John Cale: 70 años reinventando el sonido

John Cale: 70 años reinventando el sonido

¿Existe en la historia del rock subterráneo una personalidad más inquieta que la del ex Velvet Underground? ¿Hay algún músico que haya colaborado con artistas tan disímiles como The Stooges, Terry Riley, Brian Eno y Patti Smith? ¿Podemos encontrar a un artista que haya mezclado avant-garde, rock and roll y, al mismo tiempo, ser un claro antecedente del punk y la cultura alternativa?

No hay otro más que John Cale; un músico obstinado, que nunca ha tranzado su independencia y que ha viajado por múltiples caminos estilísticos, en cinco décadas de creación. A sus 70 años, el violista galés parece no tener ganas de descansar y dormirse en los laureles. Al contrario, acaba de lanzar su disco “Shifty Adventures in Nookie Wood”, sumando en una carrera que, no sólo es abultada como solista, sino que también, como productor, experimentador y colaborador de importantes músicos contemporáneos.

Nadie podría haber imaginado que un niño nacido en una tradicional familia galesa en 1942, se convertiría en uno de los músicos más influyentes y aventurados de la cultura rock. Artistas tan importantes como Sonic Youth, Laurie Anderson, Can, Nick Cave y gran parte del rock alternativo y experimental, le deben una inmensidad, no sólo a su música e ideas artísticas, sino que también, a su actitud, ética y a manera de enfrentar la música desde un prisma que, sólo puede entenderse, recorriendo la historia que forjó su manera de afrontar el arte musical.

En su obra, coexiste una constante tensión y complementación, entre el avant-garde de raíz docta y la música popular que, impactado por The Beatles, comenzó a concebir en The Velvet Underground y que ha desarrollado en estos largos años de labor creativa solista. Incluso, a modo de rareza, Cale participó en numerosos instrumentos en el disco “Bryter Layter” (1970) de un ángel caído de la música folk británica, como lo es Nick Drake.

Parte de la esencia del rock and roll de avanzada y productor decisivo para el desarrollo del proto-punk, Cale es un eslabón, sin el cual no podría entenderse el advenimiento del punk y toda la revolución que, hasta el día de hoy, causa en la música rock. El ex Velvet Underground comenzó su formación musical ejecutando la viola y aprendiendo de los más importantes músicos contemporáneos; de la misma fuente de la evolución de la música en el siglo XX. Entre ellos, John Cage, La Monte Young y el minimalista, Terry Riley. Sin embargo, tras su turbulento paso por The Velvet Underground, se concentró en discos con canciones de formato canción, lanzando discos de un pop sofisticado y formal, como “Vintage Violence”, “Paris 1919”, “Fear”, “Slow Dazzle” y “Helen Of Troy”, todos clásicos del rock de la década 70.

Sin embargo, la personalidad iconoclasta de Cale, nunca logró insertarse en el mainstream. Una obra demasiado extraña para el éxito comercial, en un constante ir y venir entre lo medianamente accesible y lo experimental que, de todas formas, lo situó en un extraño estadio, a medio camino entre un músico de culto y un innovador dentro de algunas de las ramas del amplio universo que llamamos rock. Esto último, sin contar con su crucial aporte en los importantísimos dos primeros discos de The Velvet Underground y su labor como productor de artistas del proto-punk, el punk y el new wave, como The Stooges, Nico, Patti Smith, The Modern Lovers, Squeeze y Ramones.

“Shifty Adventures in Nookie Wood”, sin contar con colaboraciones y participaciones en otros proyectos, es el disco número 15 de la obra solista del multi-instrumentista. Fue lanzado en octubre por el sello Double Six e, incluso, en uno de sus temas, colabora el reconocido productor estadounidense, Danger Mouse. Además, es parte de un período creativo bastante prolífico de Cale en la última década, que se puede apreciar, en álbumes como “HoboSapiens”, “Black Acetate”, el epé “Extra Playful” y el crudo trabajo en vivo doble, “Circus Live”. Por otra parte, el violista sorprende con su acercamiento a algunas tecnologías ocupadas por músicos del hip-hop, demostrando que, a los 70 años, su apertura mental y las ganas de encontrar nuevas formas de creación, siguen intactas.

