La clase del 96

Discos transgresores que llegan a las dos décadas
La clase del 96

Este año, varios álbumes transgresores en distintos ángulos superan la barrera de las dos décadas. Fuera del apego nostálgico, la lista valida muchas propuestas certeras a la hora de leer los cambios que el rock buscaba entrando al fin del siglo XX.

Metallica - "Load"

La obsesión de Lars Ulrich por mantener a Metallica vigente y arriba de los charts en plena hegemonía de nombres como Oasis y Pearl Jam en el show business rockero, derivó en un elepé totalmente divisor dentro de la fanaticada incondicional del grupo. La portada, una representación abstracta del artista neoyorquino Andrés Serrano y el radical cambio de imagen adoptado por el cuarteto en las fotos promocionales del álbum, sumaron un complemento decidor: la distancia hacia los riffs pendencieros propios de su imbatible recorrido ochentero y la opción de incluir, por primera vez, señas patentadas en el country o el blues. James Hetfield aceptó a regañadientes la jugada y luego la definiría como “una versión U2 de Metallica”. Ahora, pocos podrían negar el culto que “Load” ha ganado con el paso del tiempo.

Tool - "Ænima"

Pocos nombres en el rock han capitalizado la desmesurada expectativa del medio al nivel de Tool. “Undertow” (1993) había golpeado a 2 generaciones de fanáticos: el escucha ortodoxo, eterno enamorado del arrogante rock progresivo de estadios construido en los 70, y la audiencia noventera ávida de performances intensas con fuerte contenido visual y mirada apocalíptica. David Bottrill, reconocido colaborador de King Crimson, equilibra a la perfección el ímpetu de una formación obsesionada por la edificación de contrastes al servicio del más exigente art rock. Calma y tensión distribuidos, con precisión quirúrgica, en extensos desarrollos instrumentales, todo ecualizado en un finísimo sentido narrativo; el hipnótico viaje de “Ænima” disparó la popularidad del grupo a puntos intimidantes.

Sepultura - "Roots"

Tras haber golpeado la mesa con “Chaos A.D”, Sepultura alistaba su verdadero plan maestro: un disco en el que lograran reivindicar la cultura afrobrasileña e integrarla al mundo del metal. Se asociaron con Ross Robinson, el productor del momento, conocido en todo el mundo por el desgarrador sonido presentado en el debut de Korn, además de acceder a la asesoría de su compatriota Carlinhos Brown, carismático músico todoterreno y experto en percusiones; el grupo emprendió rumbo a la Amazonia para reunirse con la Tribu Xavante e impregnarse del espíritu necesario. La esencia tribal de “Roots” amplificó las energéticas performances del cuarteto y, en solo meses, alcanzarían el peak de su revolucionaria carrera. Después vendrían los desencuentros y una triste caída libre.

Beck - "Odelay"

Fiel a su esencia agitadora, Beck Hansen vio en este trabajo una excelente oportunidad para desmarcarse del festín de baja fidelidad e ironía escrita en “Mellow Gold”, y, sobretodo, la excesiva visibilidad brindada por ‘Loser’. Los Dust Brothers cuadraron la jugada al punto de rechazar cualquier sonoridad en boga y remecer toda señal de continuidad. “Odelay” juega con las virtudes del jazz, el hip hop y algo de espíritu punk. Cada punto de este disco aporta elegancia y gracia. El mix funciona para distintos alcances: la mirada pop de ‘Devil´s Haircut’ o incluso un arrebato electro funk tan puro como ‘Where It's At’. Tiempo después de tamaño acierto, las mudanzas estilísticas serían marca de la casa.

