutuo y la libertad. Nirvana quiere aportar al fin de la intolerancia y la estrechez mental", comunicó la banda en una declaración enviada a los medios antes del show, en el que, por cierto, también estaban Calamity Jane, una banda punk formada por mujeres a la que Cobain invitó de gira. Las admiraba tanto, que se frustraba cuando la audiencia de Nirvana no las recibía bien, como sucedió en el estadio de Vélez, donde las pifias de los argentinos hicieron que Cobain castigara al público con un show inolvidable por su desgano e irritación.

Tal como apunta Angela Y. Davis, la autora de "Blues Legacies and Black Feminism", no es conveniente proyectar una conciencia feminista, tal como la entendemos hoy en día, en ningún artista del pasado, pero tampoco es descabellado imaginar lo mucho que un Kurt Cobain vivo en el 2019 disfrutaría viendo cómo su bando se acerca a la victoria.

Andrés Panes

Presentacion

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