Cale comenta sobre, “Nookie Wood”: “Las canciones fueron escritas en el estudio en un dispositivo electrónico llamado MPC –Music Production Center-, en lugar de en una guitarra o piano. Con aquello, pude generar el tono, el estado de ánimo y el Groove, que buscaba para las canciones. Después de ese proceso, adherí algunos instrumentos tradicionales, como sintetizadores, guitarra y bajo. Pero en realidad, cuido de no exagerar con los arreglos y trato de mantener dos o tres elementos esenciales, para no bloquear el aspecto melódico de las canciones. Por otra parte, el MPC es ocupado a menudo por los artistas del hip-hop y me encanta como ellos manejan los ritmos, siempre tardíos y sensuales. Así que intento ocuparlo tan a menudo como me sea posible, ya que es una tecnología útil que crea una gran sensación”.

Por otra parte, Cale se muestra a sí mismo, más como un diseñador sonoro que como un compositor tradicional, pese a que los temas del nuevo disco son, claramente, canciones en el más estricto sentido de la palabra. A su vez, las referencias de la nueva entrega, no vienen sólo de aspectos netamente musicales, sino que también, de la influencia y pasión que el cine de ciencia ficción, le ha generado a lo largo de su vida. Según Cale, “Cuando estás buscando diseñar un sonido, lo haces pensando siempre en cómo funcionará en una u otra canción. Después de terminar de componer el nuevo álbum, lo que más me llamó la atención, fue que había robado, medio consciente e inconscientemente, sonidos de la primera película de Ridley Scott, ‘Blade Runner’. La cinta está llena de diseños de sonido, de lenguas foráneas y ruidos de autos espaciales. Algo de eso, quise reproducir en el disco. Justamente, con ‘Nookie Wood’ me refiero a una especie de lugar oscuro, como la que se puede apreciar en ‘Blade Runner’””. 

A lo largo de sus 50 años de carrera, Cale también ha sido partícipe y testigo privilegiado, del largo desarrollo que ha tenido la tecnología al servicio de la música. Si junto a los pioneros de la música clásica, comenzó utilizando los primeros dispositivos para crear sonido por medio de la electricidad, en la actualidad, sigue atento a los nuevos elementos que le entrega la evolución de la electrónica. En todo caso, Cale tiene muy claro, cuáles son los límites y el papel exacto que le cabe en el arte el avance tecnológico.

“Bueno –aclara Cale- la tecnología avanza día a día y hay que saber romper las reglas, de la misma manera que Andy Warhol lo hizo, al proyectar sus películas sobre la gente. Así que más allá de que sea mejor o peor la tecnología de hoy o de antaño, lo importante es saber cómo ocuparla pensando en el arte. Existe una gran cantidad de softwares que puedo usar para crear sonidos extraños. Pero en este disco, muchas cosas partieron de beats, porque la mayoría de las canciones, no fueron escritas en piano o guitarra, sino que en una máquina de ritmos. Jamás voy a perder el alma con equipos tecnológicos o computadores, porque los sonidos o la música que estoy creando, justamente, vienen de mi interior. No puedo hacer otra cosa, la música es todo lo que tengo y lo mejor que puede hacer es mejorar en ella”.

Otro elemento interesante del nuevo disco, es que Cale regresó a ocupar la viola, como lo hacía en los mejores momentos en The Velvet Underground o en sus trabajos de exploración sonora. El sonido del instrumento de cuerdas es, sin duda, una de las características claves de la identidad musical del artista. “Para este álbum –continúa Cale- decidí volver a ocupar la viola. Aunque ahora la tecnología te permite crear o usar una gran cantidad de sonidos, como el ruido del tráfico o lo que sea, la viola puede hacer muchas cosas en ese sentido, ya que es una especie de tapiz detrás de la canción. Lo interesante es que la escuchas sin siquiera darte cuenta que está ahí. De hecho, la viola es una especie de hacedor de drones pero en formato acústico. La afinación y la manera de tocarla, te da un amplio rango de posibilidades que, por supuesto, ocupé en The Velvet Underground y lo sigo haciendo hasta el día de hoy”.