Pearl Jam - "No Code"

En pleno declive de la escena rockera de Seattle, hastiados de la industria musical y con varias pugnas en el círculo interno, Pearl Jam afronta uno de los momentos más complicados de su carrera a través de un repertorio revitalizador. Melancolía, introspección y una lejanía a las canciones de vocación radial componen el aura de un disco variado y necesario; en este atrevido ejercicio que encuentra a la banda en pleno cambio de folio hay espacio para emotivos interludios (‘Off He Goes’), garage rock, hasta psicodelia; pese a que no estaba dentro de los pronósticos del quinteto, la fanaticada volvió a responder, llevando a “No Code” hacia el número 1 en su primera semana del Billboard. Sin tramárselo, Eddie Vedder y sus compañeros seguían dando lecciones.

Rage Against The Machine - "Evil Empire"

Alimentados por el descalabro ideológico del gobierno liderado por George H. W. Bush y un incansable explorador de la guitarra (Tom Morello), Rage Against The Machine toma por asalto una escena todavía marcada por su apabullante debut. No hay innovaciones sustanciales, sí una concientización hacia causas abiertamente antimperialistas (zapatismo) y la masificación total de su rock frontal y combativo; Zack de La Rocha tuvo en ‘Bulls On Parade’ un himno redondo en rítmica y mensaje, perfecto para proyectarlo a grandes audiencias. El imperio del mal recibía un puñetazo directo al mentón y el histriónico diálogo de los angelinos sintonizaba con millones de personas.

Korn - "Life Is Peachy"

Su debut homónimo fue una total revolución estilística y determinante dentro del metal de mitad de década y “Life Is Peachy” reforzó la propuesta: ritmos sincopados por la ética del hip hop, afinaciones bajas extendidas en gritos y textos desgarradores hechos para hipnotizar a los fanáticos de Helmet, Faith No More, Rage Against The Machine y Pantera. Mantuvieron al productor Ross Robinson y sus conciertos de alta tensión liquidaron hasta las visiones más escépticas. El pueblo rockero de Estados Unidos y las principales plazas planetarias presenciaban la aparición de un circuito armado para gestar el siguiente boom de temporada.

R.E.M - "New Adventures in Hi-Fi"

El último álbum con el baterista original Bill Berry marcó fuertes vientos de cambio en el grupo y sirvió como una acertada transición para la posterior edición de un trabajo con un enfoque más electrónico y variado (“Up”). A medio camino entre la heterodoxia rockera de “Monster” y la sensibilidad de “Automatic for the People”, R.E.M. comienza a firmar las bases de una era en la que hay cabida para lúgubres medios tiempos (‘How the West Was Won’) y la interacción en estudio con algunas de las más finas influencias de Michael Stipe (Patti Smith). Los mundos seguían en sintonía.

Marilyn Manson - "Antichrist Superstar"

Motivado por la gran respuesta hacia su crudo elepé debut, Marilyn Manson devoró los residuos de la cultura de masas norteamericana y el metal industrial para firmar su máxima cumbre creativa. “Antichrist Superstar” consagró la propuesta y figura del “reverendo” a puntos glamorosos y controvertidos. El peso de la asesoría de Trent Reznor llevaría a este álbum a terrenos y cuadros de identidad insospechadas: una versión actualizada y perversa del shock rock patentado por Alice Cooper décadas atrás, más el discurso ideológico idóneo para mantenerse en boca de todos por varias temporadas.

Weezer - "Pinkerton"

Solo un par de meses tardó Rivers Cuomo en deshacer la atractiva y amigable factoría melódica escrita en el “Blue Album”, un perfecto ramillete de power pop listo para protagonizar las listas de ventas; su sucesor, “Pinkerton”, es un mundo completamente opuesto y se construye a partir de una turbia sonoridad, ajena a los estribillos de gancho radial. Había amargura, rechazo, una severa crisis existencial y los números no acompañaron; 5 años después, la banda superaría esa estrepitosa caída comercial con el luminoso “Green Album”. Ahora, la fanaticada más dura de Weezer ama sin contemplaciones este elepé y no incluirlo en este listado hubiese sido un pecado capital.

 

Francisco Reinoso

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