Pues bien, aunque claramente, no estamos frente al mejor disco que haya editado Cale en su extensa trayectoria, incuestionablemente, “Shifty Adventures in Nookie Wood”, es un ejemplo de las ganas imperiosas que tiene de seguir haciendo buenas canciones y continuar en el ruedo, como lo demuestran cristalinamente sus declaraciones: “Cuando se mira una piedra preciosa, siempre intentamos averiguar de qué se trata aquello que nos atrae. Pienso que eso se puede trasladar a la música, ya que cada canción tiene un atractivo distinto. Para mí es el ritmo, pero para otra persona, pueden ser las texturas y cómo ellas van evolucionando. En general, las canciones de ‘Nookie Wood’, son un viaje hacia distintos lugares sonoros, ya que al escribir música, no lo hago pensando en uno u otro instrumento, sino que exclusivamente en el sonido que quiero entregarle a tal o cual pieza”.

Los inicios en la cuna del experimentalismo docto

El joven John Cale llegó a Nueva York en 1963 y conoció a los músicos que estaban revolucionando la música contemporánea desde dentro de la misma academia. Compositores y buscadores musicales como John Cage, La Monte Young y Terry Riley, con quienes Cale trabajó, son esenciales tanto en la evolución del arte musical docto como dentro de la música popular, que tomó aquellas ideas y las hizo suyas. De hecho, su primera experiencia artística en Estados Unidos, fue su participación, bajo el alero de Cage, en las 18 horas continuadas que dura la obra para piano de Erik Satie,  “Vexations”. No está demás decir que John Cage –del que este año se celebra el centenario de su natalicio- fue un compositor de academia que removió la música, como su admirado Marcel Duchamp lo hizo con el arte visual. Descontextualizando y desacralizando las reglas establecidas del arte, Cage fue una influencia primigenia pero perenne para la obra de John Cale.

Cale comenta: “Hace poco estuve en Londres y estaban interpretando la controvertida obra de John Cage, “4’33” en la BBC. Tienen un viejo sistema en la cadena que si se produce un silencio por más de 45 segundos, inmediatamente, colocan viejos discursos políticos o música clásica. No les quedó otra que desconectar el sistema para poder performar la pieza. Su repertorio era insolente. Sus obras destruyeron las salas de concierto y, de pasada, la ética de la música docta europea desde adentro. Según Cage, el asunto no era para volverse loco o hacer un escándalo, porque en una sala de concierto, la gente siempre tose o se puede escuchar un metro que pase por debajo del edificio. Así que, de este modo, terminó con la santidad de una sala de conciertos, ya que lo consideraba una quimera. Eso fue muy importante porque llevó la música clásica al mundo exterior”.

Posteriormente, Cale se integró en el grupo The Theatre of Eternal Music, más tarde conocido como The Dream Syndicate. Allí conoció y trabajó con otros importantes músicos de la vanguardia. Entre ellos, sin duda el más relevante, fue el rupturista autor norteamericano, La Monte Young. Cale recuerda esos años con detalle: “A mediados de los 60, Cage le había pasado la batuta de la música avant-garde a La Monte Young. Él consideraba el drone como el instrumento de la civilización actual. El zumbido de 60 ciclos que está en las casas producto de la electricidad, eran para La Monte, el zumbido de la civilización occidental. Todos estamos en sintonía con esos tonos y él, tomando ideas de la música oriental, trataba de medir el tiempo en términos de sonido. Todo era muy abstracto. Ensayamos todos los días durante un año y medio y desarrollamos un nuevo sistema de entonación. Después de pasar largo tiempo haciendo aquello, me encontré caminando en las calles de Nueva York, escuchando a los Beatles con gran entusiasmo. En ese momento cambió todo para mí y entré al mundo de la música popular, sin perder el bagaje que había obtenido con estos grandes músicos. De hecho, siempre tratábamos de salir del ensayo con La Monte apurados, porque a las siete en punto, daban un especial con la música de The Beatles en la radio”.

Los locos años en The Velvet Underground

Fue así como Cale, comenzó a alejarse de sus raíces netamente vanguardistas, para acercarse al mundo de la música popular, pero nunca dejando de lado, el bagaje que había adquirido trabajando con estos grandes maestros. No obstante, las discrepancias con la rigidez de academia, ya se hacían sentir desde sus primeros pasos en la música, cuando era un muy joven alumno de música en Gran Bretaña. Cale rememora: “Estudiaba en el departamento de música de la Universidad de Londres y me dijeron que el punto central de su programa, era enseñar a la gente a escribir música al estilo de autores como Giovanni Pierluigi da Palestrina o Sebastian Bach. Creo que hacer aquello es un logro complejo, pero no existe ni un desarrollo ni para el individuo, ni para la música ni la humanidad. Creo que es mejor entregarle el coraje a la gente, para que aprenda a expresarse a sí misma y encuentre su propio camino. Aún no entiendo cuál es el punto de tener una licenciatura en música, en la que se aprende a escribir una fuga. Al final, al menos para mí, todo aquello se convirtió en una prisión”.

Claramente su llegada a Nueva York y el encuentro con Lou Reed en el lugar y momento perfecto, fue para Cale la oportunidad precisa, para escapar de la “cárcel academicista” y entrar de lleno a la cultura popular, nada más ni nada menos, que con el gestor de todo aquello: Andy Warhol. Aunque es indiscutible que la fuerza creativa más potente dentro de The Velvet Underground era Reed, los aportes de Cale en los dos discos que participó, son fundamentales. Él es el dueño de los aspectos sónicos de la banda. Si Reed fue el canta-autor que reflejaba una sociedad urbana decadente llena de proxenetas y traficantes, Cale fue quien le dio toda la espesura sonora que, obviamente, había aprendido en sus largos años con los compositores clásicos. El violista es el responsable de los elementos experimentales de “The Velvet Underground And Nico” de 1967 y “White Light/White Heat” del año siguiente. Los ejemplos son numerosos, pero los drones de viola en clásicos como “Venus In Furs”, “Heroin” y “Black Angel's Death Song”, no estarían ni cerca de ser lo que son, sin los aportes de Cale. Para qué hablar del órgano implacable de otro tema avanzado años a su tiempo, como lo es el extenso “Sister Ray”.

Cale recuerda aquellos locos años: “En The Velvet Underground, todos éramos capaces de improvisar y además, Lou Reed tenía un talento gigante para crear las letras y una gran intuición para crear música y líricas. Cualquier cosa que pasara en una mañana, éramos capaces de convertirlo en una canción. Lo malo fue que tuvimos mucha publicidad y, simplemente, no estábamos preparados para aquello. Creo que nos perdimos como personas, aunque nunca abandonamos nuestros principios con respecto a lo que buscábamos hacer musicalmente. De hecho, Andy (Warhol) siempre estuvo al lado nuestro apoyándonos y era otro más dentro de la banda”. Finalmente, Cale remata: “Nunca entendí muy bien la idea de influencia, pero creo que los Velvets tocaron un nervio y avanzaron en áreas inexploradas en el contexto de la música popular”.

Tras su salida de The Velvet Underground, a principios de los 70, Cale comenzó a editar sus discos como solista que, con altos y bajos, dejó importantes documentos para la historia del rock. Entre ellos, los mencionados  “Vintage Violence”, “Slow Dazzle” y “Helen Of Troy”, que lo mostraron como un canta-autor, en el estricto sentido del término. Además, trabajó con Brian Eno, Nick Drake y con el ex miembro de Soft Machine, Kevin Ayers.  En 1974, Cale dejó de editar discos año a año y se unió a Island Records, para producir discos de artistas del punk y post punk como Squeeze, Patti Smith y Sham 69, entre otros.

Sin embargo, su labor de ingeniero venía desde antes, cuando en 1969 marcó un hito al trabajar en el primero disco de los impetuosos The Stooges, no sólo como productor, sino que también, como intérprete de varios instrumentos. Cale comenta: “Cuando veía los shows de The Stooges, con toda esa energía desbordante de Iggy Pop, me preguntaba, ‘¿cómo diablos haré para reproducir esto en el estudio?’. Era complicado, porque si hacía que el registro fuese muy pulcro, perdería gran parte de su crudeza, que era parte de la esencia de la banda. Así que debí concentrarme en buscar un equilibrio entre que fuera un registro de calidad pero que, al mismo tiempo, no perdiera su esencia revolucionaria”.

Colaboraciones Esenciales

John Cale: Inside the Dream Syndicate Volume 3, Stainless Gamelan – 2002 (1967).

Entre 2000 y 2002, el sello independiente Table Of Elements, editó una serie de discos, que rescataron los experimentos que en la década 60, Cale hizo con personajes significativos de la música contemporánea. Entre ellos, Tony Conrad, Terry Jennings y Angus MacLise. Los registros son un verdadero documento histórico, que muestran las extravagantes performances de The Theatre of Eternal Music, más tarde, conocidos como The Dream Syndicate. La serie rescata grabaciones de 1965 y 1967 y cuando se grabó este registro específico, Cale paralelamente era parte de The Velvet Underground. 

Johh Cale & Terry Riley - Church of Anthrax – 1971.

Las relaciones de John Cale con los más osados músicos provenientes de la academia, lo hizo trabajar con insignes exponentes del minimalismo y la composición moderna. Entre ellos, gigantes como John Cage y La Monte Young. Pero tal vez la colaboración más estrecha fue la que tuvo con el compositor estadounidense, Terry Riley. En “Church Of Anthrax” es apasionante como se complementan ambas personalidades, en un trabajo que combina rock estrambótico, psicodelia, experimentación con drones y jazz heterodoxo. De hecho, el tema “The Soul Of Patrick Lee”, podría haber sido fácilmente una de las canciones de “The Velvet Underground And Nico”.

Kevin Ayers, John Cale, Brian Eno and Nico - June 1, 1974

Una verdadera rareza de la historia del rock. Un crudo disco en vivo, con cinco personalidades –Mike Oldfield estaba en la guitarra- muy potentes y marcadas, aportando cada uno, con canciones de su propia discografía solista. Aunque el registro carece de un sonido cristalino, eso es justamente lo que se agradece: Los talentos desnudos de cuatro de músicos renovadores y que estaban en el peak de su actividad creativa.

Lou Reed & John Cale - Songs For Drella – 1990.

La inesperada muerte de Andy Warhol en 1987, fue un suceso que impactó a los ex Velvet Underground, Lou Reed y John Cale. Dejando de lados sus rencillas de antaño y superando sus potentes egos, ambos músicos se unieron para hacer un homenaje a su mentor de los excéntricos años 60. El resultado es un disco intenso, con aportes igualitarios de ambos músicos, que, a través de las canciones, van narrando sus experiencias con el influyente fundador del art-pop. Indispensable.

Brian Eno & John Cale - Wrong Way Up – 1990.

Interesante trabajo pop con gemas como "Been There, Done That", "Spinning Away" y "Footsteps". La antigua amistad entre dos personajes icónicos del rock más aventurado de todos los tiempos, al fin unían fuerzas para un disco en colaboración, que mostró a ambos experimentadores, también como talentosos canta-autores, en el sentido más tradicional de la categoría. 

Héctor Aravena A.-

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